Lucas y Ramón, luego de la internación por Covid-19

La Ciudad

Testimonios de quienes le ganaron al Covid

Esa pastillita para el alma

04|07|21 09:52 hs.

Lucas, Omar y Ramón pasaron por las salas Covid, lucharon por su vida y cuentan los motivos que los impulsaron, las conexiones con sus familias. Con sus testimonios, le hablan a cada tresarroyense

Aislamiento es una palabra que se nos hizo cotidiana, según la RAE (Real Academia Española) “incomunicación, desamparo”, es una de sus definiciones. A partir del Covid, cuando decimos aislamiento pensamos directamente en social preventivo y obligatorio. Una medida que impuso la permanencia en los hogares.

Protocolos aún más estrictos se implantaron en las instituciones de salud. Su personal se capacitó y en tiempo record lograron desarrollar tareas de asombrosa precisión dentro de trajes de “astronauta”, capas y capas de protección y un minucioso orden en desvestido para no contagiarse. Está prohibido equivocarse. Pero estas no son las únicas pautas que se modificaron en el ámbito sanitario. Cuidar la vida del paciente siempre fue la premisa. Hoy también se sumó cuidar la vida de los afectos de ese paciente, de su familia. No es posible recibir visitas. El contacto con las familias paso a estar mediado por cosas y por personas. 

Entonces las palabras soledad, desamparo y podemos agregar incomunicación, esas que la RAE utiliza para definir el aislamiento pasaron a tener nuevos significados para los pacientes de las salas Covid y sus familias. 

Sabiendo que lo subjetivo es tan importante como el tratamiento científico, se diagramaron distintas alternativas para propiciar el acompañamiento de las personas con Covid en el Centro de Salud. Tanto Susana como Dina, psicólogas integrantes del equipo, cuentan que no pueden planificar las intervenciones de antemano; trabajan con la necesidad concreta de ese paciente en ese momento. Cuando luego de vestirse, ingresan en la habitación no saben con lo que se van a encontrar. 

Cintia y Vanesa, asistentes sociales de la sala Covid 2, agregan que “en ese espacio y al mismo momento valoramos lo que el paciente necesita en función de distintas variables, priorizando su evolución clínica. Nuestro objetivo en ese momento es acompañarlo y ser un canal entre lo que le sucede y el exterior. En ese momento estamos ahí para hacerlos felices”. 

Por su parte, Paola y Laura, trabajadoras sociales, relatan que son muchos los síntomas que se mezclan con los sentimientos, la asfixia, y la imposibilidad de respirar, la pérdida de la movilidad, el dolor. Se suman al miedo, a la angustia y a la soledad. 


La comunicación con las familias, mediante la tecnología, es lo más esperado por los pacientes


Explican que “por esto es que nuestras intervenciones son siempre dinámicas, generamos climas en los cuales lo fundamental es la risa y recuperar momentos; ir al pasado y pensar en el futuro. Trabajamos para recuperar el proyecto interrumpido, pero fundamentalmente para recuperar las ganas. También trabajamos para generar los lazos que hacen que la comunicación con la familia sea un elemento de curación que no genere angustia; ni en nuestro paciente ni en el entorno”.

La vida se detuvo 
Susana señala que “la vida se les descontroló en minutos; muchos llegaron y quedaron internados luego de lo que creían era un control por síntomas raros; les pasaba en el cuerpo algo que desconocían, que nunca habían sentido. A partir de allí dejaron de ver caras y comenzaron en un tratamiento de la enfermedad que los alejó de sus afectos”.

Vanesa sostiene que “esto lógicamente lo tenemos que tratar como un acontecimiento altamente estresante y que genera conflictos emocionales. Para ello, aunque ingresamos a la habitación con trajes de astronauta y el paciente no puede individualizarnos más que por nuestras voces, o altura por ejemplo, generamos un vínculo desde sus intereses, que los aleje del entorno medico (de los controles, del ruido de los aparatos, y los medios farmacológicos). Trabajamos sobre la falta de autonomía, el miedo a la pérdida de la salud o la necesidad de encontrarse con la familia”. 

Agrega que “hoy llevamos identificaciones con foto. Un paciente me dijo, yo quiero reconocerte si te cruzo por la calle, quiero algún día cuando pase todo esto, poder abrazarte”. 


Dina Benavente, Susana De Francesco, Vanesa Villegas y Cintia Ortega


Dina comenta: “Tenemos que sortear todas las barreras, si un día tenemos una paciente con dificultades para escuchar; en el próximo encuentro vamos con carteles grandotes, plastificados. Siempre buscamos las herramientas para entablar una relación terapéutica. El paciente nos dice qué quiere hacer, de qué quiere hablar”.

En este sentido, Vanesa y Cintia; Paola, Marina y Laura han buscado las estrategias más dispares para llevarles felicidad y alegría a los pacientes. 


