El presidente Alberto Fernández dio a conocer el viernes el acuerdo con el FMI

Opinión

Editorial

Deja Vú

30|01|22 09:26 hs.


Escuchá la editorial en la voz de su autor, Diego Jiménez


Un país político y económico esperando la noticia. Una noticia que llega a última hora. Un Presidente que anuncia la novedad sin muchas precisiones. Un ministro en conferencia de prensa que puntualiza lo que el Presidente no hizo. Frases que intercalan reproches a gobernantes anteriores. Análisis del comunicado.

Palabras que buscan connotar seriedad, previsibilidad, claridad, y seguridad. Oposición, mayoritariamente, impostando madurez, midiendo palabras y presentando caras de seriedad. Medios divididos en su interpretación de la información, dólar blue bajando, acciones argentinas subiendo, riesgo país descendiendo y la izquierda renovando su pataleo ideológico.

Economía real, variables macroeconómicas, inflación, déficit fiscal, baja de subsidios, ajuste, equilibrio, crédito externo, pobreza, política previsional, bonistas, crecimiento, sustentabilidad, bancos internacionales, organismos de crédito, confianza, expectativas, emisión monetaria, indicadores económicos y sociales, acuerdo, entendimiento, default, emisión monetaria, inversiones, devaluación, tarifas, Estados Unidos, Unión Europea. 

Vida pasada, recuerdo real, sensación de ya vivido, circunstancias parecidas, contexto similar, repetición, te conozco de algún lado, otra vez de nuevo, experiencia transitada anteriormente, paramnesia.

El viernes pasado muchos sintieron que les ocurría lo mismo que a Bill Murray en su película Hechizo del Tiempo o Día de la Marmota (Groundhog Day, 1993), en donde el protagonista transita recurrentemente el mismo día sin ninguna alteración. Atrapado en un bucle de tiempo, que lo lleva hacía el pasado una y otra vez, Murray, vive las mismas cosas repetidamente. La media mañana del último día hábil de la semana parecía calcada, una copia exacta de otras, de otro tiempo, pero parecida al presente. 

Gestos, oraciones, escenarios, actores principales y secundarios, pausas, silencios, guardias periodísticas, vivos en los lugares claves, sets de televisión, panelistas repetidos, ex negociadores, economistas de la “City”, un desfile previsible de una mañana cuya singularidad consistió en carecer de originalidad. Y como en toda historia que vivimos de manera repetida, no falta el villano impiadoso, insensible, gélido. Un hombre de la bolsa, un “cuco” de las finanzas internacionales que ataca, una y otra vez, a la natural bonhomía de argentinos y argentinas. Así escrito, en un adecuado lenguaje, políticamente correcto. 

Argentina y el Fondo Monetario Internacional, un clásico oxidado, una relación conflictiva, neurótica, un ida y vuelta frustrante, un revival que refleja un costado significativo del fracaso colectivo argentino. Un vínculo anormal, solo posible porque ambas partes no miran con realismo sus dificultades particulares y las que supieron construir en común.        



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