Dorrego y Oriente

Después del Covid-19 en Coronel Dorrego

“Me hacía internado con un respirador”

26|04|20 18:27 hs.

Por Horacio Cabrera 


Carlos Sola podrá quedar en el recuerdo de mucha gente por tanto de lo que ha hecho y hará en su vida, pero seguramente lo que marcará un antes y un después, un volver a empezar, será haber vencido al Covid-19 y poder contarlo, con un festejo cada año separado por algo así como un mes. El día de su cumpleaños y el alta médico, que seguramente se celebrarán casi por igual. 

Carlos estaba de vacaciones en Brasil junto a su esposa Edith. Río de Janeiro les brindaba uno de sus mejores momentos en la vida cuando de pronto se hizo la noche. “No miraba por ejemplo los mail porque estábamos desenchufados totalmente, pero uno de mis hijos me dice que me habían cancelado el vuelo que yo tenía para diez días después, me dijo que no tenía más vuelos, entonces nos agarró la desesperación y me dicen vayan al consulado, pero nos fuimos directamente al aeropuerto y empezamos a pelear por uno, ahí nos confirmaron que no teníamos más el vuelo nuestro, eso es durísimo”, recordando y comentando a La Voz del Pueblo como empezó esta parte de su vida, corta si se quiere y con final feliz, pero de un intermedio durísimo. 

“Si hubiese intentado por otros medios no volvíamos, los que fueron al consulado me parece que todavía están en Brasil, porque hay miles de argentinos varados. Tuvimos suerte que pudimos venir, porque si te agarra algo así allá, quién te atiende, la atención que yo tuve acá no la iba a tener en Brasil”, reflexiona. 

“Estábamos en el aeropuerto de Río varados con más de tres mil personas, desesperados porque no había vuelo que nos trajera, es tremendo vivir eso, esto no lo ha vivido el mundo, que tanta gente quede varada en los aeropuertos..., porque es el día de hoy que hay argentinos que no pueden volver, eso es realmente desesperante”, comenta a modo casi de pensamiento. Y a partir de ahí es que Carlos piensa que “ahí a lo mejor contrajimos el virus. 

Nos salió un vuelo que podía traer a Argentina quince pasajeros y la cantidad de gente que había era tremenda, en situación desesperante, gente que hacía tres días estaba esperando y nos dieron prioridad en un vuelo que venía de Dubai, la India y parte de Europa, con 350 pasajeros entramos 15, calculo que eso era un caldo de cultivo… yo pongo todas las fichas a que me contagié ahí”. 

Así fue que Carlos y Edith llegaron a nuestro país el viernes 20 de marzo, “a Ezeiza, teníamos el auto en una cochera, dudamos si venir a Dorrego o pasar la noche en algún hotel y salir al otro día, y decidimos venirnos, a las diez y pico de la noche salimos y cuatro y media estábamos en casa, entramos el auto, no bajamos nada de equipaje y al otro día a media mañana se lavó todo, se desinfectó con legía, nunca salimos a la calle. Eso fue el sábado. Al día siguiente le avisé al doctor Santiago Braghero (director del Hospital Municipal) que habíamos llegado de afuera y me dijo que nos quedáramos en casa”. 

Como si hiciera falta una fecha testigo para que esta situación quedara marcada para siempre, “el día que llegué era mi cumpleaños, así que los festejamos por videollamada y todo bien porque estábamos bárbaros, el domingo bien y el lunes 23 a la tardecita empecé con algún malestar, como un estado gripal, echándole la culpa al aire acondicionado, al estrés que nos podía haber provocado la situación, uno nunca cree que puede tener algo, pero después a la nochecita fiebre y mucho dolor de cuerpo, una semana así, con más de 38 grados de fiebre”, relata sobre las primeras horas de un encierro que llevó poco más de un mes.

“Tengo a favor que mi casa está toda cerrada, con un portón con portero, y nos quedamos en casa y hoy hace 34 días (por el viernes) y ayer me dieron el alta, y en Dorrego he sido el único contagiado, no hay nadie con esto, o sea que gracias a que hicimos bien los deberes cumplimos con nuestra población, y con la zona y con todos. Es lo que hay que hacer, pero hay gente que no lo hace, va a un cumpleaños o una fiesta, en Monte hermoso se han ido a pescar, es una locura lo que hace la gente, porque uno no sabe si es positivo asintomático. A mí me dieron cuatro hisopados positivo, es muy bravo eso, vas viendo las noticias y vas leyendo lo que pasa y te volvés loco, ves los muertos y… a la pelota!, uno piensa cuando se termina esto, pero fui avanzando bien, siempre fui muy sano, nunca fumé, y en este caso no tuve complicaciones, me cuidé muchísimo pero no había otra cosa que tomar que paracetamol, otra no hay”. 


Carlos Sola con sus dos hijos y el Bichi Fuertes, con el fútbol como una pasión que los une


El momento del positivo
Retrocediendo en el tiempo y volviendo a las horas siguientes de la llegada a su casa, Carlos comenta que “al segundo día vienen del hospital, todos estaban abocados al caso mío, hasta el intendente Reyes, me mandan una ambulancia, bajaron cuatro personas, muy profesionales, médicas, bioquímica, la verdad que parecían unos astronautas, no tocan nada, me hicieron el hisopado y cuando llegaron los resultados era positivo (el 26 de marzo), pero era de esperar, y luego vinieron tres más, antes de Pascua me dieron el cuarto resultado positivo y eso me destrozó, porque pensábamos que esto no se iba más”. 

