La Ciudad

Entrevista a Teresa Torralva

“Necesitamos darles herramientas a los adolescentes para estar mejor”

29|08|21 17:33 hs.

Perfil

Teresa Torralva es licenciada en Psicología, graduada en la Universidad de Belgrano en marzo de 1993. 

Obtuvo su título de grado en el año 2003, realizando desde entonces diversos cursos de especialización y posgrado relacionados con las Neurociencias Cognitivas y la Neuropsicología. Desde su graduación se ha dedicado primordialmente a la Neuropsicología Clínica. Es directora del Departamento de Neuropsicología de INECO, presidente y directora ejecutiva de la Fundación INECO, investigadora del Laboratorio de Neuropsicología del INCYT- Fundación INECO y profesora de Neurociencias de la Universidad Favaloro.

 En su carrera dirigió la labor de más de 40 profesionales en las áreas más relevantes de la investigación neuropsicológica, así como en su labor clínica. 

 En 2015 obtuvo su Doctorado en Medicina en la Universidad Favaloro con su trabajo “Aportes de la Neuropsicología al entendimiento de las Funciones del Lóbulo Frontal en pacientes con Demencia Frontotemporal”. Ha publicado más de 70 trabajos de investigación referentes a la Neuropsicología. 

Escribió diversos capítulos de libros a nivel nacional e internacional, referentes a la Neuropsicología del Lóbulo Frontal, la evaluación de las funciones ejecutivas y la descripción de la demencia frontotemporal. 

 Asimismo, es autora del libro “Cerebro Adolescente” de Editorial Paidos y coeditora del “Tratado de Neuropsicología Clinica” de Editorial Akadia, “Rehabilitación Cognitiva: de la teoría a la práctica clínica”, “Rehabilitacion Cognitiva: Casos Clínicos” y “Saber Acompañar”, de Editorial El Ateneo.  

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Teresa Torralva es licenciada en Psicología, doctora en Neurociencias, jefa de Neuropsicología de INECO y directora ejecutiva de la Fundación INECO, entre otras tareas que lleva adelante. Posee una amplia trayectoria y es una referente en su disciplina. El viernes 10 de septiembre a las 18 horas disertará por Zoom, en una actividad organizada por la EATA que es gratuita y abierta a todos los docentes interesados. 

El tema que abordará es efectos de la pandemia y la virtualidad en los alumnos. Ha desarrollado investigaciones sobre los adolescentes, tema central de su tarea, y en 2019 presentó el libro “Cerebro adolescente”. 

En un diálogo con La Voz del Pueblo, indicó que “hicimos estudios de investigación en 2020. Inicialmente creíamos que los más afectados iban a ser los adultos mayores por el aislamiento, la soledad, lo que podría impactar en su salud emocional, su salud cognitiva, su memoria y la capacidad para realizar las cosas”. 

 No obstante, se vieron sorprendidos porque “nos encontramos con que el grupo más joven era realmente mucho más vulnerable y se había visto muy afectado. En la primera encuesta que realizamos, los más jóvenes eran adolescentes de 18 a 24 años”. 

En este sentido, explicó que se toma como período de la adolescencia “desde los 13 años hasta 22 o 23 años, se cree que el cerebro termina de formarse en esa edad. Se habla de una adolescencia tardía, se utiliza de parámetro incluso hasta los 25 años”. 

Por este motivo, se concretó una nueva investigación en chicos y jóvenes de entre 13 y 21 años. “En la edad de 13 a 18 eran los más afectados. Entre el 70 y el 80 ciento referían síntomas de ansiedad y depresión”, puntualizó. 

Torralva dejó en claro que “esto no quiere decir que todos estén deprimidos y ansiosos a nivel diagnóstico médico. No les alcanzan los recursos que tienen para afrontar el estrés que sintieron durante todo este tiempo”. 

Observó que “hay mucha evidencia” en nuestro país y el mundo, vinculada a que “esta franja etaria ha sido la más vulnerable por el aislamiento, la falta de presencialidad escolar, la reducción del encuentro con parte de sus familiares y con amigos en una etapa en la que es muy necesaria la relación interpersonal. Esto no es gratis”. 

