Leonardo Viana Beledo realizó un repaso sobre su vida futbolística

La Ciudad

Entrevista a Leonardo Viana Beledo

“Es maravillosa la cantidad y calidad de jugadores que pasaron por Tres Arroyos”

21|11|21 11:14 hs.

Por Alejandro Vis 


 Cuando Leonardo Viana Beledo era un adolescente que jugaba en River Plate de Uruguay, en las divisiones formativas, no imaginaba que su destino algún día sería Tres Arroyos, en el sur de la provincia de Buenos Aires. 

Nada sabía por entonces de nuestra ciudad, a la que llegaría años después, en 1990. Nació en 1969 en Las Piedras, en cercanías de Montevideo. Una ciudad donde se crió en familia, con una infancia que es reflejo de otros tiempos. “El aburrimiento no existía, siempre teníamos una pelota, el vecino o el amiguito. Y era eso. Todo ha evolucionado, no reniego, pero sí digo que era una infancia mucho más deportiva, en los clubes de barrio, incursionando siempre en el fútbol”, reflexiona. 

Se crió en una familia numerosa. Con la guía de sus padres, quienes ya no están, y el acompañamiento de seis hermanos, cuatro mayores y dos menores que él. 

En 1984, los Viana Beledo “cruzaron el charco” para radicarse en la ciudad de Buenos Aires. Al describir las razones, habla de “una cuestión económica”, pero sobre todo de la dura situación en Uruguay por la dictadura. En Argentina, había asumido Raúl Alfonsín en diciembre de 1983 y se respiraba el aire renovado de la recuperación democrática.


En Gimnasia y Tiro de Salta, el ingreso a la cancha con su hijo Nahuel


 Se sumó a San Lorenzo de Almagro, siempre con las expectativas de llegar, dar el gran paso. Señala que “hice inferiores y partidos en Primera División, he estado en una lista de buena fe en el equipo de los famosos ‘camboyanos’, como se los conoció” y menciona, de inmediato, a “Malvarez, Marchi, Chilavert, Giunta, Siviski, Acosta, Ortega Sánchez, Gorosito, el turco Ahmed”. 

En lo institucional, San Lorenzo “era caótico” en aquellos años. Con carencias de todo tipo, sin condiciones mínimas para entrenarse, pero así y todo, el plantel logró alcanzar un muy buen nivel. Leonardo cuenta que “estaba a punto de firmar contrato, nunca llegó ese bendito telegrama”. Residían en el barrio de Villa Crespo y sus padres tenían una panadería, comercio en el que ayudaba. 

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 La llegada a Huracán tuvo un gran responsable. “Se dio la posibilidad con un técnico, Raúl Delucchi, quien había estado durante algunos días en Huracán. Me habló maravillas de Tres Arroyos, me trajo. Yo no tenía idea donde estaba la ciudad”, explica. 

Hubo un proceso de adaptación y admite que “me costó un poco”. Es que “estaba lejos de mi familia y debí habituarme a algo distinto. Pero todo se hizo más llevadero por las amistades, la convivencia con mis propios compañeros, vivíamos en una casa unos cuantos”. 


El equipo de Cipolletti, en la temporada 1998-1999, en el inicio del Nacional B


Comenzó a sentirse cada vez más a gusto, Descubrió características a las que otorga muchísimo valor, sobre todo la tranquilidad. “En los lugares donde he estado jugando al fútbol después, esperaba tener unas vacaciones y volver a Tres Arroyos, esto es otra cosa”, destaca. 

Ya es parte de nuestra comunidad. Menciona con precisión el día de su arribo, 25 de abril de 1990. El director técnico de Huracán era Miguel Di Lemme, quien “había trabajado con Bilardo en La Plata”. 

Jugó dos años en Huracán y otras dos temporadas en Quilmes. De los comienzos en el Globo, comenta que “había terminado el período de Hugo Zerr como técnico y se percibía una desilusión muy grande por ese torneo que se escapó, con la derrota ante Aldosivi en Mar del Plata”. 

De todos modos, el equipo tresarroyense no perdió el protagonismo y volvió a intervenir en una instancia similar; “vino Abel Coria a dirigir, con jugadores como Paquillo Sánchez, Miguel López, Dindart, en esos comienzos estaba Claudio García, Ochoa, Vega. Teníamos un buen plantel”. 

Luego lo incorporó Independiente de Lobería y en la etapa siguiente, Defensores de Juan N. Fernández, que había clasificado para el Torneo del Interior, equipo en el que posteriormente se desempeñó para la liga local. 


La Cuarta división de San Lorenzo, en 1987


Recibió un llamado de Estación Quequén de Necochea, donde “competimos en el primer Argentino A”. Se produjo su retorno a Huracán “para jugar un Torneo del Interior, tuvimos como rival a Almirante Brown de Arrecifes, entidad que me convocó al terminar esa temporada”. 

Vistió las camisetas de Cipolletti de Río Negro; Gimnasia y Tiro de Salta; General Paz Juniors, de Córdoba; y Ramón Santamarina de Tandil; tras lo cual volvió a Tres Arroyos. 

Es marcador central, pero conoce todos los puestos de la defensa. Dice, por ejemplo, que “me han ubicado de stopper por izquierda, cuando hacían línea de tres. Ocupé todas las posiciones del fondo”. Es derecho, pero no tenía inconvenientes en jugar con el perfil cambiado: “Había que ser práctico, cortar y entregar al que estaba más cerca, que la pelota llegue al que tenía las ideas más claras siempre”. 

En la Liga Regional Tresarroyense también se desempeñó en Olimpo, Huracán Ciclista y Villa del Parque, club en el que estuvo pocos meses hasta su retiro. 

