Para Otilia Da Veiga, el lunfardo es “atractivo, especialísimo y único”

Sociales

Otilia Da Veiga

Voces inmigrantes

08|08|21 08:58 hs.

A esta altura del partido el gusto me voy a dar 

Y a raja cinchas diré 
Lo que esta artista quiere apuntar 
De arriba no se la va a llevar 
Y el lunfardo va a enseñar 

Por Valentina Pereyra

“Hay dos palabras del ‘berre’ que no son una cualidad del lunfardo, sino una travesura idiomática, que tendrían que tener ciudadanía lunfarda: Una es ‘gomia’, que es algo entrañable, es más que un amigo y la otra es ‘jonca’ porque en un cajón puede haber cualquier cosa, pero en un jonca…” 

Otilia Da Veiga, poeta lunfarda, escritora, presidenta de la Academia Porteña del Lunfardo elige esas palabras como sus preferidas e incluye otra: el “chamuyo” que no es hablar, es otra cosa, “tiene una intimidad que no tiene el hablar”. 

De eso se trata el lunfardo, es identidad, intimidad, indiscreción, es historia, inmigración, es juego y realidad. Es un vocabulario con propio diccionario, a diferencia de las jergas que acompañan a otros idiomas en el mundo y nacen del propio idioma, el lunfardo nació de la lengua de la inmigración, no del castellano. Eso lo hizo atractivo, especialísimo y único, como lo califica Otilia. 

“Fue estudiado por especialistas en el mundo y a partir de la salida del libro ‘Lunfardía’ de José Gobello se ha transformado en un hecho lingüístico. Gobello fue quien lo sacó de ese limbo en el que estaban esas palabras a las que había que darles un destino porque el pueblo las manejaba ampliamente”. 

Surge por la necesidad de comunicarse que tenían los inmigrantes que llegaron a Argentina a fines de 1880. “Esto constituyó una aventura”, dice Otilia y agrega: “Forzosamente tenían que comunicarse con sus vecinos, criollos o no, y lo hicieron improvisando una lengua basada en las coincidencias de sus dialectos lugareños. Los italianos que llegaron al país lo hicieron desde Liguria, Piamonte y Sicilia, pero ninguno hablaba italiano, idioma que se consolidó recién en 1960 y a partir de Garibaldi. Antes, cada uno hablaba su propio dialecto mezclado con palabras del italiano, que suponían conocer o adivinaban, y palabras del castellano que captaban del entorno”. 

Otilia piensa que el origen del lunfardo es como el episodio de la Torre de Babel, pero al revés. “Aquí con muchas lenguas se hizo una sola. Así nacieron estos vocablos sin prosapia, no como los del diccionario de la RAE y lo demás lo hizo la fundición de la propia heterodoxa”. 

 Del boliche a los escritos 
“Cuando fui al instituto Grafotécnico el lunfardo estaba muy lejos de mi intención”, dice Otilia. 

Sus padres tenían un boliche en Balvanera sur, barrio en el que todavía vive la escritora, en la esquina de México y Catamarca. Funcionaba como lechería, restaurante, tenía catorce mesas y recibía una variada clientela de obreros, practicantes del Hospital Ramos Mejía, que estaba a dos cuadras, que hablaban lunfardo. Otilia todavía no lo sabía. “Lo que se hereda no es robo, yo heredé un montón de vocablos que tenía estibados en mi cabeza y que en algún momento, como una semilla hizo eclosión y salió la plantita, eso me pasó con estas palabras que escuchaba mientras circulaba por las mesas del boliche de mis padres”.

Sus padres tenían planes para ella, especialmente su mamá que la mandó a aprender bordado con las monjas, a coser, cocinar, planchar y a prepararse para atender al marido, su finalidad era que se casara. “Nos pasa a las mujeres y sobre todo a las de mi edad, tengo 85; tenía esa obligación o era el destino que mis padres tenían pre fijado para mi…. estudié porque mi padre gallego me hizo pata, pero finalmente cumplí con los anhelos”. 

Sus padres apostaban al ascenso cultural, así que Otilia transitó toda la carrera que se esperaba para los hijos cuyos padres estaban comprometidos con ese deseo. Motivada por su maestra de sexto grado María Elvira Bonini, estudió en el Grafotécnico. Desde los doce años escribía, por eso su docente le propuso estudiar periodismo y la ayudó a dar el puntapié inicial. “En aquella época la carrera de la que estoy enamorada todavía, no era una en la que una mujer se pudiera desenvolver con soltura porque había muchas trabas, pero eso mismo fue un desafío. Lo que sé se lo atribuyo a los profesores que tuve y de los que tengo grandes recuerdos y además sus nombres están presentes en mí. Lo que tengo atesorado se lo debo a ellos”. 

