Policiales

Los asesinatos ocurrieron en 2011 y 2019 en Miramar

El crimen de Gastón Bustamante, de su papá y la casa que guarda los secretos

08|12|21 11:40 hs.


Por Fernando Delaiti
(de la agencia DIB)

“Andá tranquila ma, que yo te llamo”, le dijo Gastón a Verónica, su mamá, según ella contó después ante la Justicia. Era el 21 de noviembre de 2011 a la mañana y todavía el pequeño tenía algo de modorra por el festejo de su cumpleaños número 12 la noche anterior. La mujer, como si fuese otro regalo, le permitió por primera vez quedarse solo en la casa de la ciudad de Miramar mientras ella salía a comprar unas plantas para una clienta en el vivero. Cuando volvió, menos de una hora después, encontró al hijo muerto, tirado en el piso de su cuarto, con una media en el cuello y una almohada en la cara. Había sido golpeado, estrangulado y asfixiado. 

El caso de Gastón Bustamante sacudió la opinión pública, conmocionó a la localidad costera y tuvo un sospechoso que luego fue sobreseído. Sus años de impunidad, sin embargo, chocaron con otro crimen, en la misma casa, que hicieron disparar todo tipo de teorías. A Carlos Bustamante (66), el padre de Gastón, lo atacaron en su cuarto. Lo golpearon con brutalidad primero mientras dormía, y horas más tarde, en el living. Su cuerpo ensangrentado aguantó en el hospital hasta el día siguiente, pero el 23 de marzo de 2019 se apagó. 

Al igual que en el crimen del pequeño, ese día no hubo ladridos de los perros, como si los animales conociesen al atacante. Ambos fueron golpeados en sus cuartos, no existió violencia para ingresar a la vivienda y los dos cuerpos tendidos en el piso fueron descubiertos por la misma persona: Verónica González, la mamá de Gastón y esposa de Carlos. La única diferencia es que por el homicidio del hombre ella quedó detenida. Y actualmente espera el juicio que la puede condenar a seguir sus días tras las rejas. 

El inicio del horror 
Cuando aquella mañana de 2011 Verónica volvió a ingresar a la casa de la calle 27 entre 46 y 48 del barrio Las Palmas encontró a su hijo tendido en el piso. Según los investigadores que llegaron al lugar en ese primer momento, el (o la) criminal robó 300 pesos y habría querido llevarse una TV que trasladó del cuarto matrimonial a la cocina. Pero al final no lo hizo, y sobre la pantalla del aparato de marca Kenia de 14 pulgadas quedó una huella que, se pensó, podía ser clave para resolver el caso. La marca era de Julián Ramón, la pareja de Rocío, hermana de Gastón. 

La primera hipótesis era que Ramón había entrado a robar 5.000 pesos que iban a ser depositados en un plazo fijo y al ser descubierto por el niño lo mató para que no lo delate, porque no quería perder a su novia. No hubo puertas ni ventanas forzadas, ni ladridos de perros, lo que indicaba que aquel que ingresó era conocido. Además, para los pesquisas, la ferocidad del ataque indicaba que el homicida pertenecía al círculo íntimo de la víctima. 

Horas después del asesinato fueron demorados dos albañiles, pero recuperaron rápidamente la libertad. Luego, el 6 de diciembre, llegó el turno de Ramón, quien había participado en las marchas para pedir Justicia y en la que vecinos de la localidad atacaron a la Municipalidad por la falta de respuestas y avances en la causa. Sin embargo, el joven de 24 años también fue liberado por falta de mérito, aunque siguió investigado un tiempo más. ¿Y sus huellas en el televisor? Para la Justicia no eran compatibles con las de agarrar el aparato para trasladarlo sino más con las que quedan al girar el ángulo de visión. 

Con todo lo que significa el dolor de la pérdida de un hijo, la fiscalía también puso la lupa sobre su madre. Algunas actitudes en el velorio y el relato sobre sus movimientos esa mañana quedaron en la mira. De hecho, la Justicia le intervino el teléfono. Sin embargo, el tiempo pasó y las sospechas tanto contra González como contra Ramón fueron perdiendo fuerza. Este último fue sobreseído en todas las instancias, aunque la última revisión debe darla la Corte Suprema de la Nación. 

El segundo golpe 
Pasaron casi ocho años para que la misma vivienda volviese a mancharse con sangre. Mientras que la madre de Gastón esperaba que un juicio lleve a Ramón al banquillo para determinar si había sido el autor del crimen, Carlos Bustamante, fue sometido a una salvaje golpiza el día 22 de marzo de 2019, y un día después murió tras agonizar en un hospital marplatense. 

Esa mañana, González salió un momento y regresó a su casa donde Bustamante dormía. Entre el mediodía y las 13.15 fue al banco, donde fue captada por las cámaras de seguridad. Minutos después dejó la moto en la puerta de la vivienda y fue hasta un almacén cercano. Volvió a la casa y se encontró con su hermana, Susana, con quien la noche anterior había estado viendo una novela en la TV. Fue allí cuando lo encontraron ensangrentado sobre el piso del living. 

De acuerdo a la reconstrucción posterior, al hombre de 66 años lo atacaron temprano en la mañana mientras dormía. Luego, más tarde, le volvieron a pegar con violencia, pero esta vez en el living. No sabe, eso sí, cómo llegó hasta allí. Los peritos descubrieron rastros de sangre limpiada y la ropa de González recientemente lavada. También material que la incriminaba debajo de sus uñas y testimonios de vecinos que la complicaron. Aunque se desconoce el móvil, la mujer permanece detenida en Batán desde un primer momento. Las pruebas son sólidas y la Justicia sumó los peritajes psiquiátricos necesarios para confirmar que la acusada comprendía la criminalidad de los actos que se le imputan y de los que jamás se defendió. 

 "La muerte del papá de Rocío se podría haber evitado", dijo Ramón tras ese hecho en 2019 y al romper un largo silencio. “Hace ocho años que me están torturando”, agregó. Ahora, él, como Rocío, la hermana de Gastón, espera el juicio a González, que iba a realizarse este año pero por la pandemia seguramente tendrá fecha en 2022. (DIB).   

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