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Siempre tuvo interés en seguir vinculado al fútbol. La elección de ser director técnico fue consecuencia de un camino natural que fue recorriendo, a partir de sus propios gustos. 

Cuando era jugador, vivió sus primeras experiencias como DT. “En Quilmes en 1993, ayudaba a Hobiague en las inferiores. Después en Ramón Santamarina dirigí también divisiones inferiores, me gustó y me gusta. Estoy identificado con esta actividad”, expresa. 


En la Primera de San Lorenzo. El 13 de agosto de 1989, en un partido ante Gimnasia en La Plata


La primera posibilidad como técnico en un plantel de Primera división fue con Recreativo Echegoyen en 2005, cuando se encontraba realizado el curso para desarrollar esta tarea. “Resultó extraño, en el sentido de que en el curso nos formaban para hacer un trabajo semanal y en realidad en Echegoyen veía a los jugadores el viernes y después del domingo. De todos maneras, es un trabajo que sumó”, observa. 

Tras un paréntesis, en 2011 quedó a cargo del plantel de Quilmes, lo que define como “una situación bastante frustrante por motivos que no venían a lo futbolístico y luego quedé al margen”. 

Volvió a integrar un cuerpo técnico en 2015 en Boca, como ayudante de Fernando Saldías. En 2018, recibió una propuesta de Unión, que ya había ascendido a Primera; “venía de una campaña media floja en la segunda parte de Fabián Sánchez, quien con anterioridad había hecho un campeonato extraordinario. Nos tocó asumir con el profesor Marcelo Ciparelli, se logró mantener al equipo en la categoría que era el objetivo y al año siguiente se hizo una campaña aceptable”. 

Desde marzo de 2020, es director técnico de Colegiales. Fue presentado ante el plantel y días después, en la misma semana, se inició el aislamiento obligatorio por la pandemia de Covid-19. “Se trató de un año atípico para todos. Sirvió para ir viendo material, analizando trabajos, ejercicios y planificaciones. Aunque siempre lo que es planificar queda sobre una tela de araña, porque esto es el día a día”, evalúa. 


En Huracán, con Silvio Peinado y Ceferino Díaz


Este año, el plantel comenzó a entrenar en febrero, hubo algunas pausas en las semanas con una situación sanitaria más compleja por el coronavirus, “hasta que todos los equipos logramos estar en carrera y disputar un campeonato”. 

 Considera que “lo hecho es satisfactorio. Siempre les pido un poco más a mis jugadores, pero estamos realizando una buena campaña”. 

Un aspecto que valora es que “con la excepción de Di Croce y Espinal, el resto son todos chicos del club. Es una satisfacción para ellos y nosotros estamos conformes en todos los órdenes. Tenemos un buen grupo humano, los jugadores con más experiencia son muy positivos y los que llegaron de inferiores vienen manejándose como los mayores, con orden, responsabilidad y compromiso”. 

 Su ayudante es Juan Blas y como preparador físico lo acompaña Marcelo Ciparelli, “con quien estamos trabajando juntos desde 2018”. 


Con la camiseta de Estación Quequén, a mediados de la década del ‘90




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 Por supuesto, conoció a Roberto Lorenzo Bottino. Pero no fue a través suyo que arribó a Tres Arroyos hace más de 31 años. “Me trajo un grupo de gente que juntaba un dinero, que colaboraba con el club. Después de estar afianzado acá, tuve el primer contacto con él”, puntualiza. 

Con la mirada en aquellos años, subraya que “uno se da cuenta que es maravillosa la calidad y la cantidad de jugadores que han pasado por el fútbol de Tres Arroyos. Formar parte de la historia de algún club como me ha tocado al ser campeón con Huracán o jugar en otro grande como ha sido Quilmes”. 

Por la jerarquía que alcanzó la Liga local, “venían jugadores de Buenos Aires, Olavarría, Tandil, Bahía Blanca, de todos lados. En ese momento tal vez no tomabas plena dimensión de lo que era jugar con Franklin Martínez o Pela Di Luca, con una trayectoria enorme, por decir ellos dos. Puedo hablar de Bermegui, Kohli, Ivanoff, una cantidad de muchachos también de El Nacional, Boca y otros clubes”. 


Junto a Ceferino Díaz, en Almirante Brown de Arrecifes


Sostiene que “hoy después de todas esas glorias que han venido y han participado, tenemos un presente bastante distinto en comparación”. 

Describe los esfuerzos de dirigentes, jugadores, de las instituciones. No obstante, manifiesta que “si bien todo va relacionado con lo económico, ha venido en una decadencia”.

Sobre este aspecto, agrega que “después de lo exitoso que ha sido Huracán, la Liga y todo lo que concierne al fútbol, creo que es tiempo de que Tres Arroyos tenga la aspiración de resurgir. La gente empieza a pedir otro nivel en lo futbolístico”. 

En el cierre de la entrevista, le agradece a este deporte porque le permitió “conocer lugares, personas, culturas. Quedan amistades. Defendemos una camiseta 90 minutos, luego tenemos una gran relación con compañeros pero también con muchos que han sido rivales, es algo muy bueno que me ha dado el fútbol”.   

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Los hijos y la ciudad

 Leonardo Viana Beledo, al hacer referencia a su familia, indica que “estoy separado, tengo tres hijos: Nahuel de 27 años, Micaela de 22 y Morena de 5”. Son muchas las fotos en la cancha con Nahuel, cuando era pequeño. Con énfasis, subraya: “Quiero estar cerca de ellos”. 

Valora mucho a su ciudad por adopción, que lo recibió en 1990. Afirma que “no tengo nada que decir de Tres Arroyos, la verdad estoy agradecido porque siempre me han brindado lo mejor. Lo mismo ocurrió en Lobería o en Necochea, donde me he sentido muy cómodo, también es un lugar que me gusta mucho”.  





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