Su madre castellana recitaba viejos romances anónimos, la fascinación por ellos gestó su interés por la literatura española. “A mí me apasionaba y me interesé por la literatura del siglo XIII al XV, inclusive con la influencia arábiga en el medio. Tanto es así que estudie árabe durante tres años en el Centro Islámico de la República Argentina. Todo ese conocimiento me abrió las puertas a la cultura española”. 

 Eclosiona el lunfardo 
Otilia se casó y se fue a vivir a la Patagonia, a un pueblo que no figuraba en los mapas. Su esposo trabajaba en YPF y por esa razón arribaron a Restinga Alí con las ilusiones juveniles y un baúl lleno de libros. Mientras gestaba, leía frente a la ventana de su casa con el paisaje que la atravesaba, de un lado el acantilado y, enfrente, el desierto. “Me lleve los libros y en esas soledades me la pasaba leyendo”. 

Un día, su marido llegó después de su jornada laboral y Otilia le reveló un pensamiento que brotaría y se multiplicaría en prosas, estrofas, canciones y traducciones al lunfardo. Había leído un romance francés anónimo: “La amiga de Bernal francés” que relata un episodio amatorio que termina mal. “Cuando llegó mi esposo nuestra charla partió de una reflexión. Le dije que a pesar de los avances tecnológicos de la modernidad, la faz humanística no cambiaba después de 500 años. Fue después de esto que leí el romance y él me dijo que bien se podía decir en lunfardo porque la historia podía pasar en un barrio de Pompeya o San Telmo o cualquier barrio porteño. Así que escribí la traducción del romance al lunfardo”. 

 El lunfardo da identidad 
“Nadie podría hablar lunfardo porque no es un idioma, es un vocabulario amparado en la gramática española, en su sintáis, en ese andamiaje del castellano”. 

Otilia califica como increíble a la cantidad de voces inmigradas que se infiltraron en nuestro idioma para quedarse, algo inevitable que hace a nuestra identidad. “Eso a través de la escuela, las canchas, otra lunfardía, los periódicos, la radiofonía, las tribunas, más allá de la contribución del tango y sainetes, se ha incorporado definitivamente al habla al punto que resulta difícil distinguir los elementos del idioma castellano y los que aporta la jerga”. 

Ejemplo de esto son algunas palabras como: maso, en lugar de barajas; corso, en lugar de desfile; feta en lugar de loncha; enchastre en lugar de ensuciaste; bronca por enojo; guita, menega, por dinero. 

El lunfardo tiene palabras del gauchesco como boliche, velorio o el ‘pa , palabras del quechua como cancha, chancho, pucho, paica, y otras palabras ya institucionalizadas como banquina, “quién ha dicho arcén para referirse a ese costado de la ruta, incluso los carteles lo dicen en las rutas”. 

Pibe es una palabra que viene del genovés y fue incorporada al diccionario de la RAE desde 1925; hay argentinismos incorporados en ese mismo diccionario, muchos son protolunfardismos. “El lema de la Academia Porteña del Lunfardo es: El pueblo agranda el idioma. Y es así, los diccionarios los hacen los diccionaristas, los argentinismos, el gauchesco, vienen de la gente. El gauchesco tuvo al Martín Fierro como despliegue literario, suerte que no tuvo todavía el lunfardo a pesar del auge de los sainetes en los años ‘30” 


Poeta lunfarda, escritora y presidente de la Academia Porteña del Lunfardo. Otilia Da Veiga recibió varios lauros por sus labores, entre ellos, ser reconocida por la UNESCO


 Las nuevas generaciones y sus palabras 
El lunfardo tiene 6000 términos reconocidos en el diccionario. “No todos en uso, porque cambian cada año, incluso al tiempo renacen algunas palabras o aparecen otras nuevas, calculamos que se integran unas 70 por año. Porque ¿dónde ponés la palabra colaless, motoquero, partuza, birra, u otras que van surgiendo? De todas maneras muchas de las que se integran quedarán o morirán, como en la época del ‘60 con petiteros, o tírame las agujas, podéme, es la pura. Hoy dicen: arre, manzana, hay que ver si quedan, depende del tiempo que permanezcan en el habla”.  

