Ladda Ly, una argentina de todos lados

Sociales

Ladda Ly

Argentina de ojos rasgados

08|05|22 11:17 hs.

Por Valentina Pereyra 

Fotos: Marianela Hut 

El mundo es un pañuelo.

-¿Germán? ¿Germán?
-¿Ladda Ly? 

Sus nombres se mezclan con el aire matinal y el asombro del reconocimiento se funde en un abrazo. Manos, brazos, sonrisas se mueven como hilos desconcertados y felices. ¿Cuánto pasó? Cuarenta, treinta o quién sabe bien cuántos años. Ladda camina al sol por uno de los caminos que conducen hacia el centro de la plaza España y su amigo de la infancia charla amigablemente con un vecino.  

-¿Cómo me reconociste? ¿Dónde estuviste? 
Demasiadas preguntas para responder en unos minutos, además, el vecino sigue con su charla sin advertir que dos niños adultos corren sin freno hacia un pasado compartido.

-Veámonos después de almorzar, venimos con las nenas y charlamos tranquilos. 

El escenario se arma en un santiamén, las sillas de playa alrededor de uno de los bancos de la plaza, la matera, dos hermosas tazas de estilo para el té, los termos y el auditorio: Dos niñas de diez años, Martita, que oficia de anfitriona al aire libre, y los dos amigos que hurgan historias. 

Las preguntas brotan de un lado y del otro sin que el aire fresco del otoño tresarroyense arrugue una sola de las palabras. 

"Hay una cosa muy importante que me hace regresar a la Argentina. El amor, que es maravilloso. Amo, y amo a Argentina que es mi tierra." 

Ladda Ly Vongsanith es argentina, no reside en nuestro país, pero cada vez que puede vuelve a su patria. Tres continentes giran mientras ella hace pie en uno y en otro, algunas veces sin poder controlar sus movimientos y otras, anclándose en el para siempre momentáneo.

Ladda Ly nació en Laos, creció en Argentina, vivió en Londres y actualmente reside en Barcelona.

El ovillo de recuerdos circulares se entrelaza y el hilo larguísimo sigue, sigue… Ladda siempre vuelve. 

La nación del sudeste de Asia en la que nació no tiene salida al mar. Danzan a su alrededor China, Vietnam, Camboya, Tailandia y Birmania. Su familia materna se trasladó de Tailandia a Laos porque su abuelo era director de una escuela secundaria y fue contratado por una institución de ese país. Su abuelo paterno era tornero en China. Vivió allí hasta que la empresa francesa para la que trabajaba se instaló en Laos. "Papá es Hong-Heng Ly, mamá se llama Pinekham Vongsanith, ambos profesan el budismo, yo decidí ser católica por una cuestión de convicción. Las otras familias que vinieron con nosotros se fueron la mayoría a Misiones, otros a EEUU o a Canadá, algunos están por Rojas, Chacabuco y Cañuelas. Hay otra familia que está en Dorrego, y se dedican a la venta de ropa”. 


Con German, Ladda pergeña una amistad de decenas de años


Emigrar
-¿Sos loasiana verdad? 
Martita sirve el té y brindan antes de que el viento arrastre alguna de las hojas que remolinean cerca de nosotros. Ladda se echa hacia atrás y sorbe. “Ni mi hermano Patthaná ni yo somos laosianos, aunque nacimos allí. Sólo se obtiene esa nacionalidad si hay algún lazo sanguíneo nacido en Laos y nuestros padres son chino y tailandesa”. 

Tal vez el apuro para que los refugiados asiáticos ingresaran al país, o la impaciencia de algún empleado público, o la decisión de un funcionario poco leído, determinó que todas las familias refugiadas que llegaron a Argentina fueran inscriptas como laosianas aunque hubieran nacido en Vietnam, China, Tailandia o Camboya. 

El cambio de gobierno en Laos puso en peligro a la familia Ly. El padre no congeniaba con el comunismo y después de presenciar un asesinato y una explosión al lado de su casa, decidió que la prioridad era la seguridad familiar. La desolación los impulsó a cruzar el río Mekong hacia Tailandia. Los padres de Ly en Laos eran extranjeros, también sus hijos, el entorno peligroso y las oportunidades nulas. 

En Bangkok, en el campo de refugiados, se instalaron en una de las casas de madera a la espera de un destino. Las Naciones Unidas realizaron convenios con Estados Unidos, Canadá y Argentina para que recibieran a estas familias. “Mi papá se apuntó en los tres, pero nos radicamos en el primero que ofreció la residencia”. 

En el año ‘86, diez años después del arribo de la familia Ly, a través de Naciones Unidas lograron que su abuela pudiera residir en nuestro país, pero no pudo adaptarse ni al frío, ni al idioma. “Ella se volvió y ya no volví a verla”. 

Palabras raras 
El 1º de noviembre del ‘79 el gobierno argentino y la Comisión de Naciones Unidas dispusieron que las familias “laosianas” se instalaran en la Colonia de Vacaciones de Claromecó.

“Nos esperaron con banderitas argentinas y manteles con la bandera pintada, yo tenía siete años. Nos aplaudieron al llegar y nos entregaron las banderitas, ahí nos distribuyeron. Nadie hablaba español, ni una palabra, mi papá en francés y en inglés y por eso podía comunicarse mejor. Algunos se fueron de sus países perseguidos y otros querían un futuro, una nueva oportunidad de progresar”. Las primeras palabras en castellano las aprendió en la colonia: Buen día, buenas tardes gracias, ¡a comer! 

