Gonzalo y Pablo, ex alumnos del Colegio Del Salvador que denunciaron al cura César Fretes (Clarín)

Interés General

Habría más de 10 víctimas

Un cura abusó de ellos en la escuela: 20 años después lo denunciaron y piden una reparación

17|07|22 14:30 hs.

Pablo Vio y Gonzalo Elizondo tienen 31 años y son exalumnos del colegio Del Salvador, una histórica institución que pertenece a la comunidad jesuita y que, a día de hoy, continúa siendo solo para varones. A más de 20 años de haber egresado, ambos denunciaron que un cura los abusó y piden una reparación al colegio. 


El cura denunciado es César Fretes, un hombre que ejercía su cargo como tutor y que murió en el año 2015 producto de un cáncer. En 2003, tres familias lo habían denunciado y desde el colegio decidieron trasladarlo a otra institución de la congregación en Mendoza.

Los jóvenes habrían sido abusados cuando tenían 10 y 11 años, en 2002. Dos décadas después, en charlas con otros alumnos, se enteraron que habían sido más de diez los abusados por Fretes. Pese a que el cura ya está muerto y el delito prescripto, fueron a la institución a hablar con las autoridades, que les devolvieron unas tibias disculpas. Ahora, buscan justicia: elevaron un reclamo administrativo ante el colegio y la congregación.

El documento refiere a daños morales, psicológicos y patrimoniales, y habla de la reparación integral planteada por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos. “Lejos están ambas víctimas de contar con una reparación que pueda calificarse de integral”, explica.

“El 21 de junio del 2020, envié una carta al Papa Francisco, que también perteneció a la Compañía de Jesús, solicitando que interceda para lograr respuestas concretas por parte de la institución. No he recibido respuesta”. 

Desde la comunidad jesuita afirmaron que están en contacto con las víctimas y que acompañan “como se puede”. “Ahora piden en el foro canónico una indemnización, vamos a estudiar el tema”, señaló Álvaro Pacheco, responsable de la Compañía de Jesús (en Argentina y Uruguay) de tomar las denuncias de abusos contra los miembros de la congregación religiosa.

El dolor en primera persona: los relatos de los abusos 
Pablo es comunicador y publicista, Gonzalo sociólogo. Asistieron al colegio religioso, que hoy cuesta $65.100 por mes, y contaron su historia a Clarín. “Fui al Colegio del Salvador a partir de sala de cuatro años, crecí y viví gran parte de mi vida en ese lugar. El primer tutor, la primera figura que tuvimos como acompañante, fue el padre César Fretes”, contó Pablo. 

Según el joven de 30 años, Fretes “era de esos curas que se te acercaba y sabía tu nombre, te daba un abrazo y te preguntaba cosas personales que no muchos otros curas dentro del colegio hacían. Generaba una confianza extra”. 

“César solía llamarnos a su despacho de forma individual. Lo confuso en mi cabeza es cómo eso derivó en el tema de la sexualidad, preguntándome si yo me masturbaba y si entendía que era lo que se generaba al masturbarse. Me explicó por qué y cómo el pene se paraba y ponía duro, me habló del líquido pre-seminal y de la eyaculación”, relató Pablo.

Gonzalo vivió algo similar. Transitó toda su primaria y secundaria en el mismo colegio, y a los 11 o 12 años, durante un “Encuentro con Cristo” (como llamaban a los retiros espirituales), fue abusado sexualmente César Fretes. “Mientras dormía en mi habitación, desperté en medio de la noche, y encontré a Fretes en mi cama, con una de sus manos dentro de mi pantalón, tocándome los genitales. Cuando desperté, comenzó a retirar su mano de mi pantalón y me dijo ‘estabas sonámbulo, te encontré en el pasillo y te traje a la habitación’. Nunca, ni antes ni después, fui sonámbulo...”, contó. 

Según explicó Gonzalo, Fretes era responsable de acompañar a los niños de sexto grado con los que tenía charlas privadas en su despacho. “Intencionalmente direccionaba los diálogos a temas sexuales. Esos diálogos me resultaban sumamente incómodos e invasivos”, explicó el exalumno. “Durante años no comprendí lo que había sucedido, y lo consideré un error o mero accidente. Los rumores entre mis compañeros de que había abusado de otros, me hicieron resignificar aquella situación que había sufrido”, aseguró.


El Colegio del Salvador es uno de los pocos del país que sólo tiene alumnos varones. Foto: Constanza Niscovolos.


El reclamo de las víctimas y la respuesta de la comunidad jesuita
El documento que elevaron las víctimas del abuso cita a la Convención Americana de Derechos Humanos para definir la reparación integral, planteada por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos. “Comprende la acreditación de daños en la esfera materia e inmaterial, al mismo tiempo que el otorgamiento de medidas como: a) la investigación de los hechos; b) la restitución de derechos, bienes y libertades; c) la rehabilitación física, psicológica o social; d) la satisfacción mediante actos en beneficio de las víctimas; e) las garantías de no repetición de las violaciones, y f) la indemnización compensatoria por daño material e inmaterial”, explica. 

El reclamo administrativo presentado cita al Papa Francisco: “Los delitos de abuso sexual ofenden a Nuestro Señor, causan daños físicos, psicológicos y espirituales a las víctimas, y perjudican a la comunidad de los fieles. Para que estos casos, en todas sus formas, no ocurran más, se necesita una continua y profunda conversión de los corazones, acompañada de acciones concretas y eficaces que involucren a todos en la Iglesia…”.

En diálogo con Clarín, Álvaro Pacheco, respondió: “Son hechos que se remontan a comienzos de los años 2000, contra un jesuita, el Hermano César Fretes, ya fallecido. Con estos exalumnos y otras víctimas estamos en contacto, acompañamos como se puede”. 

Con respecto a la denuncia de Pablo y Gonzalo, sostiene que “se reconoció su testimonio y se les pidió perdón”. “En 2003 fueron tres familias las que alertaron el tema, pero no quisieron hacer la denuncia penal. Es difícil cuantificar el número y el tipo de abuso”, agregó. 

Por último, aseguró: “Como no hubo denuncia penal de las familias, la Compañía hizo la investigación canónica, se lo trasladó para facilitar la investigación y para que no pudiera hacer más daño; de hecho, la investigación terminó con la dimisión”, asegura Pacheco. (Clarín y TN)




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