María Melián –caracterizando a Lucerita Pepona- junto al “verdadero” Pupi

Sociales

Para María Melián o "Lucerita Pepona"

“Aún no viviendo rápido sí se puede estar bien”

26|04|20 12:11 hs.

María Melián, además de trabajar en un consultorio médico, es integrante del grupo de payasos de Había Una Vez y por supuesto ama de casa y mamá. 


Como a todos, esto del Covid-19 también le ha hecho modificar cuestiones de su vida personal. Desde horarios hasta hábitos; María cuenta que con esto de la pandemia a Lucerita Pepona –su personaje de ficción en el mundo de los payasos- “hasta ha tenido que salir vía redes sociales. Un poco por inquietud de Gerardo Christensen y del grupo de payasos hicimos varios vivo desde la casa de cada uno, o sea, me han puesto moderna con ello”.

Nostálgica 
María también se refiere a que en esta época le viene mucha nostalgia porque es cuando generalmente van a capital federal a hospitales y centros barriales a brindar sus espectáculos.



“Nosotros ya teníamos todo medio preparado, todos los saludos que nos han ido llegando desde Buenos Aires, desde los hospitales; del Club de los Peladitos porque es normal que en esta época estemos con ellos. Eso es como que te da una nostalgia grande. Después, el vestirme en casa y hacerlo desde la pantalla de un teléfono se siente raro… Uno se acostumbra a trabajar con ese cariño de los chicos, del contacto; te digo más, Lucerita Pepona tiene su Pupi -su perro salchicha- que está hecho de crochet, pero en realidad Pupi es mi salchicha de casa, mi perro de verdad. Entonces a él le puse un moño, un sombrero y filmamos algo con él para no estar sola, mi marido estaba mientras lo hacía… los chicos de la compañía estaban del otro lado pero es una sensación distinta". 

"Lucerito es la misma, necesitaba hacerlo y contenta por eso; y poder jugar con la mamá porque va a venir un invierno difícil, que va a haber una cobijita con esos cuadraditos de crochet que la abuela sabe tejer, que la mamá también y que la nena puede aprender… Nos esperan meses muy difíciles”, reflexiona María y agrega, “yo, tantos años en salud, uno lo ve desde ese lado. Está bien que nos preocupemos por el hoy pero también empezar a pensar los que tenemos la oportunidad de estar en contacto con la gente en el más adelante…”. 

Vida modificada
María se refiere a que “lo voy pasando bien” cuenta entre risas; “lo que pasa es que es un cambio total de actividades”. Su vida comenzaba a las 7 de la mañana y terminaba a las 11 de la noche y ahora “me acuesto a las 3 de la mañana porque miro una serie. Me levanto a las 11 y no sé si tengo que almorzar, que desayunar… no es fácil”. 



María está ocupada porque se volvió a encontrar con que hacía mucho que no estaba con la casa; “empecé a cocinar, a hacer barbijos porque tengo amigas profesionales que me dijeron si no se los hacía, además para mis hijas”, cuenta. 

Como a todos, esto los ha afectado pues cada uno tiene su trabajo y si bien María tiene un sueldo, su marido -Fabián Pierini- está parado en este momento porque es techista y maestro mayor de obra: “Hace muchos años -dice- cuando mi hija estudiaba hacía pastas para vender, y en su momento también lo he hecho para alguna persona que tenía necesidad frente a una operación o con otra gente. Siempre hemos hecho cosas así; entonces con esta situación un día me dijo ‘por qué no hacés’ y ahí me armó un Facebook, un Instagram así que estoy vendiendo pastas”, señala riéndose de haber vuelto a una actividad que tenía “guardada”. 

Pensamiento claro 
Digamos que todo esto les ha cambiado la vida, como ella cuenta; “afortunadamente llega en un momento en que la pareja está más que consolidada por el tiempo, el diálogo, el compartir. Nosotros tenemos gracias a Dios una buena relación, de llevarnos el mate a la cama y matarnos de risa, de a las 2 de la mañana estar mirando una serie. Si bien esto ha modificado las cuestiones de vida social, pero seguimos en contacto pensando en lo que vamos a hacer cuando nos encontremos. Yo veo esta necesidad de comunicarnos y decir ‘bueno, ya va a pasar’; esto tiene sus cosas, a ver, no digo que a todos les pase, pero yo tuve una vida de mamá gallina y empecé con estas cosas de hacer y hacer. Entonces es como que me encuentro con esa María como desvinculada y qué querés que te diga… la chancleta con el vestido viejo también me gusta. Yo soy una enamorada de encontrarnos con mi familia, de cocinar, de agasajarlos, de poder sentarme con ellos, amo eso de ser mamá y ama de casa. Pero también me gusta lo otro que hoy no se puede hacer”. 



Siente que extraña “eso de encontrarnos y hablar después de un ensayo, eso de abrazar, o esa salida así, repentina, que teníamos siempre con Fabián sin programar. Es como que extraño lo social desde nosotros dos, somos muy compañeros ambos. Con treinta y pico de años de casados es lindo que nos encuentre así la vida… siempre digo que es mi príncipe azul, no sé si yo seré para él su princesa. Es bueno sentirse así y ver que en momentos como este te puedas dar cuenta de que aún no viviendo rápido sí se puede estar bien”, dice en el final.