Los Ly se comunican en varios idiomas. El papá habla en cantonés, la mamá en tailandés y Ladda responde en ambos idiomas. Con Susana, su hermana nacida en Argentina, todos hablan español. Además, en la actualidad, habla en catalán con su hijo Philip de 20 años, estudiante de comercio internacional, y da clases de inglés, lengua que adoptó durante su residencia en Londres. 

Después de estar un mes en la Colonia de Vacaciones de Claromecó distribuyeron a las familias con otras de acogida. “Nosotros fuimos con los Dibbern y vivimos con ellos en Claromecó, en el campo, en Tres Arroyos, fuimos sus protegidos”. 

Relojería y escuela
La familia de Ladda se instaló en una casa de la calle Derqui 180 y allí su papá abrió el 11 de mayo de 1980 una relojería, oficio que ejercía en Laos antes del exilio. 

Ladda asistió unos días a la Escuela N°1 y luego fue al Colegio Holandés para hacer primero y segundo grado. “Entre todos rubiecitos, la única morena, pelo cortito y achinada era yo. Me sentía como un pato. Hablaba muy poquito, así me contó mi amiga Florencia Dionisi. Me costó adaptarme y los primeros amigos que tuve y me aceptaron fueron Germán Scarabotti, Martín Doñate y Florencia Dionisi. Siempre estaba con ellos. También recuerdo a Diego Pennini, me sentaba detrás suyo, a Federico Ureta, a Alejandro Vis que se sentaba al lado de la pared y yo en el segundo banco. El director, Roberto Zijlstra y la señora Teresa Douma, mi maestra, me protegieron y eso no lo olvido”. 

Por las tardes Ladda iba a aprender bordado con Elvira Hoffmann y a danzas con (Ismael) Jaka en compañía de Erna y Nelly Dibbern. “Fue lindo compartir con las chicas esas actividades, también íbamos a piano. Aprendí con su mamá Sonia a jugar a las bochas y a disfrutar de los baños de mar”. 

Fluyen las anécdotas y envuelven las manos apretadas de Ladda y Germán que siguen sorprendidos por el encuentro. Los pastelitos con corazón de membrillo invitan a otra vuelta de historias.

Los estudios primarios los terminó en la Escuela N°1 y comenzó la secundaria en el ex Colegio Nacional. “Repetí porque una profesora de lengua me exigía hablar bien el idioma y abandonar los otros. Entonces se presentó mi mamá y le dijo que si fuera una cuestión de hablar bien el castellano, el resto de sus alumnos no deberían llevarse la materia. Sin embargo, nadie escuchó sus argumentos y tuve que hacer de nuevo ese año”. 

El pase al Colegio de Hermanas duró unos años hasta que papá Ly abrió otra relojería en Necochea que estuvo a cargo de su mamá y de ella. “Fue un año horrible, no me aceptaron para nada”. 

Finalmente regresó al ex Colegio Nacional y se recibió ahí. “Las mellizas Larragione, las mellizas Maté fueron compañeros de la Escuela 1, Josefina Llopis jugaba conmigo cuando iba de visita a la casa de su abuela; Laura Hansen, Patricio Méndez Mansilla; jugaba con Javier Nemet, y con Conrado López Sutric con el que íbamos de la manito en la fila porque nos sentábamos juntos en la primaria. Nos dejamos las rodillas en la plaza Italia andando en patineta. Fabián Troncoso, Diego Insúa, Manuela Fernández Villanueva, Adriana Alonso, todos queridos amigos”.

Cada viaje multiplica los encuentros, “visito las diferentes amistades, al Pichu Rodríguez, a Gastón De la Cal, a Bardoni, a las amistades de la pileta de Costa Sud, Luana Elcuaz, Josefina Sand, Lorena Satini, Moira y Guillermo Brajovich, Verónica Shortrede, Andrea y Marcelo Lacha. Los padrinos de mi hijo, Hugo Saucedo y Olguita Medina”. 

Por sus ojos rasgados cayeron muchas veces lágrimas a causa de la no aceptación. Hubo sin embargo, preciosas excepciones.  

¡A trabajar! 
Durante los veranos y en épocas de fiestas de fin de año trabajó con Vicente De Francesco en Vinoteca Los Toneles, en la caja de Supermercado Sol, en la cafetería de la YPF. 

Estudió en la Escuela Agropecuaria de Tres Arroyos perito en granos y “me apunté para estudiar comercio internacional en la Universidad de Belgrano”. 

-¿Cuándo te fuiste? 
La vida tiene esos intersticios y las calles tresarroyenses los suyos. En una esquina quizá, o en una plaza tal vez, Ladda conoció a su novio británico.  


Un abrazo que esconde mil anécdotas


-¿Qué hacía acá?
Estaba en nuestra ciudad porque era profesor de intercambio por la British Council en la EATA. “Nos fuimos a vivir a Londres, él siguió con su trabajo en Japón, pero hubo un clic y nos separamos”. 

Ladda se quedó en Londres y trabajó allí hasta que conoció a Xavier, el papá de su hijo y decidieron irse a vivir a Cataluña. “En Barcelona doy clases de inglés y tuve cursos de primario”.

El abrazo es infinito, la amistad también. “Soy argentina, eso digo siempre. Los recuerdos son lo que más llevo y por eso, por amor soy argentina, a pesar de mis rasgos asiáticos o mi acento español”. 

Las nubes grises cubren el cielo y lanzan disimuladas gotas frías que hacen patitos en el té. Los sorbos apuran el trámite y el tupper cierra el día de pastelería en la plaza. Se pliegan las sillas y las camperas abrigan la tarde. Ladda tiene otro encuentro y la familia de Germán vuelve a casa. Otro abrazo y la promesa del reencuentro. 

Tresarroyense, argentina, no importa qué diga su documento, Ladda agrega nuevos hilos al ovillo de sus recuerdos. 



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