La Ciudad

En los barrios Ranchos y Colegiales

Pique de contención

02|06|19 10:12 hs.

“Mundo divertido” es el nombre que los chicos de los barrios Ranchos y Colegiales eligieron para la escuela de pesca que Claudia Córdoba inició en 2015. Toda una definición de lo que viven en esas ocho horas semanales entre plateadas, dientuditos, tanzas, anzuelos y plomadas, para varios de ellos el momento de escape de una realidad gris y escasa de afecto. 


“La pesca es una manera de contenerlos. Porque a algunos de los que vienen los padres no les prestan atención, no se preocupan por nada. Yo los conocía porque trabajaba en el servicio local de protección al menor. Y si vos les das cariño, les das contención, si los tratás bien, no se te van nunca”, dice Claudia, “la seño”, como le dicen los 25 pequeños pescadores que supo conseguir.

Claudia no es docente y hasta no hace mucho no era ni siquiera pescadora. Pero con 32 años viviendo en Los Ranchos, siendo manzanera y habiéndose desempeñado como promotora de salud, las necesidades extremas de las familias -y sobre todo de los chicos, del barrio las conocía como pocas. Entonces, una vez que terminó de criar a sus cuatro hijas le pidió a su marido que le enseñara a pescar. 

Así fue que José Rodríguez, un experto en la materia, moldeó a una gran alumna que empezó a disfrutar y ganar torneos. Pero mientras la caña se había convertido en un pasatiempo que la llenaba, el día a día con el que convivía en la salita y en las calles de su barrio la vaciaba. 


El guardafauna Eduardo Alvarez el jueves les habló a los chicos sobre las víboras


“Me daba tristeza ver a los chicos todo el día en la calle. Me dolía que los padres no llevaran a vacunar a sus hijos con lo importante que es. Eso y otras cosas que se veían. Entonces siempre pensaba, ‘algo tengo que hacer por estos nenes’, y así se me ocurrió lo de la escuela de pesca”, cuenta. “A ellos les encanta pescar, muchos están todo el día en el arroyo, y me pareció que era una manera de sacarlos de la calle y también de ayudarlos con otras cosas”, agrega Claudia en la cocina de su sencilla casa de Buchardo al 1000 donde por estos días funciona la escuela. 

Su sede real es Cáritas Nuestra Señora de Luján, en avenida Alem al 1151, pero no pueden usar el salón porque lo están pintando.

Casa por casa 
Así fue que hace cuatro años y con la ayuda de su esposo, sus hijas, y algunas manos amigas, puso en marcha su proyecto. “Arranqué yendo casa por casa explicándoles a los padres que abría una escuela de pesca. No había otra manera de hacer conocer la idea”, cuenta.

El arranque fue con apenas cinco chicos, pero lejos de decepcionarse, Claudia le puso garra y mucho amor y eso hizo que con el paso de los meses se fueran sumando más alumnos. “Ahora tengo dos grupos que están separados por edades. Los más grandes, de 12 a 14 años, vienen de 8 a 11 los martes, miércoles y jueves. Los más chicos, de 9 y 10 años, de 17 a 18. Y los viernes a la mañana voy a la salita de Colegiales para darles a los chicos del barrio. Ahí el horario es de 9 a 11”, explica Claudia que se gana la vida como empleada doméstica. “Podrían venir más chicos, pero ya no tengo lugar, y si son grupos más grandes se complica un poco trabajar bien y ordenado”, dice. 



Aunque aclara que los chicos se portan bien y la mayoría tuvo un notorio cambio de actitud desde que comenzaron a ir. “Han progresado mucho. Cuando arrancaron tenían muy malos modales, entraban y ni siquiera saludaban. Ahora vienen, te dan un beso, te avisan que al otro día van a volver… A los chicos cuando les das cariño los cambiás”, cuenta con la mirada vidriosa Claudia, a quien desde lo material no le sobra nada, pero tiene un corazón más grande que el barrio. 

La única condición que tienen que cumplir los chicos para participar de la escuela es tener la libreta sanitaria completa. Ese fue el primer objetivo que cumplió Claudia, lograr que los nenes -a cada uno le arma un legajo- se vacunaran, “porque son ellos los que obligaron a sus padres a que los llevaran a la salita a dárselas”, comenta con una sonrisa de satisfacción. 

En una tarea que le demanda mucho esfuerzo y alcanza a cumplirlo todos los días gracias al aporte de personas que prefieren el anonimato, Claudia le da a los chicos la copa de leche, a los de la mañana y también a los de la tarde. La escuela de pesca arranca en marzo y termina a fines de enero. Cada día tiene un momento de teoría y otro de práctica. 

Claudia, con la ayuda de su marido y de sus hijas, a los chicos les enseñan a encarnar, filetear, a realizar los nudos, a atar los anzuelos y a confeccionar las líneas. Ellos les entregan todos los materiales, incluido material para escribir. 