Por tal motivo, dijo que “estamos trabajando fuertemente en que se hagan campañas y programas para de alguna manera mejorar el bienestar de los adolescentes”. 



 El rol docente 
Al describir los desafíos para los docentes, señaló que “tienen un rol fundamental y un trabajo arduo”. Sobre este aspecto, expresó que “gran parte de las charlas, investigaciones y del libro ‘Cerebro adolescente’, están relacionados con que para mí distintos actores de la sociedad tienen que ver qué pasa en el cerebro del adolescente, qué es lo que está sucediendo, qué áreas están inmaduras, qué áreas se necesitan promover. Conocer que algunas funciones como el autocontrol pueden todavía no estar del todo desarrolladas y como poder fomentarlas, entender las razones de los sentimientos de soledad que son tan frecuentes en los adolescentes”. 

Argumentó que “si uno conoce lo que sucede en esta etapa de la vida, incorporando lo que las neurociencias nos han podido dar al respecto, es probable que tenga mayor capacidad de acompañarlos de una manera más efectiva”. 

Un punto relevante de su análisis es “cómo construir una sociedad más resiliente, con adolescentes más resilientes. Cómo trabajar la resiliencia desde la escuela”. 

 Uno de los temores que manifestaron adolescentes en estudios realizados en 2020, con el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, surgió por “la incertidumbre en cómo iban a ser evaluados en sus conocimientos, al regresar a la escuela de manera presencial. Ha transcurrido más de un año, con aprendizajes y evaluaciones muy aleatorias”. Asimismo, respondieron que “extrañaban enormemente compartir tiempo con sus compañeros, amigos y valoraban el aprendizaje”. 

Para Torralva, a partir de comprender que se trata de un cerebro en desarrollo se pueden percibir de otra manera “las conductas, pensamientos y emociones de nuestros adolescentes. Nos genera una mayor empatía con ellos. Ayuda a acompañarlos de la mejor manera posible”. 

En este contexto, señaló que “es un mito que la adolescencia constituye un momento de total conflicto. Cuando uno googlea y escribe acerca de esta franja de edad, aparecen libros y artículos acerca de aumento del riesgo, muertes, droga, todas palabras negativas”. Consideró que “hay que cambiar de visión y tomar la adolescencia como un período de oportunidades. Que también tiene riesgos, pero está lleno de oportunidades”. 

A modo de ejemplo, le otorgó relevancia a que “los adolescentes cuando toman una bandera en general van hasta las últimas consecuencias. Lo podemos ver en jóvenes de diferentes sociedades, desde la ecología hasta la política misma. Cuando creen en algo ponen toda su energía y generan cambios”. 

 Una responsabilidad 
La plasticidad en el desarrollo del cerebro “antes se creía que solo se daba en los niños recién nacidos. Por eso los primeros dos años son tan importantes”. 

En investigaciones se pudo corroborar que “lo mismo sucede en la adolescencia. Hay un segundo período en el que las neuronas están de vuelta receptivas para los cambios, para formar estas redes que luego se van a mantener para toda la vida”. 

Puso de manifiesto que favorecer este desarrollo “no solo es oportuno, sino que los adultos tenemos una responsabilidad enorme para transmitir esto. Tenerlo en cuenta en todo lo que podamos hacer desde las instituciones escolares, gubernamentales y lo mismo desde nuestra familia, porque los adolescentes son nuestro futuro”. 

Es valioso prestarles atención. “Es una franja extensa de edades, por supuesto no es lo mismo un chico de 13 que uno de 25 -diferenció-. Tienen particularidades que hay que conocer para fortalecerlos”. 

 Para siempre 
Son años especialmente significativos, porque “lo que consolidemos durante la adolescencia, es probable que se sostenga toda la vida. Posteriormente en nuestra adultez y en la medida en que nos convertimos en adultos mayores, todo se va asentando y de alguna manera se vuelve más rígido”. 

