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La amistad, el compañerismo y la familia

Carlos Freidíaz: “Me formaron como jugador de fútbol, pero más que nada como persona”

08|08|21 01:15 hs.

Para Carlos Freidíaz, es un honor haber integrado planteles junto a destacados jugadores en el fútbol local. “El nivel era muy competitivo”, afirma al recordar su experiencia en la Liga Regional Tresarroyense de Fútbol. 


Es de Adolfo Gonzales Chaves, nació en 1970 y su infancia, como la de muchos chicos, “fue con una pelota, en los potreros, en las populares canchitas”. Se crió “en un barrio lindo, donde no sobraba mucho, pero tampoco faltaba”. 

Su padre Carlos Alberto, era boxeador, “falleció hace unos años”, y su madre es María Delia Rebollini. Carlos es el mayor de ocho hermanos, cinco varones y tres mujeres. Cuenta que “un hermano mío, Ricardo, si bien jugaba muy bien no le gustaba tanto el fútbol, lo fueron a buscar de los clubes pero no quiso ir”. 

Relata que tenía 12 o 13 años cuando fue fichado en Huracán Ciclista. “Me llevó un chico un poco mayor que yo, tendría 15 años, Dardito D’Annunzio, quien ya con esa edad colaboraba con los dirigentes del club. Nos vio jugar a mí y a Marcelo Arcan, nos llevó a fichar”. 

 Hizo las divisiones inferiores, jugó en Séptima, Sexta y Tercera, hasta que “a los 17 años empecé a alternar en Primera. Debuté con Carlos ‘Chiche’ Paradisi como técnico, en la cancha vieja de Ciclista, que le decían el cajón”. Le tocó ingresar por primera vez nada menos que en un clásico ante Independencia y fue el mejor debut, porque “le convertí un gol a Tito Fonte, que era el arquero rival. En Ciclista estaban los chicos Balbuena, el arquero era Gustavo Ridao, Juanchi Vallejos, Mario Vissani, el doctor Gribaldo que siempre me aconsejaba”. 

Por entonces, tuvo la oportunidad de formar parte del equipo que integraban “Javier Villanueva, quien tenía la edad nuestra e iba diez años adelantado; y Juan Bermegui, el Chaqueño, recién había llegado y también parecía que llevaba mucho tiempo más jugando”. 

Con énfasis, destaca que “empecé a alternar en Primera con estos bestias, que me formaron como jugador, pero más que nada como persona, porque siempre te aconsejaban para bien”. 

Cuando Carlos inició su participación en inferiores, se encontraba trabajando con los chicos Hugo Balbuena y “también Fito Ojeda, un referente”. Del mismo modo, menciona a “Enrique Ferrario, quien incluso estuvo en Primera, se desempeñaba muy bien. Formadores y muy buena gente”. 



En Huracán Ciclista, a mediados de la década del ‘90. Santiago Antolí, Starópolis, Peralta, Escudero, Tavieres, Villanueva, Medina; hincados, La Canal, Marcos Freidíaz, García, Del Río, Cardoso, Carlos Freidíaz, Dardo D’Annunzio y Rebollini


 Quilmes e Independencia 
A comienzos de la década del ’90, Carlos Mastrángelo fue director técnico de Huracán Ciclista. “Se hizo una buena campaña”, menciona. En 1992, lo llevó a Carlos a Quilmes, que armó un gran equipo. Puntualiza que “vinimos con Amprimo. Yo jugaba de ocho y Amprimo de cinco”. 

Tiene un grato recuerdo de esa época. “Se trabajó de una manera muy profesional, entrenábamos toda la semana doble turno. Le ganamos a Huracán en los partidos definitorios del año, el último fue en la cancha de Quilmes y el gol decisivo lo hizo Valenzuela”, comenta. Luego intervinieron en el Torneo Regional. Entre otros compañeros, menciona a “Amestoy, Bobby Coronel, Sauce, Arámbulo, Amprimo, Pibuel, Girardengo, Javier Villanueva”. 

