Sociales

Por Elina Amado

Una navidad diferente

26|12|21 21:42 hs.

Hace muchos, muchos, años, tantos que cada vez la recuerdo más clara y vívidamente, navidad era esperar en la nochebuena para los regalitos que el Niño Jesús nos dejaba en el árbol de Navidad. Mi madre amorosamente había confeccionado y cosido ella misma pequeñas bolsas de tela roja y las había llenado de variados tesoros, para luego colgarlas de las ramas entre los brillantes soplillos de vidrio y adornos de guirnaldas. 


Transcurrida la ansiosa vigilia abríamos las artesanales bolsitas desparramando las golosinas y juegos de mesa que nos tocaban en suerte. Mi nona vaticinaba toda la víspera que el Niño Dios nos haría buenos lo que me hace suponer que esa expresión de deseos sugería algún cambio de conductas infantiles que desconozco si se materializó.

Eran Navidades felices, con familia reunida y sin más luces que las que pendían del arbolito y las del parpadeo de las luciérnagas que vagaban sobre el trigal. La celebración era austera, genuina y corta. Mi padre al otro día debía continuar con la cosecha asique nos íbamos a la cama temprano. Un poco más alborotados que de costumbre. Algunas infortunadas luciérnagas capturadas y encerradas en un frasco de vidrio, seguían acompañándonos en el dormitorio con sus destellos de luz. Avivaban el clima festivo que nos embargaba. 

He sumado tantas navidades que sería imposible recordarlas a todas con la nitidez de aquellas. De lo que sí estoy segura es que añoro la esencia de aquellos simples y austeros festejos. 

 Esta será la segunda Navidad en pandemia, condicionada por la necesidad de cuidado, distancia, ventilación etc. Cercenando los abrazos y limitando la cercanía física con los adultos mayores. 

Más que nunca Navidad nos estimula al regocijo del encuentro desde los afectos cercanos, los sentidos y expresados con hechos. No nos quedemos en los te quiero fáciles que estas festividades promueven. Te quiero es te acompaño, te escucho, estoy…pero estoy de verdad… no en palabras bonitas. 

Escucho a diario personas que dicen querer dormirse y despertarse cuando ya hayan pasado las fiestas…las detestan. En verdad están solas o han sufrido pérdidas tan dolorosas que este mandato de que es navidad y hay que estar feliz y pum para arriba las supera. No pueden entender que otra gente celebre con costosos regalos, glamorosos atuendos e interminables orgías gastronómicas. A mi entender tanto quienes huyen de la celebración como quienes se quedan en el afuera, en el envoltorio excesivo, son dignas de compadecer. 

 Dijo Anthony de Mello, “Hay gente que señala a Dios con el dedo y ve a Dios, hay gente que señala a Dios con el dedo y solo ve el dedo” Que la Navidad sea Navidad. No nos quedemos en ver el dedo. 

 Hoy tenemos una Navidad con nuevos y dolorosos espacios por sillas vacías de los que se llevó el “maldito virus”. Lugares de los que se cuidaron o no se cuidaron, poco importa frente al lamentable desenlace desentrañar como fue que ocurrió. Ocurrió… y ahora pensar en los si hubiera, si las vacunas, si el gobierno, si los cuidados… no tiene caso. 

 Ojalá podamos ver con los ojos del alma y festejar sin estridencias ni ostentaciones que a la postre resultan obscenas… Y que las presencias pesen más que las ausencias. 

 Si algo nos enseña esta pandemia es a vivir en la incertidumbre, en la falta de certezas, disfrutemos hoy con los que están y también porque nos ha sido dado estar. No perdamos nuestro valioso tiempo porque es limitado. No nos atiborremos de ruido, gente regalos y comida. La esencia de la navidad y mucho más la de una navidad en pandemia es otra. Tanto personal de salud que dejó la vida por cuidarnos. Tanto personal de salud que estará en estas fiestas de guardia, haciéndose cargo, cumpliendo su misión. Tanto para agradecer y bendecir. 

Navidad tiene en este año que ya termina un significado más profundo…vivámoslo en plenitud, elevando la vista al cielo para renovar la Fe y la esperanza. 



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