Ahí es donde Carlos afirma que la situación “es muy difícil, el consejo que le puedo dar a la gente, si puede ser de utilidad, es que a esto hay que tenerle mucho respeto, no miedo, e informar a la autoridad sanitaria, yo tenía un testeo diario con el doctor Braghero, me llamaba y le iba informando día a día, la semana pasada salió el primer negativo y el miércoles pasado me hicieron otro hisopado y también a mi señora, que gracias a Dios fue la que me atendió, porque ella era asintomática. Tenés que tener dos negativos para que te den el alta, y el jueves nos dieron la buena noticia de que los dos somos negativo y tenemos el alta, pero quedamos con tanto miedo que no queremos salir afuera, uno realmente queda tan asustado, podemos salir a la calle porque tenemos los anticuerpos, estamos mejor que nadie, podemos hacer una vida normal totalmente, por lógica vamos a andar con el tapabocas y esas cosas, ya nos acostumbramos a toda esa parte higiénica, preventiva y a cuidarnos, no tengo ganas de correr ningún riesgo, porque una vez que la sacás bastante barata…”. 

Y vuelve a recordar y afirmar que “el susto arranca cuando nos quedamos varados, estoy viendo por televisión los que van llegando, que los llevan a los hoteles a las cuarentenas y es bravo, pero no hay otra manera de frenar esto porque si no nos destroza”. 

Y mientras tanto 
Había que organizar la vida no solamente puertas adentro, sino también lo referido a las provisiones diarias, pero como en cada ciudad chica del interior todo es mucho más fácil. “Un mercado que nos manejamos siempre, como una carnicería, una verdulería de barrio, los amigos de siempre, un delivery que nos traía algo, todos por teléfono o whatsapp, nos traían y dejaban en el portón de casa, tocaban el portero y se iban, de hecho no querían ni cobrar en ese momento para no tocar ni la plata y me parece perfecto, es el terror que tiene la gente, y así nos atendieron todos estos días y en todo este tiempo no vimos a nadie, a nuestros hijos los veíamos por videollamada y así la íbamos llevando”, cuenta Carlos no sin un recuerdo mezclado con la tristeza.

Pero “gracias a eso en 34 días en Dorrego, y gracias a Dios, no hay ningún caso, eso es lo delicado, es a conciencia de la gente, porque si nosotros ese fin de semana hubiéramos salido a comprar algo o a algún lado, podíamos haber hecho un desastre, porque una persona contagia a dos, esos a cuatro y así, en una población como esta hubiese sido un desastre, es la conciencia de la gente, no hay otra manera, de esto no se sale si no es así”, afirma Carlos una y mil veces, y tiene motivos más que suficientes para documentarlo.

Por eso insiste que se trata de “respeto y pensar en el otro, uno ve las noticias y hacen un asado, una fiesta, no puede ser, no entiendo a esa gente el desastre que hace, y hay causas penales pero la gente lo hace igual, este virus es muy peligroso, sumamente contagioso y hay que tener mucho cuidado, la verdad nunca pensé que era así pero ahora que lo padecí me doy cuenta. Hoy estoy disfónico y con caramelos para la garganta, estoy perfecto, sano, pero te deja la garganta mal, áspera, es un bichito que no quiero ni pensar aquel que le agarró el pulmón o el hígado, que eran las cosas que dicen que pueden afectar. Las conjeturas uno después las va sacando, que a raíz de haberse cuidado, de ser temeroso quizás estuvo bien, tengo 65 años y eso mucho no me ayuda, aunque soy muy sano, estoy perfecto”.

Los peores días
Durante el proceso en que fueron los peores días, Carlos comenta que sintió “fuertes dolores corporales, tremendo, los huesos, dolores en la espalda, la cintura, no estás cómodo en ningún lado y aparte que te tira la cama, yo le tenía miedo al pulmón, empezar a toser, porque ya me hacía internado con un respirador, que acá no hay y tenían que llevarme a Bahía, es dramático, pero gracias a Dios y el consejo que le puedo dar a la gente es que se cuide, se higienice, se lave las manos, que use el tapaboca y cuide al otro, porque si no nos cuidamos entre todos, por más que se abran los negocios porque la parte económica va a ser tremenda, pero si no nos cuidamos te morís y la parte económica pasa a otro plano”.

Y en ese contexto también todo lo que va pasando por la cabeza, ante lo cual dijo que su esposa “tuvo una ayuda de una amiga que es psicóloga porque era la que se tenía que hacer cargo de todo, pero no te podés concentrar en nada, uno mira televisión y vive haciendo zapping, y todo es muertos y más muertos, y uno teniendo eso…”.

Por eso al encontrar la luz al final del laberinto, Carlos no deja de agradecer a quienes lo atendieron y destacar la profesionalidad del personal médico y no médico que lo asistió y que “se ocuparon de mi caso, para bien de la población y de las autoridades es solamente este caso y que lo puedo contar”. 

Y hoy advierte que “hay que tener cuidado con el movimiento de los camiones, esa gente si toma bien las precauciones de higiene y no estar en contacto con otra gente en los puertos o donde vayan no va a traer ningún problema, porque hoy son los únicos que vienen de afuera, ya que en Dorrego no entra nadie, cuidando el transporte y los que entran para abastecimiento entiendo que vamos a andar bien en la zona, pero es la conciencia de la gente”, pide Carlos Sola, un reconocido consignatario de hacienda y de pasado futbolero, mientras espera para setiembre su primer nieto como si faltara algo para que 2020 sea un año imborrable en su vida, y que asegura que el nuevo miembro de la familia “va a ser de Independiente, de Dorrego y de Avellaneda”.