La Ciudad

117º Aniversario de La Voz del Pueblo

El orgullo de seguir el legado

14|09|19 09:52 hs.

Por María Ramona Maciel

Llegan los 117 años del diario y ser la directora me pone en este compromiso de escribir y transmitir un mensaje. No es lo que hago habitualmente, aunque me gustaría hacerlo más seguido. Como directora también tengo algunas ventajas, como por ejemplo leer la nota que escribió́ Alejandro (secretario de redacción) para este suplemento; fresquita recién salida del horno, antes que nadie, y me pareció buenísima. Todavía no se lo dije, pero a ustedes les recomiendo que la lean. 

En su nota habla de Genaro Greco, fue el maestro de mi papá, junto a Mateo Mastronardi, dos “grandes” del periodismo de esta ciudad, y ni hablar de nuestro querido Enzo Petrini, “Petri” para nosotros. 

Cuando leía el artículo, los recuerdos brotaban, se me mezclaban, de golpe tuve la sensación de estar en la vieja redacción de calle Colón, donde era asidua visitante, y recibía la atención de todos ellos, desde golosinas de lo de Adobatto (un negocio que estaba al lado, y vendía cosas variadas y era del abuelo de Celeste, con quien hoy compartimos gratos momentos junto a nuestras familias), hasta dibujos del querido Petri y libros de cuentos, unos que venían con flequillo de pelo, que me compraba Luisa, la señora de Genaro, cuando iba de vez en cuando a su casa, en la avenida Belgrano. 

Todo esto me hacía sentir el centro de la escena, situación que me encantaba, y disfrutaba como cualquier niño, a esa edad. 

Muy linda época de felicidad y cariño, sin problemas ni preocupaciones. El diario era una empresa pujante que llegó a tener más de 100 trabajadores, que hacían una tarea artesanal entre el plomo, las linotipos, y el inolvidable sonido de las teclas de las máquinas de escribir de la redacción. 

Hoy, los tiempos cambiaron, recordar todos esos momentos importantes que ha pasado la empresa nos llena de nostalgia, pero esos mismos recuerdos fortalecen la ilusión de pensar en un futuro mejor. ¿Por qué no? 

La gráfica del siglo XXl enfrenta cambios tecnológicos abismales, que se han venido sucediendo en los últimos 20 años. La apariencia y el contenido no cambia, pero a medida que el conocimiento de la época avanza, la gráfica debe innovar para poder captar audiencia. 

Todo lo que una vez había sido el papel, se transformó en digital, todo se maneja desde una computadora, y hasta la estructura edilicia sobra, porque con los celulares y las notebooks, el trabajo se hace desde el lugar en que el periodista está.

Surgen portales, sistemas de medición de audiencia, distintos formatos audiovisuales para contar una noticia y así, de esta manera, los diarios se van adaptando a las modificaciones de la sociedad y del mundo, para ponerse a la altura y no quedarse atrás. 

Incorporamos nuevos términos, fake news, usuarios únicos, redes sociales, banners, etc, etc, pero con 117 años a cuesta, lo que nos inculcaron el abuelo Antonio, mi tío Antonio, mi papá Alberto, Albertito, mi hermano, y Antonio y Enrique, mis primos, Genaro Greco, Petri, Mateo Mastronardi, Berna, Hugo Pérez, Mario Ceriani, Armando Thomas, Aymonino, el Negro Cornejo, el Flaco Rossi, Castro (y muchísimos más, que seguro me estoy olvidando de nombrar, pero no porque no los lleve en el recuerdo) no se olvida, está presente, en cada momento. 



Este pequeño homenaje a cada uno de los que transitó la redacción y el resto de las secciones en todos estos años, me trae buenos recuerdos. En estos momentos de crisis y fundamentalmente de grandes cambios, cuando te invade el desasosiego y la incertidumbre, y no sabés para qué lado salir, recordás el camino recorrido, la gente que te acompaña en el día a día, los que trabajan codo a codo, los que compran el espacio publicitario, los lectores, y les puedo asegurar que es sumamente gratificante. 

Cada mensaje por Internet, cada comentario en la web o en las redes, es un lector que se interesa, nos lee y cree en nuestra centenaria trayectoria. 

Dicen que las crisis son oportunidades, y yo voy a seguir apostando a esta oportunidad que me dio la vida, y por la que me siento muy orgullosa de poder continuar después de tantos años. ¡Muchas felicidades!