 Agregó que “no significa que una persona de 50 o 60 años no pueda cambiar sus conductas, pensamientos. Pero lo que sucede en la adolescencia se plasma, se guarda y perdura durante mucho tiempo”. 

La autoestima ocupa un lugar que no es menor. Torralva explicó que “lo que el adolescente piensa acerca de sí mismo, lo que los otros le devuelven o lo que la familia le transmite, hace a la formación y las bases sólidas de lo que va a ser un adulto sano. Consolidar una buena autoestima, a lo largo del tiempo trae un beneficio sin lugar a dudas. Generar vínculos sanos, una comunicación clara y afectiva, poder hablar con los chicos de sus propias emociones, establecer límites”. 

 Acompañamiento 
En INECO (Instituto de Neurología Cognitiva) se brinda “atención en la parte clínica, nos consultan y lo que hacemos es evaluar, diagnosticar y hacer un tratamiento adecuado”. 

En tanto, el rol de la Fundación INECO “tiene que ver con capacitar a docentes, acompañar a las familias y la comunidad en temas de salud mental en general”. 

Torralva habló de la intervención transversal de la familia, los docentes, las escuelas y los gobiernos. “Necesitamos trabajar mucho, darles herramientas a los adolescentes para estar mejor. Incorporar todo lo que tiene que ver con lo académico, porque esto vino también de la mano de bajos niveles de atención y concentración, dificultades de aprendizaje. En el combo de no haber tenido presencialidad en las aulas aparecen otros síntomas, que es importante detectar. Queremos ayudarlos para que terminen el año lo mejor posible, dentro de las circunstancias”, concluyó.  


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Una pregunta muy Importante: ¿cuándo se debe consultar? 

En una reflexión como profesional y madre, Teresa Torralva dijo que “una de las preguntas para mí más importante es cuales son las señales de alarma, en los adolescentes, para saber cuándo consultar”. 

Contó que “me hice esta pregunta con mis hijos un montón de veces, acerca de si era normal o no tan normal lo que me estaba sucediendo”. Dio una respuesta que puede ser muy útil para quienes se encuentren ante un dilema similar. 

“Uno es observar cuando algo cambia y se mantiene durante más de dos semanas, el tiempo de duración de un síntoma. Todos sabemos que los adolescentes por ahí se encierran en sus cuartos, no tienen ganas de hablar con sus padres, con sus hermanos, pero cuando esa conducta durante dos semanas se mantiene estable y se ha modificado en relación a lo que era antes, es una señal de alarma”, indicó. 

Mencionó que “otro aspecto es la intensidad del síntoma, cuan triste, ansioso, agresivo, irritable está nuestro hijo. Si realmente sentimos que la intensidad es mucho mayor a la que habitualmente él tiene es otra señal”. 

Como referencia principal, sostuvo que “se debe evaluar si esto tuvo un impacto en su vida diaria. Si esta duración e intensidad afecta su desempeño académico, social, interpersonal, deportivo. Si deja de ir al club, si en el colegio baja notablemente el rendimiento académico, si no quiere comer más en la mesa con sus hermanos y su familia, o cada vez que lo hace no habla una sola palabra, si no le interesa estar con sus amigos”. 

 En este marco, expresó que “si no hay una incidencia concreta en la vida diaria y la duración e intensidad no son tales como para consultar, puede ser que constituya una fluctuación normal de la adolescencia”. 

En cambio, reiteró que “si genera una interrupción o disminución en la performance académica, social, familiar y emocional de la familia y de la persona, ahí tenemos que consultar”. 

Torralva afirmó que “no perdemos nada, porque los profesionales tienen las herramientas necesarias para poder decirte ‘esperemos un poquito más o me parece que es importante, acá necesitamos medicar, haría falta una terapia familiar’”. 

Debe contemplarse que “siempre es mejor que te manden de vuelta a tu casa y te digan no es nada, a que nos perdamos de consultar en el momento apropiado y esto después se traslade a problemáticas mayores”.  



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