Mariela Paz

Opinión

Opinión

Aprendo a mirar la vida desde el patio de mi casa

01|04|20 09:48 hs.

Por María de los Angeles (Mariela) Paz (*)

Estos días de aislamiento social vienen siendo la oportunidad de descubrir el valor de lo cotidiano que habita invisible en el ir y venir (¿sería tan necesario?) 

Primera escena: los zapallos coreanos en pleno despliegue. De vez en cuando se me da por arrojar las semillas de las verduras que vamos consumiendo, sin ton ni son… parece que la tierra se va poniendo árida y entonces me llama. Luego me olvido de esas semillitas, aunque por lo visto ellas siguen su curso natural y dan vida, para continuar el ciclo (¿cómo no pensar que todo en algún momento fue semilla?). 

Segunda escena: las hormigas. ¡Observo un ejército que trabaja perfectamente organizado! Cruzan el patio llevando pesada carga a un mismo destino. Transitan un camino trazado por ellas y sólo se desvían para esquivar algún obstáculo (mi pie). 

Me enternece cuando se esperan un poco, detienen el paso y ahí siguen... más cerquita una de otra. No se bajan de su objetivo a pesar de la lluvia ni del calor del sol del mediodía. Todas llegan y aportan su carga. ¡Maravilloso! (¿será que solo no se puede?) 

Tercera escena: el colibrí. Descubrí con emoción que cada día y casi a la misma hora nos visita un ser maravilloso, enorme por lo que nos deja y pequeñito para no dar envidia… se acerca rápidamente a las flores violetas y bebe sin pausa, luego revolotea por otras plantas pero sin elegirlas para el contacto profundo (¿habrá que reservarse?). 

Cuarta escena: los vecinos y las risas. Por la tarde me deleita escuchar la vida de las personas a través de los muros del patio. Las risas de los juegos que realizan los abuelos con los niños. Han vuelto a jugar… y esa alegría atraviesa toda crisis… es decir, todo muro que separa. 

Otros lanzan al espacio una música infernal! (a esos también los quiero) y en el almacén de enfrente se escucha la charla pausada del que está triste, el parloteo atrevido de los que aún circulan (¡celebro tanta presencia!) 

Atardece y llego a ver las primeras estrellas (ahí están Las Tres Marías… ”¡la del medio es la mía!”) cesan los ruidos y suben las plegarias… las canciones… los suspiros. 

Mi patio agradece la mirada, cuida el entorno para ofrecerme al otro día su mejor escena. 

(¿cómo no degustar la vida?). 

(*) La autora es una reconocida educadora de Tres Arroyos y la zona