La esquina de Hipólito Irigoyen 1507 sufrió varios cambios con sus distintos ocupantes

Policiales

Jacinto Liébana ya dispone nuevamente de sus casas

Le restituyeron su casa destruída y ahora teme una nueva usurpación

16|06|21 09:08 hs.

Seis meses después de recuperar la primera de las dos propiedades que había denunciado como usurpadas ante la Justicia local, el contador tresarroyense Jacinto Liebana también fue notificado sobre la restitución de la vivienda de su hermano, en el barrio Colegiales.


Sin embargo, la noticia tiene su lado triste. La propiedad fue destruída por sus últimos ocupantes. Además, le sustrajeron todas las partes que se hayan podido retirar. Elementos del baño, puertas, ventanas y aberturas en general brillan por su ausencia, mientras que, en simultáneo, el teléfono de Liébana no deja de recibir llamados por parte de gente “muy interesada” en alquilar y otros, “muy dispuestos” a ocuparla cuanto antes. 


Los usurpadores se fueron con las aberturas de la vivienda y todo lo que había en su interior


Se trata de una casa ubicada en la calle Hipólito Irigoyen 1507, que pertenece a su hermano. Un adulto mayor que se encuentra alojado en un geriátrico bajo la tutela de un curador oficial dispuesto por la Procuraduría Provincial en Tres Arroyos, ya que al dueño le habían declarado nula su habilidad para disponer del bien. 

Sin embargo, el pasado mes de noviembre, Liébana, que reside en la localidad rionegrina de Villa Regina, recibió un llamado telefónico desde Tres Arroyos, donde le advertían que sujetos desconocidos se habían metido a vivir en una de las casas, precisamente, la que estaba ubicada en la calle Reconquista 315. 

Al mismo tiempo, similares novedades le llegaban desde la casa de su hermano, en Hipólito Irigoyen 1507, donde una mujer con su marido y cuatro hijos la estaban ocupando.

Daños y amenazas
Mientras que la acción judicial que se hizo sentir y motivó la retirada voluntaria de los ocupantes en la casa de la calle Reconquista le devolvía a Liébana la sensación de sentirse retribuído por la Justicia, el hecho de no ser el titular de la otra vivienda y tener a su hermano con un curador demoró la segunda restitución. 

En el camino, la familia que estaba usurpando ese inmueble sufrió una trágica pérdida cuando un hombre que manipulaba cables recibió una descarga eléctrica y, ya sin fuerzas, decidieron retirarse por sus propios medios. Sobre todo a sabiendas que la Fiscalía bregaba por activar todos los protocolos de desalojo. 

Las demoras que generó la burocracia en la restitución del bien a la Curaduría (organismo con poder para recibirlo, ante la inhabilidad de su dueño), le dio la posibilidad de ocuparla nuevamente a otros sujetos desconocidos. 

Según Liébana, fueron ellos quienes provocaron los daños mencionados arriba antes de retirarse, cuando se enteraron que la Justicia de Garantías le había librado a la Fiscalía la orden de desalojo. 

Ahora, con la casa destruída, pero sin moradores, abundan los interesados en alquilar y “ocupar”, “recibo audios todos los días pidiendo para alquilarla”, dijo Liébana. 

“La casa se recibió en un estado de destrucción semitotal. Desconozco si han establecido responsables de tamaña saña. Hace unos días hablé con la Curaduría y ofrecí vecinos que están dispuestos a alquilarla a precio bajo, pero con la posibilidad de reacomodarla y encontré demasiada pasividad para los riesgos de una nueva usurpación. Ante ese riesgo me responden que (a los ocupantes) los volverían a sacar y establecer responsables. Me parece más prudente hacer un contrato de locación con garante y un compromiso de acondicionarla y evitar una nueva usurpación”, comentó al respecto el preocupado vecino, quien por estas horas lo que menos desea es volver a encontrarse nuevamente con un conflicto de estas dimensiones acerca del que tuvo la suerte de resolver en menos de nueve meses.