En el documental “La Televisión y yo” (2002), Andrés Di Tella muestra algunos rasgos de la sociedad

Opinión

Editorial

Documentales

02|05|21 09:08 hs.


Documentales, en la voz de Diego Jiménez


El cineasta Andrés Di Tella (1958) relata en el documental “La Televisión y yo” (2002) su carencia de vínculos y recuerdos personales, asociados con programas televisivos emitidos en la época de su infancia, en la Argentina. La película, en clave autobiográfica, se puede interpretar más allá de la vida personal de su autor, que en los primeros años de vida partió a los Estados Unidos, junto a sus padres, Torcuato Di Tella y Kamala Apparao, una pareja exótica para una época en donde los matrimonios mixtos, en términos raciales, eran una excepción, no solo en nuestro país, sino también en el mundo. En el film, parte de una trilogía integrada por “Fotografías” (2007) y Ficción privada” (2019), la vida personal de su autor y la indagación que realiza sobre su identidad, se expanden para mostramos algunos rasgos de la sociedad argentina. 

El paralelismo que se describe en su realización, entre el desarrollo empresarial de Jaime Yankelevich, pionero de la radiofonía nacional y hacedor de un emporio comunicacional a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, y de Torcuato Di Tella, abuelo del cineasta (1892 -1948), industrial fabricante de electrodomésticos y automóviles (SIAM - Di Tella) tiene un doble efecto familiar y reflexivo. El segundo, quizá, sea una consecuencia no esperada, de una introspección genealógica privada.

¿Dónde quedo ese país, en donde era posible la existencia de grandes conglomerados empresariales? ¿Qué fue ocurriendo a lo largo del siglo XX para que fueran languideciendo? ¿Cómo fue mutando esa sociedad pujante, a pesar de sus traspiés? ¿Cómo nos explicamos esos sucesos? ¿Cómo se recrea un país similar, si todavía es posible? Preguntas que surgen automáticamente mientras el documental transcurre con una fuerza narrativa impensada dado su carácter autobiográfico y su ritmo tranquilo, humano, alejado de los estímulos fulgurantes y artificiales a los que estamos sometidos a diario. “

…Russo (Alejandro Russovich) es para mí la personificación genial de la antigenialidad argentina. Lo admiro. Mecanismo cerebral, infalible. Inteligencia, espléndida. Capacidad de percepción y asimilación. Imaginación, inventiva, poesía, humor. Cultura. Una percepción del mundo sin complejos y llena de desenvoltura. La facilidad. Esa facilidad le proviene del hecho de que él no quiere - ¿o no sabe? - sacar provecho de sus ventajas…” cita Andrés Di Tella en su libro “Cuadernos” (2020), un fragmento del Diario Argentino de Witold Grombrowicz (1904-1969), escritor polaco que residió casi 25 años en el país. Y el párrafo, intenta explicar una imposibilidad que el europeo descubre y describe en un amigo cercano, para hacerla extensible a toda una sociedad que consideraba una segunda patria. ¿Qué provoca nuestra impotencia para desplegar nuestras cualidades de manera eficaz? ¿Qué traba idiosincrática lo impide? 

Es imposible no vincular el cine de Di Tella con los vericuetos de la historia nacional, aunque esa no sea siempre o casi nunca, su intención fundamental. Leyéndolo en su faceta de autor de libros, también se descubre ese rasgo. La cita de marras, elocuente, profunda, aunque no es de su autoría, al incluirla en su último libro, parece hacer propio su contenido y sumar, de ese modo, elementos para pensar las respuestas a los interrogantes, que sobre el derrotero del país, se desmembran de sus creaciones. 

Siempre es oportuno alejarse del frenesí comunicacional al que estamos expuestos, para sumergirse en otras formas de expresión y cultura, que consciente o inconscientemente nos empujan a reflexionar sobre el país. Sobre su pasado más lejano o más cercano, de manera más lenta. Con la lentitud activa propia del ejercicio de la meditación, tan necesaria, especialmente en épocas en donde la sensación de zozobra cierta, imaginada o producto de la sugestión, parece asediar nuestra vida cotidiana. 

No decimos nada nuevo cuando expresamos lo potencialmente mejor que serían nuestras decisiones como sociedad, si lo hiciésemos. No podríamos precisar un pronóstico, pero seguramente los horizontes por venir, tendrían un cielo menos nuboso. 


Add space 300x250x2