Las líneas
“Tenemos un acuerdo con La Boutique de la Carnada que es muy importante para nosotros. Nos dan todos los elementos para las líneas, los chicos las arman y ellos nos las compran. Dividimos entre todos las plata y así los nenes empiezan también a saber lo lindo que es recibir una retribución por un trabajo”, explica Córdoba. 


Las líneas que los chicos hacen en la escuela de pesca son compradas por La Boutique de la Carnada


Una vez por mes visitan la escuela los guardaparques, gracias a Ricardo D’ Annunzio, secretario de Gestión Ambiental de la Municipalidad, para enseñarles a los nenes y adolescentes la importancia del cuidado de la fauna y del medio ambiente. Y también sobre cómo actuar en caso de encontrarse en las lagunas con víboras o arañas, por ejemplo. 

Además de explicarles cuándo están obligados a devolver el pez que haya picado y la obligación de no dejar basura de ningún tipo durante las excursiones de pesca. La salida a la laguna de Luján en noviembre es uno de los momentos del año más importantes para los chicos. 

Durante los meses anteriores preparan sus líneas, sus carnadas, y para esa jornada tan especial Claudia recibe ayuda de las distintas casas de pesca que le donan todo lo necesario para que el día sea una fiesta. La Municipalidad el año pasado puso el transporte y la Cooperativa Agraria donó dinero para la compra de masitas, leche y jugos. 


José Rodríguez, marido y maestro de Claudia, enseñándole a los chicos a encarnar


Del resto se encargó la “seño” y su familia, y aportantes anónimos. Hubo choripanes, hamburguesas y golosinas. “Es un día re lindo, porque además se suman algunas de las familias, que hemos logrado integrarlas también, y acompañan a sus chicos. Vienen con el mate y ayudan en lo que sea necesario. La verdad es que es algo muy emocionante”, asegura. No sólo es un día de pesca sino que además es el concurso de la escuela. “Esto también es lindo, porque les armamos el podio y les damos trofeos”, relata Claudia. 

“Las copas que entregamos son las que yo voy ganando en el año, las coronas las hacemos con los laureles que tengo en el patio de casa, las casas de pesca nos dan gorritas y otras cosas, y así armamos un gran torneo”, explica. El Club Cazadores le da una linda mano a Claudia con el aporte de cinco entradas para Las 24 Horas. “Eso es espectacular, porque las entradas las sorteamos entre los chicos. Y este año fueron con la familia, se armaron el campamento con la bandera de la escuela y tuvieron dos días inolvidables”, dice Claudia, que tiene un gran recuerdo del concurso de este año. “Mi marido con un chucho de 18,900 kilos se ganó el auto”, cuenta. 

El mar 
Aunque el evento del año para la escuela es la ida a Claromecó. Este año 15 chicos estuvieron una semana en la Colonia de Vacaciones al cuidado de Claudia y dos mamás que la ayudaron. En este caso, la Municipalidad se hace cargo de la comida y cede el alojamiento. 

“Varios de los chicos no conocían el mar, así que fueron días muy lindos para todos. Pescamos en el mar, lenguado en el arroyo, y además los llevamos a tomar un helado, a comer superpancho. Son días inolvidables para todos”, dice Claudia, y aclara que “los chicos se portaron re bien”. 

Mientras que lamenta que este año no podrá seguir recibiendo ayuda del municipio, que hasta ahora aportaba las tanzas, asegura que seguirá trabajando con las mismas ganas para que la escuela siga evolucionando. “Yo banco la escuela con mi trabajo, mis hijas y mi marido colaboran también, lo mismo que gente que se acerca y nos trae leche, ropa, cuadernos, útiles”, indica. 


“La pesca es una manera de contenerlos, y si vos les das cariño ellos te responden”, dice Claudia antes de posar con algunos de sus alumnos


“Hay que pensar en los chicos, hay que ayudarlos, porque en el barrio no tienen nada. Muchos dicen ‘esos negros de Los Ranchos’, los discriminan, pero son buenos chicos, que lo que necesitan es que les den oportunidades, y ser tratados como todos”, asegura con dolor y emoción. “Para mí es un orgullo ver cómo progresan acá”, completa “la seño”. 

La charla la interrumpe una de las nenas que le viene a mostrar a Claudia unas cintas para el pelo que hizo. “Porque ésa es otra cosa que aprendieron acá. Como las chicas venían sin peinarse y con el pelo suelto, empezamos a hacer las colitas. Y como les gustó, decidimos que los miércoles fuera el día de taller de costura. Así que aprendieron a coser, a hacer muñecas de trapo”, cuenta. 

“Y los varones también se animaron a ayudar con las muñecas, son los que pegan los ojos o fabrican el pelo… La verdad es funcionamos como una gran familia”, dice con la mirada húmeda Claudia, la creadora de ese “Mundo divertido” que disfrutan sus alumnos.