En Quilmes jugó de volante por la derecha y al año siguiente se incorporó a Independencia, donde fue el 5. “Salimos campeones. El técnico era Alfredo Lazarte y el preparador físico Quique Alfonsín, unos adelantados. En el plantel contábamos con Caprile, los hermanos Julio y Luis Del Negro, Luraschi, el Pato Cárdenas, Cantón, Federico Quiroga, Hernández que venía de Racing y el arquero era Pablo Camino”. La definición ese año fue “con Boca, que tenía un gran equipo. Pero también Huracán estaba muy bien armado, al igual que El Nacional. Alumni tenía un equipazo. En general, la Liga era reconocida por su jerarquía”. 

Su pase al clásico rival de Gonzales Chaves, se produjo en circunstancias en que “Ciclista estaba en Segunda y en duda del equipo que iba a hacer. Ese año fueron algunos jugadores de Independencia a Ciclista y yo hice lo contrario. Me fueron a buscar después de mi participación en Quilmes”. 

Le tocó defender la camiseta del Ventarrón ante Ciclista en una Copa Chaves. “Y es complicado -indica, sonriente-. Igual los hinchas y simpatizantes me trataron bien, me han respetado. Siempre hubo mucha rivalidad”. 

Hace una pausa en el relato y exclama: “¡Cuando jugaba por derecha me tocaba marcar a cada nene! Franklin Martínez, Labrozzi, Marcelo Acuña, Pato Cárdenas, y si era cinco, a Cacho Córdoba, Amprimo, Sergio Alarcón. Tenías que estar bien preparado, sino pasabas vergüenza”. 

En este sentido, cuenta que “yo era de entrenar, las circunstancias además te obligaban, todo muy profesional ¿Cómo marcabas si no estabas bien entrenado? Siempre fui de cuidarme, no tengo vicios, no fumo”. 

Una de las experiencias inolvidables fue una prueba que realizó en Rivadavia de Necochea. “Había terminado el campeonato en nuestra Liga. Rivadavia jugó con Argentinos Juniors, lo tenía que marcar a Checho Batista. Estaba Diego Cagna y otros grandes futbolistas. Sentí como una caricia en el alma ser parte de ese partido. Aunque sea físicamente había que estar muy bien y después, intentar jugar lo mejor posible”, reflexiona. 


Quilmes, en 1992. Legarreta, Amprimo, Bassi, Girardengo, Arámbulo y Amestoy; hincados, Vázquez, Valenzuela, Pibuel, Sauce y Freidíaz




 El regreso 
Volvió a Huracán Ciclista en 1994 y ya se quedó en el club con que está identificado. Sostiene que “tuvimos la suerte de ascender con Juanchi Vallejos, Antolí y varios jugadores más, se armó un buen plantel. El técnico era Alberto Martos”. 

En su carrera, logró dos ascensos con Ciclista, y en Primera no obtuvo ningún título en la institución; “estuvimos muy cerca varias veces, se nos escaparon algunos partidos que tendríamos que haber ganado”, evalúa. 

En una de las campañas el equipo se reforzó muy bien. Al respecto, comenta que “llegaron Starópolis, Peralta, Cardoso. También jugaban Javier Villanueva, el Colorado Díaz, arriba lo teníamos a Benegas, gran delantero”. 

En la segunda mitad de la década del ’90, en un torneo en el que había convertido ocho goles, Carlos sufrió una dura lesión. “Me rompí una rodilla, debí estar parado muchos meses. Pude volver al campeonato siguiente, pero me sacó de la cancha cuando estaba en mi mejor año”, manifiesta. 

Tras la lesión, jugó cinco torneos más. “La recuperación me llevó poco menos de un año”, expresa. 

 Hasta que llegó el momento de “colgar los botines”, aunque -por supuesto- nunca se alejó del todo del ámbito futbolístico. 

 Con los chicos 
Durante un año, integró el equipo técnico de las divisiones inferiores de Ciclista, sobre lo cual valora que “nos fue muy bien. Salimos campeones en Séptima, subcampeones en Octava y Sexta. Necesitas dedicarle mucho tiempo”. 

Con satisfacción, dice que “la mayoría de los chicos que jugaban en esos equipos hoy están en Primera como Tavieres, Germán Freidíaz que es hijo de un primo mío, Astudillo, Bellusci, Ramallo y Rivolta, que ahora está en Alvarado de Mar del Plata”. En tanto, hubo “otros que dejaron, pese a que tenían unas condiciones bárbaras”. 

