Iris Noemi Fiermari vda. de Avanza falleció el último jueves (foto de Jorge Pousa)

Opinión

Iris Noemi Fiermari vda. de Avanza, "Teté"

Trabajo de hormiga

26|06|22 11:29 hs.

Por Juan de la Penna (*)


Conocí a Teté cuando comenzamos a reunirnos para organizar un homenaje a las víctimas tresarroyenses del terrorismo de Estado. Corría el año 1995 y por primera vez en Tres Arroyos miembros de un organismo de derechos humanos nos juntamos con familiares de las víctimas. 

Teté llegó a una de esas reuniones y contó que no era madre, sino tía. Tía de Leticia Di Paolo. Hacía doce años que la dictadura había terminado. Todavía costaba despejar algunos prejuicios que el terrorismo había logrado instalar por estos pagos. Como qué en Tres Arroyos no había espacio para trabajar la Memoria. O que los familiares no estaban dispuestos a reivindicar públicamente a las víctimas del terrorismo. 

Como ocurre con muchos prejuicios, la marcha logró desvanecer los espejismos. 

Aquellas reuniones se sintetizaron en el objetivo de lograr tener un espacio permanente de memoria y culminaron con la inauguración de la Plaza de la Memoria.

Teté siempre fue de la partida. Siempre dispuesta, siempre optimista, portadora de su modo amable. Confiaba en que las cosas se consiguen cuando se persevera. Decía con su práctica, lo mismo que las Madres: “la única lucha que se pierde es la que se abandona”.

En aquellas primeras reuniones, contó que en 1976 vivía en Mar del Plata. Fue en esa ciudad donde sufrió los primeros embates del terrorismo de Estado. Participaba de un grupo terapéutico en el Hospital de la Comunidad. “Un día llegué al hospital y me dijeron que no volviera, porque el grupo se había disuelto. Después supe que habían secuestrado al coordinador”. 

En el 77 secuestraron a Leticia y su compañero. Alguna vez Teté expuso con valentía, sus sospechas sobre el compañero de Leticia como posible entregador de su compañera. Eso también hicieron los milicos con los familiares de sus víctimas, cuando estos salían a buscarlas. Estigmatizar a los secuestrados, sembrar dudas sobre su moral y su ética. Responsabilizar de las desapariciones a los compañeros de las víctimas. 

Teté logró deshacerse de ese lastre. Aportaba lo suyo y estaba dispuesta a escuchar y aprender. “Ustedes me enseñaron”, solía decir. “Ustedes me ayudaron a entender”. Siempre mostró calidez y amplitud. Era cordial y generosa. Era sabia. Son incontables sus viajes a distintas reparticiones municipales para lograr alguna mejora en la Plaza de la Memoria. Verdadero trabajo de hormiga. 

En todos estos años, vivimos las vicisitudes propias de trabajar con la Memoria Histórica. Como todo proceso, tiene sus controversias, sus altos y sus bajos. Ella nunca restó. Nunca marcó una diferencia para discriminar o dividir. Lo suyo era sumar, acumular para crecer. 

El filósofo Walter Benjamin enseñó que mantener viva la memoria de la barbarie, implica volver, una y otra vez, sobre el pasado, desde la controversia del presente. Que es imprescindible, desde todo presente, echar luz sobre el pasado.

Creo que eso Teté lo entendió y lo legitimó con su práctica. Desde este presente, en que el negacionismo parece cotizar en alza, el ejemplo que nos dejó Teté: ayuda a echar luz y a exorcizar demonios.

¡¡¡Gracias Tete!!!

(*) Para el nodo Tres Arroyos de la Red por la Identidad   




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