Mar del Plata fue el epicentro de algunas de las noticias políticas de la semana

Opinión

Editorial

Sorteo y petróleo en La Feliz

16|01|22 09:52 hs.


La Editorial, en la voz de Diego Jiménez


Mientras la ola de calor y sequía sacude al país, con sus coletazos de incendios, cortes de luz, días sofocantes y alarma productiva, no solo agropecuaria, sino también en amplios sectores de la economía, Mar del Plata se convirtió en el epicentro de algunas de las noticias políticas de la semana. 

No por relevante, pero si por su frivolidad, patetismo y vulgaridad, el sorteo de la dieta de un legislador autodenominado libertario, concitó interés mediático y de inscriptos, show que dejó nuevamente en evidencia el desprestigio de la clase política. Espectáculos circenses que sortean dinero montados por políticos en funciones, agudizan esa debacle y deberían ser reprobados en bloque, en una nación golpeada por la pobreza, la exclusión y la incertidumbre económica. 

Martín Amis, escritor británico radicado en los Estados Unidos, analiza en varios artículos incluidos en su libro “El roce del tiempo” (2017), la transformación que sufrió el Partido Republicano desde el año 2011 hasta la irrupción de Donald Trump. Señala que este último no expresa el alma norteamericana, como pensaban de ellos mismos en su origen los republicanos, sino las vísceras del país. Es decir, la bronca, el desaliento, la ausencia de esperanza y la inquietud ante el futuro. Dos sentires, por cierto, sustancialmente diferentes. El primero manifiesta lo mejor del país en su diversidad, integración, riqueza económica y cultural. El segundo, más ramplón, producto del enojo y contaminado de ira, en donde afloran cómodamente el individualismo, la xenofobia y los prejuicios. 

Trump captó esta última sensación y la manipuló, expresándola con un lenguaje crudo, frontal, directo, misógino, machista, anti diversidad, negacionista del cambio climático y favorable a otro conjunto de ideas de penosa historia. 

Espectáculos circenses que sortean dinero montados por políticos en funciones, agudizan la debacle y deberían ser reprobados en bloque


El espejo de Brasil, nuestro vecino de siempre, con su presidente en todo parecido al ex mandatario norteamericano, salvo en el idioma en que destila improperios e ideas medievales, debe ser una alerta para la política nacional. Si no cambia, si no se renueva en nombres, ideas y prácticas corre peligro de darle cada día más espacio a la aventura de personajes de escaso vuelo e ideas, que pueden llegar el poder más alto de nuestra democracia, valiéndose de las herramientas de un sistema que íntima y públicamente desprecian. 

La visión de mástiles de embarcaciones y yates, lanchas particulares, deportistas acuáticos, nadadores a mar abierto, bañistas y de un horizonte despejado cuando la actividad humana se ralentiza, puede trastocarse si desde las costas de la ciudad feliz se comienzan a observar empresas exploradoras de combustibles fósiles. Es consustancial a un país de escaso desarrollo embarcarse en este tipo de actividades. Contradictorio al fin, cuando el mundo al que nos queremos parecer está mutando hacia la generación de energía limpia. 

El gobierno argentino, que se ve asimismo como progresista, en un espejo de dudosa claridad, debería tener un poco de audacia e interés en el futuro. Minería a cielo abierto, Vaca Muerta y ahora, petróleo en Mar del Plata, actividades de conocida y probada reputación anti sustentabilidad medio ambiental, deberían borrarse paulatinamente del porvenir económico del país. Fundar la esperanza en las cosas que la destruyen, es un contrasentido infantil y peligroso. 

Mar del Plata, sin quererlo, más interesada en turistas que recorren la bella fisonomía arquitectónica de su costanera Peralta Ramos, que se bañan en sus playas, que disfrutan de comida y bebida en sus restaurantes y bares, se encontró doblemente contaminada, por las nuevas formas de la vieja política y por un falso futuro que quiere asomar en el horizonte de su mar.   



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