Paola La Plaza y Laura López


Para el Día del Padre, en ambas salas Covid llegaron con regalos, carteles, cartas y golosinas enviadas por las familias. Además de realizar las videollamadas; se vivieron momentos muy emotivos. 

Otra familia
Omar relata que “yo llegué desde Reta, mi pueblo, cuando el médico me dijo que me debían internar. Llegué con confianza pero en el momento en el que me sacaron la ropa; ahí aparecieron mis temores; soy oriundo de Buenos Aires y conociendo los hospitales de allá pensé; bueno iré a una cama en fila y me atenderán cuando puedan. ¡Eso no pasó! Cuando ingresé a Sala Covid, inmediatamente me trataron por mi nombre. ¿Vos sabes lo que es eso, en ese momento?”.

En su descripción, destaca que “a partir de allí, sentí que tenía otra familia entera dispuesta a cuidarme. Uno de los médicos me palmeó el hombro, como realmente lo hace un amigo y me dijo ‘nosotros vamos a hacer lo imposible, pero vos vas a tener que poner todo de vos para recuperarte’”. 

"Tenía una neumonía bilateral. Me sorprendió; porque soy una persona sana y sin factores de riesgo. Pero bueno ahí estuve 11 días, en los que todos los que me atendieron me dieron además de tratamiento; ese afecto que necesitaba”. 

Cuenta que “pasé por todos los dispositivos para el oxígeno; realmente el casco da claustrofobia. Pero en mi caso las preocupaciones por mi familia, que estaba afuera eran fuertes, mi señora haciéndose cargo de todo y mi hijo también con Covid; en un principio hicieron que yo no quisiera hablar con ellos. Sentía que les iba a traer más preocupación. Sin embargo, el primer día la chica que ingresa a hacer las videollamadas me dijo que no me preocupe que ella llamaba a mi familia y los ponía al tanto de mi situación. A la siguiente oportunidad, ya me convenció para hablar con mi esposa. Fue muy importante, este sostén. Quería que ella se sintiera también acompañada por mí desde ahí”. 

Lo que podés perdes 
Lucas estuvo once días internado, también por neumonía bilateral severa; durante la primera semana su estado era reservado y en los partes médicos no había avances, a pesar de hacer bien los ejercicios respiratorios y estar con el casco 6 horas por día. “Esto se iba complicando porque la motivación se te viene abajo y para mí lo más importante era estar en contacto con mi familia. Necesitas que quienes tenés afuera te mantengan enfocado y vos sepas qué es lo que podés perder. Eso te empuja a tener fuerzas para hacer el tratamiento. Saber que los que me esperaban afuera estaban bien era lo más importante. Yo no podía hacer mucho las videollamadas porque tenía el casco”, comenta Lucas. 


Lucas, ya recuperado


Su esposa, Betiana, relata que “cuando yo iba a llevarle agua o alguna ropa; le dejaba cartas cortitas, le contaba lo que pasaba en el día. Tenemos dos hijos de 2 y de 4 años y por ejemplo si uno de ellos se agarraba el dedo con la puerta yo se lo contaba en esas cartas, las enfermeras se las hacían llegar”. 

Aún hoy Betiana se emociona al hablar de esta situación límite. Lucas es claro: “No sé qué hubiera hecho sino los hubiera tenido afuera. Uno se replantea todo. Y valora los afectos”. 

Aire fresco 
Es igualmente valioso el testimonio de Gladys. Días antes de ingresar al área de pacientes respiratorios del Centro de Salud y de que le realizaran el hisopado, creía que el virus era algo lejano a ella, porque usaba barbijo siempre. 

Comenzó a sentirse desorientada, le costaba centrar sus pensamientos en cosas concretas, se sentía distraída. Ella habitualmente salía a correr y por momentos percibía falta de aire. Algo a lo que no le daba importancia, ya que creía era producto del uso de barbijo. 

Nunca sospechó que el hisopado sería positivo y quedaría internada. Con neumonía bilateral y requerimiento de oxígeno. Los momentos en los que se comunicaba con su familia eran -por utilizar una metáfora- aire fresco para continuar con el resto de la terapéutica. 

La comunicación
Viviana es enfermera y luego de 30 años de profesión, vivió los momentos más angustiantes cuando atravesó el Covid-19 su esposo, Ramón Reyna. “Nos tocó perder a un sobrino de 50 años, por lo cual nos cuidábamos muchísimo, tomando todos los recaudos”. 

No obstante, en abril Ramón comenzó con fiebre muy alta, se le detectó una neumonía, que comenzó a transitar en su casa. “Yo le podía dar la asistencia que necesitaba. Dio resultado negativo pero al pasar los días y tener factores de riesgo y continuar con síntomas le realizan otro hisopado y ante el positivo, fue trasladado al hospital. La angustia más terrible de mi vida fue esperar en mi casa los partes. Yo estaba aislada, por lo cual le enviaba con mis allegados lo que Ramón necesitaba, a todos ellos les agradezco profundamente”, afirma. 


