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La poliomielitis, la pandemia de ayer

05|04|20 09:33 hs.

A comienzos de 1956, la Argentina sufrió una devastadora epidemia de poliomielitis, que afectó a alrededor de 6500 personas, la mayoría niños. El resultado de la pandemia fue grave: el 10% de los afectados murió y muchos de los que superaron la enfermedad quedaron con secuelas como la parálisis. 


Es la historiadora Stella Maris Gil quien dejó algunas referencias sobre la epidemia de Poliomielitis que asoló al país en el verano de 1956 y por supuesto a Tres Arroyos y su zona de influencia donde hubo numerosos enfermos. “Los vecinos de la calle Estrada, entre Vélez Sarsfield y Sadi Carnot cuentan que se cortó el tránsito en esa arteria, pues una jovencita había contraído el virus en su domicilio de ese lugar”, recuerda. 

“La epidemia fue muy fuerte y frente a ella los vecinos arbitraban todos los remedios caseros para erradicarla: pintar las paredes con cal; uso de la lavandina como desinfectante; se cosía en las ropas de los chicos una bolsita conteniendo alcanfor que presumiblemente tenía efectos curativos. El virus atacaba principalmente a los niños”. 

Stella menciona que “ante tantos afectados, el Gobierno decretó el cierre de las escuelas para evitar más contagios, por tanto no hubo clases hasta los primeros meses del otoño”. 

En el mientras tanto, “se formó una Comisión de Vecinos para realizar tareas de prevención y contención, puesto que no existía nada previo. La misma estuvo presidida por José Carrera y como presidente honorario el comisionado municipal doctor Pedro Aguirre”, indica. 

Se logró comprar un pulmotor y paliar situaciones, sobretodo de los niños de hogares pobres y de los viajes a Buenos Aires cuando la urgencia así lo exigiera. 

Al igual que en el resto del país, ALPI Tres Arroyos nació para afrontar las consecuencias que dejó la epidemia de poliomelitis. La primera comisión se creó el 16 de abril de 1956 con el objetivo de brindar tratamientos de rehabilitación. “En esa época no había nada para hacer, serían los comienzos de la kinesiología. Primero arrancaron las masajistas, que se fueron especializando”, explica Liliana Cantisano, presidenta de la entidad. 

Muchas de las familias que tenían chiquitos afectados por la polio no contaban con los recursos económicos para afrontar el tratamiento de rehabilitación, que se hacía en Buenos Aires. La comisión las ayudaba haciéndose cargo de los pasajes, de las estadías, consiguiendo turnos, entre otras cuestiones. Luego sí, esa comisión a partir de una convocatoria realizada por el intendente Pedro Aguirre, se vinculó con ALPI de Buenos Aires y adoptó esa denominación (con el tiempo después se independizaría). 

“El 12 de setiembre de 1956 llegó a la ciudad un avión con 706 dosis de la vacuna Salk, VPI, primer envío que recibe esta ciudad. Era inyectable”, recuerda Stella. “Después de 1960 se comenzó a aplicar la VPO, fruto de la investigación del doctor Sabin, vacuna oral, ‘la de las tres gotitas’ como se le decía”, agrega la historiadora. 

ALPI Tres Arroyos sostuvo una intensa actividad de apoyo a las familias involucradas y también a los profesionales médicos para que pudieran capacitarse en la capital federal y volver con los conocimientos a la ciudad. Desde rifas de casas, carreras y grandes campañas de socios servían para recaudar fondos. Para dimensionar la tarea realizada por la entidad, Liliana recuerda que “ALPI fue el promotor de la vacunación. Es decir, compraba las vacunas y las daba gratis con el Plan del ministerio de Salud. Y hasta hizo importantes donaciones al hospital, como un respirador, un pulmotor y una carpa de oxígeno”. 

Entre la gran cantidad de aportes que la institución hizo a la comunidad se destaca que en su sede de Quintana 318, en 1970 empezó a funcionar la primera escuela para discapacitados, la 502. “Estuvo acá más de 20 años, donde hoy funciona el taller protegido. Se creó porque los chicos que venían a rehabilitación estaban muchas horas, y también necesitaban instrucción y educación, pero no podían recibirla en una escuela convencional”, agrega Liliana. 


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La odisea de curar en tiempos de polio 
El médico pediatra Juan Carlos Tróccoli ejerció la profesión durante 40 años. La Voz del Pueblo lo entrevistó para consultarle sobre otra pandemia, la poliomielitis. El experimentado pediatra contó que “en el verano del ‘56, fue una epidemia bravísima porque no había elementos para combatirla, había un pulmotor en el Hospital (Pirovano) que parecía un instrumento de la Edad Media, no servía para gran cosa y era lo único que había en ese momento”. 

Detalló las condiciones en la que se realizaban los tratamientos, “había que hacer reposo e higiene, pero todo eran paupérrimo y lo único que había era esperar que pasaba y ver qué secuelas quedaban, a mucha gente le quedaron muy importantes”. 

La enfermedad era más frecuente en chicos, adolescentes y personas jóvenes. Parecía un cuadro gripal muy indefinido, “casi como empieza como el Covid-19 ahora” y, agregó, “de buenas a primeras empezaba a dejar secuelas como no poder mover un brazo o una pierna y sobre todo que no podían respirar porque se paralizaba el músculo del tórax y era ahí donde se empleaba el pulmotor como se hace ahora con la respiración asistida”. 

Derivaciones 
El doctor Tróccoli explicó que la mayoría de los enfermos de polio “se derivaban a Mar del Plata o a Bahía Blanca donde había pulmotor. Muchas veces perdíamos a los pacientes en ese momento del proceso de la enfermedad y recién los volvíamos a ver pasado el cuadro agudo que volvían con sus secuelas. Tampoco había muchos recursos desde el punto de vista kinesiológico porque no había especialistas en esa área, eran todos enfermeros prácticos, pero no profesionales”. 

De su experiencia contó que “atendí varios chicos que no tenían secuelas muy importantes porque los que les tomaba muy agudamente la enfermedad se morían, aunque tampoco era muy alto en ese entonces el índice de mortalidad, que en general, se producía en aquellos que les afectaba los músculos respiratorios, además no había intubación ni respiradores como ahora”. 

Fin de la pandemia 
El médico explicó que “la primera vacuna contra la polio fue la Salk, en el año 57, después de la gran epidemia, y era inyectable por lo que la aplicaban sólo los médicos ya que había que tener experiencia para hacerlo. A veces, ponía la vacuna con bastante miedo o medio asustado esperando que no diera una reacción rara, pero fue ahí que empezó a cambiar el panorama”.