Catalina Gramajo, primera desde la derecha, junto a algunos de sus compañeros

La Ciudad

La tarea de Catalina Gramajo en Buenos Aires

Voluntarios en un hotel para infectados con Covid-19

12|07|20 09:16 hs.


Catalina Gramajo es tresarroyense, en 2015 se recibió de licenciada en Administración en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y reside en la mencionada ciudad hace una década. “Me vine a estudiar en 2010”, señala en un diálogo con La Voz del Pueblo. Es hija de Floreal Gramajo y de Mónica Cerri. 

Su primera etapa laboral tuvo lugar en una empresa y en el comienzo de 2019, ingresó en el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, en el área de Infraestructura Escolar. “Desde hace más de un año que estoy trabajando en la gestión pública”, puntualiza. 

Cuando se presenta el desafío por la pandemia, estaba en plena tarea en Educación. En este contexto, “surgió como necesidad dar un poco de soporte al Ministerio de Salud y a todas las actividades sanitarias, que estaban bastante colapsadas”. 

En todos los sectores de la administración “que no teníamos una labor urgente o indispensable, se realizó el pedido de dar una mano en salud, en aquello que pudiéramos hacer. Así nacieron distintas actividades de voluntariado”. 

En forma paralela 
Con la pandemia, se impulsaron numerosas iniciativas en forma paralela, para intentar dar respuesta a la población. 

En el área que integra, una urgencia por resolver fueron los alimentos de aquellos alumnos que concurrían a los comedores escolares. “Había que cubrir esa necesidad, con la interrupción de clases muchos alumnos no accedían a este servicio fundamental –observa-. Entonces salimos a repartir bolsones de comida”. 

De igual manera, se debían cubrir horarios en el call center, para atender llamados de vecinos y particularmente adultos mayores durante las 24 horas. “Son voluntariados en los que nos podíamos ir ofreciendo en función de la disponibilidad, también de acuerdo a si teníamos factores de riesgo o no”, sostiene. 

Con la excepción de la entrega de los bolsones, otras prestaciones requieren de una presencia continua, por lo cual “se requiere de muchas personas que colaboren”. 

Por este motivo, “se fue armando todo por turnos, viendo cómo cada uno podía ayudar. Se generó una dinámica también para que aquellos que no pueden salir a la calle, porque son de riesgo, hagan llamados de acompañamiento y otros aportes desde su casa”. 

 En un hotel 
Entre las medidas iniciales ante el Covid-19, hoteles de la Capital Federal se utilizaron para repatriados que regresaban de otros países y debían ser aislados, monitoreados, para luego retornar a sus ciudades si el hisopado tenía un resultado negativo. “Yo me incorporé en este ámbito, en un hotel con repatriados, además de dar una mano con las otras medidas de asistencia”, explica Catalina. 

Hace poco menos de dos meses, el lugar empezó a utilizarse para infectados con coronavirus que tienen síntomas leves o son asintomáticos. “En estos días se abrieron otros 50 hoteles para alojar a quienes tienen el virus -indica-. Yo hace más o menos un mes arranqué en este nuevo formato, con infectados o también personas que son contactos estrechos”. Una de las responsabilidades, junto a otros compañeros, es hacer todo lo posible para que se cumplan los protocolos. “Dentro del hotel hay un equipo médico, un equipo de limpieza, otro de catering y el grupo de voluntarios -enumera-. El resto tiene más contacto, pero de manera muy cuidada, mientras que nosotros controlamos toda la gestión, que se mantengan los resguardos necesarios. Hacemos los registros de ingreso y egreso a nivel administrativo, los controles están a cargo de médicos”. 

Quienes llegan para estar aislados, por lo general en forma previa estuvieron en unidades de salud. “A veces no tienen nada, en muchas ocasiones las familias se acercan a traerles ropa o distintos elementos, que son recogidos por el equipo de limpieza. Estamos en el mismo ambiente, pero a distancia y con los cuidados necesarios”. 

Destaca que “por ahora venimos muy bien. Tuvimos un encuentro y hasta donde sabemos no hay voluntarios contagiados, o en caso de existir es un caso puntual. Eso habla bien de la organización, del sistema de trabajo y de cómo asume su rol cada uno”. 

En inmuebles donde se alojan infectados de Covid-19, “es muy bajo el porcentaje de colaboradores que no pertenecen al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En otras actividades si hay más, se fueron anotando porque les interesaba”. 

 Los más vulnerables 
Los hoteles no están completos, queda capacidad disponible. “Continuamente hay ingresos y egresos”, dice Catalina y valora que “creo que ahora está más controlado. Se ha podido avanzar mucho en el Barrio 31 por ejemplo, ahí no estamos teniendo casos”. 

Al establecimiento donde se desempeña “llega gente que no tiene obra social. Por ahí vive en situaciones más complicadas para poder aislarse de otras personas, familias grandes que están en un lugar pequeño. Suelen ser de barrios vulnerables”. Considera clave “aislar y controlar, sobre todo en los sectores más complicados. Se lleva adelante un trabajo grande y en conjunto”.

También se registran casos de vecinos en Buenos Aires, con síntomas leves o asintomáticos, que permanecen aislados en sus viviendas. Catalina menciona que “además hay hoteles que están armados por cada obra social”. 

 Admite que “no es fácil”, pero el foco está ubicado en “ir haciendo todo de la manera lo más organizada posible. Se va aprendiendo sobre la marcha”. 

 “Una locura” 
Califica la experiencia como “increíble” y plantea que “ahora uno se va acostumbrando. Empieza a vivir como habituales ciertas cosas que en realidad son muy extrañas. Esto no es la normalidad y la verdad que es una locura. Ver cómo llegan los colectivos con personas, nosotros cómo los recibimos, todos los equipos de los médicos y las chicas de limpieza con las máscaras y los trajes”. Es un espacio donde se comparten jornadas y vivencias; “conocí gente, otras realidades. De hecho, uno de mis compañeros voluntarios no pertenece directamente al Ministerio sino que es de una Fundación y tienen un jardín, le daban de comer a 120 chicos y ahora a las familias completas. Los voluntarios tenemos formaciones distintas y provenimos de diversos trabajos o funciones”. Siente satisfacción porque “va a ser algo que nos vamos a guardar para siempre. Poder estar dando una mano desde el lugar que nos toca, este pequeño aporte que estoy pudiendo brindar y que muchos otros también hacen”.  

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