Ramón, luego de la internación por Covid-19


El proceso de recuperación fue muy lento, en dos semanas de angustia y tristeza, los momentos compartidos mediante una videollamada tuvieron un valor fundamental. “Para nosotros fue esa pastillita que nos alimentó el alma. Nos daba el aliento para seguir con esperanza”, subraya. 

Todo esto no sería posible sin el trabajo de enfermería y maestranza, atentos y ocupados en mantener los protocolo de ingreso y egreso de las salas Covid. Tampoco se podría haber realizado sin la supervisión médica de los pacientes.

Por su parte Vanesa, Cintia, Paola, Laura y Marina dicen: “Trabajamos para implementar estas estrategias de comunicación porque sabemos que el Covid-19 nos impone este aislamiento como medida para cuidar la salud, sabemos cuán importante es el afecto en la recuperación de la salud, y que con palabras, con gestos, con miradas también abrazamos”. 

“Esto es en serio” 
Lucas, Ramón y Omar te hablan a cada tresarroyense. Porque “esto es en serio. Cuidate. Vos sos el único que puede hacerlo”. 

Omar expresa que “quiero que la gente se sienta tranquila, que si tiene síntomas, vaya y consulte y que si se tiene que internar sepa que ahí se trabaja y se lucha por la vida de cada uno de nosotros, pero también se nos trata como parte de una familia. No se los nombres de cada uno, no los recuerdo pero aún sin nombre van a tener siempre toda mi gratitud”. Manifiesta que “es fundamental cumplir las medidas de prevención, yo si alguien no está usando barbijo, siempre tengo de más y se lo regalo”. 

Cada vez que viene a Tres Arroyos, Omar pasa por el hospital a dejar alguna facturita como forma de agradecer. Entre las anécdotas, indica que uno de los enfermeros le ofreció ingresar un televisor por un rato, con algunas películas. Allí Omar le dio la importancia que tiene para la salud, valorar cada cosa por pequeña que sea. 

Su esposa le hizo llegar un televisor para él y sus compañeros de cuarto, que al irse de alta decidió donar a la sala Covid (además la empresa local Franco Video aporto películas para las salas COVID en varias oportunidades). 

Lo mismo dice Betiana, esposa de Lucas. “Siempre cuenten con nosotros como familia para lo que podamos ser útiles”, sostiene. Ella en todo momento se emociona y se le quiebra la voz, al contar lo que les tocó vivir, a más de un mes del alta de Lucas de 41 años, quien continúa en tratamiento con cámara hiperbárica y oxigenoterapia. “Quiero decirles a todos que no cometan distracciones, que es muy difícil recuperarse, que se complica mucho. Hay que respetar a esta enfermedad como se debe”, afirma Lucas. 

Para Ramón, “lo fundamental es cumplir las indicaciones de los médicos. Si te toca usar el casco, úsalo. Es muy difícil la recuperación; aun después del alta cuesta mucho volver a la vida que uno tenía por lo cual, si te toca tener Covid, tenés que hacer todo lo que te dicen y si tuviste la suerte de no tener Covid debes cuidarte. Crean que esto pasa, y es muy duro. Cuidarse hoy es lo principal”. 

Concluye que “en mi caso se hizo realidad lo que me decían los doctores, cada vez que entraban y me daban ánimo, que iba a poder, que iba salir adelante y acá estoy. Estamos muy felices y agradecidos, por eso”.         

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 Nos acercamos
En primera instancia se comenzó con el dispositivo “Nos acercamos”, un protocolo de videollamadas asistidas, que se inició desde el Departamento de Enfermería y las áreas de Cómputos y Comunicación institucional y en la sala Covid 1. 

De esta forma y a través de una aplicación cada familia se organizaba para recibir la llamada del servicio. Muchas situaciones se dieron. En su mayoría en hogares en el que el resto de los familiares también estaban aislados por ser sintomáticos o por contacto estrecho con la persona internada. 

Cuando el número de pacientes aumentó, los sistemas y dispositivos se tuvieron que ir reevaluando y se conformaron diferentes equipos de trabajo para cada sala, integrados por distintos profesionales. 

Desde el Servicio de Trabajo Social las profesionales se organizaron para concurrir. De esta forma las licenciadas Paola La Plaza y Laura López generaron lazos con la sala Covid 1 y en la sala Covid 2, se generó un equipo compuesto por las psicólogas Dina Benavente, Susana De Francesco, y las trabajadoras sociales Vanesa Villegas y Cintia Ortega. 

En este último caso, dos veces por semana ingresan a sala Covid las psicólogas y abordan los aspectos subjetivos y emocionales de la internación y otros dos días Vanesa y Cintia gestionan el contacto con sus vínculos. Asiste también a las dos salas en forma itinerante la licenciada Marina Nepotte.