En Dunamar, durante la entrevista con La Voz del Pueblo

Claro, Reta y Orense

Por Daniela Angerami, Fotos de Carolina Mulder

“La forma de vernos a nosotros mismos y de proyectar los cambios es cultural”

02|10|21 20:21 hs.

Jueves 30 de septiembre, jornada primaveral en Claromecó. Ese día me toco entrevistar a Nino Ramella, periodista gráfico con una amplia trayectoria. Amable, verborrágico, curioso. La entrevista la comenzó él conmigo, pero lo importante era su historia, el nacimiento de su vocación y cómo su aporte en gestiones culturales lo marcaron en la carrera. 


“Hay dos combustibles que alimentan el espíritu de un periodista, la curiosidad y querer contarlo”, mencionó al inicio de la entrevista con La Voz del Pueblo. 

A raíz de la invitación de sus amigos Henky Zwaal y Leonardo Bulla, aceptó viajar a Claromecó y emprender una recorrida por los pueblos de la región, donde solía pasar sus vacaciones de chico.

“Estoy aquí por invitación de mis amigos, vengo impregnado de una atmosfera de chico, aquí muy cerquita en la región vivían mis bisabuelos que tenían un campo en Oriente. Yo pasé mis vacaciones de verano hasta que tuve 12 años en Necochea”, señala. 


Nino Ramella describió la dimensión amplia de la cultura y los aportes que se pueden realizar orientados a la transformación social


 Entre recuerdos, anécdotas y vivencias, comenta entre risas que “alguna vez escuché en mi casa cuando era chiquito que habían hecho una casa aquí y se la había comido un médano…de grande me dije debe ser mentira, una fábula. Después conversando con lugareños me dicen que sí, es posible”. 

“Tengo ya de antemano una predisposición afectiva y además me encanta lo que estoy viendo ahora, porque mis recuerdos eran de un lugar mucho menos poblado de lo que es hoy”, diferencia. 

Sus inicios en el periodismo fueron obra de “la arbitrariedad y la casualidad” menciona. Al término de sus estudios Secundarios comenzó a cursar abogacía, “serás lo que debas ser o serás abogado”. Nunca se vio identificado con la carrera y en una reunión familiar “alguien que estaba por licitar una radio en Mar del Plata, me dijo necesito a alguien para estar en el informativo y le respondí ‘pero yo nunca pisé ni la vereda de un medio’”. 

Así fue que el 2 de abril de 1978 ingresó al diario El Atlántico y luego en el 80 dio inicio a su trabajo para el diario La Nación, donde se desempeñó durante 20 años como corresponsal en Mar del Plata. 

 Gestión pública 
Abocado fuertemente a gestiones culturales, comenzó en el año 79 en la Municipalidad de Mar del Plata en prensa. Con la vuelta de la democracia y Angel Roig en la intendencia de Mar del Plata, fue convocado para estar en turismo y luego se constituyó como el primer director del Centro Cultural Victoria Ocampo. Presidió el Ente de Cultura durante la intendencia de Elio Aprile. Posteriormente, lo designaron en 2007 como jefe de Gabinete del Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires.

“Ahí yo le propuse al ministro en su momento armar un gabinete social. Era la unidad de gestión que diseñaba los programas de cultura orientados a los sectores vulnerados, nótese que digo vulnerados y no vulnerables”, explica. 


Con su amigo Henky Zwaal


Nino Ramella destaca que fue “una experiencia muy reveladora para mí y que cambió radicalmente mi mirada sobre lo que es la gestión en cultura”. Entre los programas que llevo a cabo, hace referencia a Cultura por penales y Dar de nuevo. En los institutos de menores, donde están los chicos presos en conflicto con la ley penal, orientado a menores que habían nacido en lugares no apropiados y habían recibido malas cartas; entonces era dar de nuevo, si podíamos generar situaciones de vida que generen oportunidades”. 

 También menciona los programas “Pica pared, en contexto de pobreza, trabajando muy fuertemente en el Conurbano. Y Unir por lo sano”. 

Considera que “todo eso me fortaleció en la idea de que las gestiones en cultura desde los despachos oficiales tienen que cambiar la mirada. Si le preguntas a cualquier persona lo que le despierta la palabra cultura te va a decir una muestra, una obra de teatro, se va referenciar casi con exclusividad al arte y la cultura no está limitada por el arte. La dimensión de la cultura es mucho más amplia que eso y además es una interpelación a nuestra conciencia, cuando uno ve en la sociedad que estamos inmersos” 

En este marco, expresa que “con un programa de cultura no vas a resolver la pobreza estructural de un país, pero estamos en condiciones de poder aportar primero a instalar que es cultural una forma de vernos a nosotros mismos y una forma de proyectar cambios en la sociedad, que es lo que se llama cultura para la trasformación social. Y no es una puerilidad una mirada romántica… ver chicos que se encuentran en una situación absolutamente de abandono que estén de pronto participando de una orquesta, donde por primera vez uno de esos chicos construye su autoestima porque alguien viene a decirle mira lo bien que estás haciendo esto. Un gesto que hasta ese momento nadie había tenido con él”. 


Con su amigo Leonardo Bulla


En su evaluación de un tema que lo apasiona, plantea que “hay que cambiar la forma en la que los estados llevan adelante las gestiones en cultura. Alguien me dice no, pero nosotros hacemos un programita para chicos. Es fácil saber que ahí no se pone el acento, es matemático, agarren un presupuesto de cualquiera de los organismos de cultura y verán donde se va la abrumadora mayoría de ese presupuesto; se va al sostenimiento de lo que se llama la cultura culta o las estructuras que heredan de los teatros”. 

Deja en claro que “por supuesto no estoy en contra ni de la opera ni de todo eso”, pero agrega que “las estructuras de las gestiones en cultura deben orientarse a la recomposición de un tejido social dañado, a la transformación social. A mí me parece que es un imperativo moral ineludible que tenemos todos en la intención de construir”. 

 Libertad absoluta
Actualmente no realiza gestión en cultura. “A veces puedo dar algunas charlas cuando me convocan. Ahora soy un francotirador a la intemperie, no participo de la grieta política, tengo una libertad absoluta”, sostiene. 

Junto a las experiencias descriptas, dedicó gran parte de su carrera a entrevistas con escritores. Valora que en varias oportunidades pudo encontrarse con Jorge Luis Borges: “Yo era muy inmaduro desde el punto de vista del periodista que soy hoy, y él me despertaba un temor reverencial que yo estaba frente a algo inalcanzable. Pero me hubiera gustado ser otra persona que la que yo era en aquellos años para poder hacerlo”. 

Sigue haciendo colaboraciones freelance con La Nación. “En los últimos tiempos, apoyado por mi posibilidad de ser freelance he usado mucho los viajes para mi oficio, que es contar lo que veo, buscar en esos sitios donde viajo aquello que me despierta más interés que generalmente no son las cosas más turísticas. Eso me da mucho, me hace muy pleno”, finaliza.