                --------------------

La amiga de Bernal francés  
(en lunfardo)

Acá estoy en la catrera, 
triste, entregada al esplín. 
¿Quién será ese cusifai 
que me está mandando abrir? 
_Soy yo, el franchute pebeta, 
el que te varea tupido, 
y te surte con las biabas 
de su metejón bravío. 
Revoleando la chancleta 
y manoteando un candil, 
se envolvió en la pañoleta 
y la tapuer le fue a abrir.
 Al entreabrir de la puerta 
el candil se le apagó: 
¡Me cache en el querosén, 
viene cada vez peor! 
_Pasá, franchute ¿Qué pasa? 
_Que la cana me persigue.
_Si no te junó ninguno 
difícil que acá se arrime. 
_Desembuchá, ¿Qué te pasa 
franchute, que andás tirao? 
_Me he trenzao con un punto 
y ahí nomás lo he boleteao. 

 Lo sentó, le dio un vinacho, 
 le dijo: empinate un trago 
y aflojá con la pavura 
que no lleva a ningún lado. 
_¡Pucha que te noto raro 
más rayado que un cuaderno! 
Batí si con otra mina 
estás pasando el invierno. 
_¡No me esgunfiés, con ninguna 
me he sabido embalurdar! 
Pero en cambio, tu dorima 
si viene, ¿Qué va a pasar? 
_No te preocupes querido 
que mi marido no viene,
está tranqui en la gayola, 
como hasta el año que viene. 

_¡Se ve que no estabas bobi 
en reducción de condenas, 
soy tu dorima, caray, 
 que la jugaste fulera! 

 Por regalo de mi vuelta 
te voy a empilchar debute 
con un vestido granate, 
 y van a decir ¡Salute! 
cuando descubran el brillo 
de esta gargantilla roja 
que te hago con mi cuchillo. 

 Y mientras limpio la hoja, 
es más, lo digo sin odio; 
Que le avisen al franchute 
que se arrime pal velorio.  

                --------------------

Una obra sin chamuyo

La traducción al lunfardo del romance de Bernal Francés le abrió otras puertas. Cuando regresó a Buenos Aires en 1992 llevó su texto a la Academia Porteña del Lunfardo y se los presentó al escritor José Gobello, autor de ‘Lunfardía’ a quien le gustó tanto el trabajo que la incentivó para que lo publique y le hizo el prólogo. 

“En la Academia conocí a Mario Valdez y a su hija que cantaba con él, así surgió “la menega”, una milonga que se incorporó en el Diccionario de Argentinismos de la Academia Argentina de Letras”. 


La menega y el maso de cartas, formas de nombrar, en lunfardo, al dinero y a las barajas


La menega es una milonga que habla del dinero, que en lunfardo se nombra mayormente en femenino: la mosca, la viva, la tarasca, la biyuya, la guita, la menega, solo los mangos y morlacos son masculinos, “será porque es algo que pervierte como las mujeres”, bromea y agrega “en el fondo oscuro de la masculinidad debe estar el prejuicio”. 

Escribió ‘Parafraseando de Quevedo al lunfardo’, libro que recibió el elogio de la Dirección de Cultura de la Universidad de Santiago de Compostela. Con José Gobello escribieron la ‘Historia de la Academia Porteña del Lunfardo’, también ‘Escarceos con la lengua’, ‘Con todas las voces’ y ‘Shakespeare al lunfardo’, “que alcancé a presentarlo en el Centro Cultural de la Cooperación un poco antes de la pandemia”. “El libro de ‘Shakespeare al lunfardo’ lo presentamos en la embajada del Reino Unido con otro académico y con una representación teatral en Buenos Aires donde actores leyeron nuestro texto a teatro lleno”. 

El Museo Cervantino del Toboso, en Toledo, conmemorando los 400 años de la muerte de Cervantes, decidió editar un Don Quijote políglota, en el cual cada capítulo aparece escrito en un idioma diferente acompañando a la lengua castellana. Hay capítulos escritos en coreano, en armenio, en quechua… “y yo escribí el capítulo 74, es el último capítulo de la segunda parte, Testamento y muerte de Don Quijote. La propuesta surgió fortuitamente, fue por la visita que realizó al museo el periodista Pablo Calvo de Clarín que se enteró del proyecto y me recomendó para hacerlo”. En octubre, el museo Cervantino de Azul realizará un festival inspirado en el capítulo 74 de El Quijote traducido al lunfardo. 

 “Escribir es una forma de salirse de sí mismo, de conectarse con otra realidad y con la realidad misma”.