Considera que es clave “saberlos llevar, tal vez los retas y no vuelven más. Los chicos de Octava empezaron a ganar, se entusiasmaron, llegaron en los dos campeonatos a la final con El Nacional y Huracán. Los jugadores de Séptima eran parejitos, les gustaba entrenar y salimos campeones de punta a punta. En la sexta eran cinco o seis, teníamos que completar con Séptima, con chicos de menor edad y que ya tenían un cansancio”. 

Juan Bermegui es el técnico de Huracán Ciclista para el torneo que se va a iniciar el 22 de agosto, luego de la interrupción prolongada por la pandemia. En este contexto, Carlos fue consultado acerca de su interés de regresar a inferiores; “el Chaqueño trabaja muy bien, va a ser de gran aporte para la Primera. Yo dispongo de poco tiempo, por eso no puedo volver. Me dedico a la construcción, tengo dos personas que me ayudan, gracias a Dios nos va bien”, explica. 

 Sobre Bermegui, le otorga relevancia a que “es ordenado, está pendiente -por dar un ejemplo- de que haya ropa de entrenamiento para todos”. 

 Subraya que “me pone muy contento cuando veo dirigir a referentes como él, Sauce, el uruguayo Viana Beledo, Cacho Córdoba, Mario Oviedo. También Villanueva tiene mucho conocimiento para compartir. Poseen una trayectoria, la tienen clara”. 


Independencia, en 1993. Parados, Pablo Camino, Luis Del Negro, Luraschi, Matías Caprile, Brea, Hernández, Julio Del Negro, Rodríguez, Pablo Cardenas y Gómez; hincados, Marcos López, Carlos Freidíaz, Cantón, Quiroga, Villar y Menna




 Lo que queda 
De tantos partidos, alegrías y también algunos sinsabores deportivos, surgen vínculos, relaciones que perduran con los años.

 “El deporte genera amistades y compañerismo -sostiene Carlos-. Sauce es una persona excelente, Cacarito Vázquez, Bobby Coronel, el Negro Valenzuela, Julio Pibuel, Sergio Arámbulo y podría seguir nombrando”. 

Tiene muy presentes además a “Frega, Girardengo que jugó en Quilmes; después me lo encontré cuando estaba de técnico en las inferiores de Aldosivi; Cárdenas, Longo, de muy buen nivel, reconocidos jugadores de Quilmes y Ciclista que ya nombré. Néstor Di Luca, Claudia García, entre otros de Huracán. Quiroga en Independencia que podía jugar en cualquier lado. Cada club tenía integrantes destacados”. 

En el cierre de la entrevista, opina que “esta Liga siempre fue importante. El fútbol local estaba levantando, la pandemia nos perjudicó bastante. Afortunadamente, es tiempo de volver a empezar”. 


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 La familia unida 

Una pérdida muy dolorosa. El apoyo del entorno más cercano. La llegada de los nietos

Carlos Freidíaz y su esposa Natalia Martínez se casaron de muy jóvenes. “Yo tenía 19 o 20 años, ella 16 o 17, no recuerdo con exactitud. Casi toda la vida juntos”, expresa. 

Conformaron una familia, tuvieron tres hijos “hermosos”. Sufrieron hace dos años “un golpe muy duro” porque “falleció nuestro hijo Nicolás en un accidente de tránsito. Con solo 20 años de edad. La estamos luchando, mi esposa es una guerrera bárbara”.

 “Mi hija mayor Anabela se está por recibir en Trabajo Social en Tres Arroyos y Maríanela, la más chica, estudia Arte en Tandil. Mi señora trabaja en un CPA y es psicopedagoga”, señala Carlos. 

Además disfrutan con dos nietos, ambos hijos de Anabela. “Tomás que es el loco de la pelota tiene seis años y Uma de tres”, indica. Sobre Tomás, observa que “es futbolero e hincha de Racing. Yo soy de River, pero no lo puedo cambiar. Me ganó el otro abuelo que es de Racing”. 

Con gratitud, afirma que “me ayudaron mucho mis primos cuando falleció Nicolás. Les quiero mandar un gran saludo a Ricardo Rebollini, Marcos Freidíaz y también a Peche Marcelo. Los Marcelo son una familia muy buena”.