Paul Krugman

Opinión

Editorial

Puntos de vista

31|05|20 17:51 hs.

Tenemos una tendencia a escuchar, leer, seguir, reenviar y consultar aquellas publicaciones y personas más afines a nuestros puntos de vista, a nuestro modo de ver el mundo. Esta actitud, es estimulada por los algoritmos que utilizan los buscadores de Internet y que operan a lo largo y a lo ancho de la red. El efecto es terminar retroalimentándonos siempre con lo mismo, reforzando nuestros prejuicios y confiando más en nuestras subjetividades que en los hechos concretos, cayendo en una tentación peligrosa y común que ocurre en estos tiempos: ignorar los argumentos basados en explicaciones fundadas. En definitiva, descartar de forma deliberada los sucesos para arrojarnos en los brazos de algo tan engañoso, en lo que al periodismo se refiere, como las emociones y sensaciones. 


Esto es particularmente dañino para el debate democrático y para la conformación, necesaria y consistente, de una ciudadanía informada, dentro de un contexto que debe ser adecuado para el fluir plural de las diversas opiniones, que sobre los diversos temas se suscitan en el ámbito público. No está mal escuchar lo afín, pero hacer solo eso, puede contribuir, no siempre, claro, a la conformación de una mirada sesgada y potencialmente prejuiciosa de lo distinto. 

Por eso nos parece importante recordar algunas sugerencias que son muy útiles y que podríamos tener en cuenta a la hora de seguir determinado debate sobre la realidad en la cual estamos inmersos. Sirven particularmente al momento de atender a “expertos” o columnistas especializados en las más diversas temáticas. Son de la autoría del estadounidense Paul Krugman, economista y activo participante del debate público en su país. Según él, estas cuatro herramientas, que brevemente explicaremos a continuación, contribuyen a clarificar el nivel de las controversias políticas y de cualquier otro orden, que se suscitan en el ámbito de la vida de nuestras comunidades.

La forma que elijamos para el uso del idioma, ayudará o perturbará, el acceso sencillo y democrático a las informaciones u opiniones


La primera es atenerse a lo fácil, a la expresión sencilla de ideas y argumentos, a la claridad, para la facilitación del entendimiento del que lee o escucha. Hablar o escribir de forma complicada, no es sinónimo de profundidad o talento. Esta es una recomendación particularmente dirigida al mundo del periodismo. A ella le suma otra que la refuerza: el uso de un español fluido sin ornamentaciones artificiales. Lo importante, quiere decirnos, es que la forma que elijamos para el uso del idioma, ayudará o perturbará, el acceso sencillo y democrático a las informaciones u opiniones más diversas. 

Luego continúa con otras dos, que son particularmente esenciales. Una de ellas, consiste en opinar de buena fe, en ser honestos al momento de expresar públicamente una idea. Y la que la continua y complementa, nos exige ser veraces con las motivaciones que están detrás de nuestros argumentos. Dicho de otro modo, clarificar nuestros intereses, sobre la forma que estos toman en función de las ideas del mundo que poseemos, ser coherentes y hacer visible esa cosmovisión, que hace posible que pensemos como lo hacemos.

Krugman tampoco es un iluso, no cree que en el debate público todos actúen de buena fe, como tampoco que sean claros acerca de los intereses que los mueven, no siempre en línea con la búsqueda del bien común. Pero sus recomendaciones valen. Sirven para desentrañar las intenciones que en muchas ocasiones la vociferación excesiva oculta, para no naturalizar la opinión del denominado “sentido común” o de lo “políticamente correcto”, pensándolas inocentemente como algo auténtico y cierto, validando esas visiones a causa de la tan endeble razón que las sostiene: su reiteración continua. Para ayudarnos a salir de nuestro tranquilizador espacio lleno de ideas familiares. Para amplificar el espacio de nuestros puntos de vista.