Los policías hallaron en los fondos de una casa deshabitada los 300.000 dólares

Policiales

Desde la Redacción

El “deber policial” y su contexto de precariedad

18|04|22 10:59 hs.

Por Enrique Mendiberri


El último martes, dos jefes policiales de Tres Arroyos hallaron en el patio de una casa deshabitada un bolso con 300.000 dólares que momentos antes habían sido arrebatados a una jubilada tras la práctica de un “Cuento del Tío”.

El dinero fue encontrado en su totalidad momentos después que el ladrón logró darse a la fuga junto a los cómplices que lo levantaron en la casa donde se había refugiado, luego de perder en su corrida al hijo de la víctima que lo siguió en los primeros metros tras el arrebato a la mujer engañada, cuando regresaba de retirar de una caja de seguridad bancaria el dinero que su padre le dejó al morir. 

De esta manera, un episodio que debería ser natural, inundó de gratitud a todos los vecinos que siguieron la noticia y, particularmente, a la damnificada que, con una carta abierta, agradeció el compromiso y la honestidad del titular de la Policía Comunal, el comisario Juan Walter Fernández, y el jefe de la Comisaria Primera, el comisario Fabián Kormann. 

Es cierto que ambos cumplieron con su deber y que la devolución formó parte de “lo que tenían que hacer”. De hecho, al día siguiente, el Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, ni siquiera se refirió al caso en su visita a Tres Arroyos, antes de anunciar parte de las urgentes inversiones en el edificio de la Comisaría Primera y la cesión de otros no menos necesarios diez patrulleros para el CPR local. 

Fue fácil imaginar que, por esa noción de cumplimiento del deber, es que Berni no se refirió al logro de los jefes policiales de Tres Arroyos durante la visita que hizo a nuestra ciudad. Está claro que destacar esa acción corría el riesgo de transformarse en un arma política de doble filo, ya que sería subrayar una actitud lógica en una institución donde supuestamente no abundarían esos gestos; a pesar de no ser así, ya que, de hecho, hubo un antecedente reciente en Adolfo Gonzales Chaves tras un episodio similar en el que se recuperaron 36.000 dólares.

Lo que “no debe ser” 
¿Pero entonces por qué nos llama la atención y se destaca una acción que debería ser natural por parte de la policía? 

¿Será porque se chocan con una fortuna y no se tientan a sustraer nada cuando pasan su vida trabajando en las precarias condiciones que también estamos acostumbrados a ver? 

¿O porque forman parte de un sistema que cada vez garantiza más los derechos de, por ejemplo, aquellos que los agreden gratuitamente cuando cumplen con alguna disposición judicial? 

Berni, en su lógica, no destacó el acto de Fernández y Kormann, pero tampoco felicitó, por ejemplo, a los efectivos femeninos que muchas veces, en inferioridad de condiciones, afrontaron en no pocas oportunidades la resistencia de sujetos procesados o protagonistas en flagrancia de acciones violentas en perjuicios de otros ciudadanos indefensos, cuando lo ideal debería haber sido disponer de hombres ausentes por insuficiente disponibilidad en esas emergencias. Por no citar a los patrulleros destruídos en los que solemos verlos transitar a diario en las calles de nuestra ciudad y, mucho más, en localidades cercanas al AMBA; donde en tiempos de pandemia se filtraron imágenes de uniformados hacinados en un frío galpón tratando de descansar antes de volver al cuerpo a cuerpo de esa inédita circunstancia que fue el ASPO. 

Por eso, más allá de los antecedentes que muchas veces contaminan a la institución y hacen “llamativas” este tipo de noticias, cuando se ponen sobre la mesa las obligaciones propias de la función que los responsables de nuestra seguridad “deben” cumplir, sobrevive la observación de las condiciones en las que “deberían” hacerlo y en las que, como el martes en Tres Arroyos, finalmente las cumplen.  



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