En vigencia. En el 2021 el Oso retornó a la noche tresarroyense luego de un año de parate

Sociales

El DJ y animador de la noche tresarroyense

Oso Suárez, una vida detrás de las bandejas

04|04|21 17:43 hs.

José Luis “Oso” Suárez es un nombre que, históricamente, está ligado a la noche tresarroyense. 


 Con más de 40 años de trayectoria, el Oso supo animar bares, boliches y fiestas como DJ, además de desempeñarse como encargado de varios lugares. 

 “Yo arranqué en el 76… en el verano del 76 creo que fui con Aldo Moreira a realizar el primer trabajo dedicado a esto que era ser disc jockey” recordó el Oso en una charla con La Voz del Pueblo. 

Aquel verano de 1976 marcó el inicio de una trayectoria que lo tiene hasta hoy involucrado en la noche tresarroyense. “Ahí arranqué, si bien tuve un par de años en los que no estaba tan fijo. Durante un tiempo trabajaba más de manera ambulante y colaboraba con un grupo de amigos como Wolfram, Guillermo y Gustavo Stanicia, el Toto… salíamos a pasar música. Después me afirmé, me asocié con Gustavo Mendoza que era un músico local –muy buen bajista- que sabía y tenía mucho sonido: él ponía todo la parte de sonido y yo lo que era discos y animación”. 


Cinco DJ’S en una foto. En la cabina de Yamó, el Oso junto a Topler, De Vicenzo, Mazzitelli y Rivolta


En su larga historia, el Oso tuvo solo dos parates. “El año pasado estuve parado y después estuve otro año sin hacer cosas, después de Chaplin estuve un año medio dedicado a nada porque me había bajoneado un poco la caída del lugar. Estuve un año medio en impasse y después Luis Fernández y Olga me convocaron para Spectrum y ahí arranqué otra vez, encima siendo disc jockey de nuevo, algo que yo había dejado pero eso es como andar en bicicleta, no te olvidas nunca, lo único es que te tenés que poner al día con algunas cosas pero es fácil y cada vez se va facilitando más”.

 Una odisea 
Ser disc jockey en los 70 u 80 era, sin dudas, una odisea. Buscar discos, temas, artistas, era toda una travesía a la que había que enfrentarse. “Antes hacerte de la música era mucho más complicado porque tenías que ir a Buenos Aires a buscar lo nuevo, lo más nuevo” recordó José Luis, y explicó que “había una diferencia entre Buenos Aires y Tres Arroyos de entre 6 meses y un año y con Europa capaz que había dos años de diferencia... si vos tenías alguien que viajaba a Europa y te traía un disco estabas dos años adelantado de verdad, no era cuento, porque no había la cantidad de radios que hay ahora y ni hablar de internet”. 

 En ese sentido, el Oso recordó que “un amigo que iba afuera era una gloria... por eso es que en esa época el disc jockey era tan importante, porque tenía que conseguir la música, tener los contactos para conseguirla y la plata para comprarla porque por ahí tenías que comprar un disco por un tema…”. 


Junto a Ricardo y Gustavo Groenenberg, socios y amigos de toda la vida


En aquel momento, los disc jockeys tenían que aplicar diversas estrategias para saber qué sonaba. “Era mucho de oído porque no había muchas revistas tampoco” remarcó Suárez y explicó que “había que ir a boliches para conocer qué se escuchaba, era ir a Buenos Aires y escuchar a los mejores de allá y venirte para acá. Había que conseguir allá lo que podías, tenías que ir a las disquerías, a las cuevas que tenías más o menos descubiertas a lo largo de tantos viajes y que te guardaban música o vos llamabas y avisabas que ibas a ir… ellos más o menos sabían tus gustos, sabían cuál era la música que se podía escuchar en un pueblo, era más personal la cosa”. 

 Los recuerdos se despiertan en la mente del Oso, como si las palabras activaran archivos en un fichero interior. “Me acuerdo de haber caminado Buenos Aires tardes enteras para conseguir el disco de Redondos por ejemplo o el de Sumo, porque eran discos que se vendían medios personalizados, a escondidas, no trabajaban con productoras entonces eran medio difíciles de encontrar. Tenías que encontrar así la música, no había otra manera, ahora es un disparate y creo que hay tanto que se pierde ya, yo creo que se debe perder mucha música porque hay tanta... Antes había muchos artistas pero los conocías a todos, yo me comí todos los 80 y mirá que había música, pero estábamos al toque con todos. Ahora hay artistas que son buenos pero no sé qué temas tienen o lo que perdurarán en el tiempo”. 


Con Adrián Otero y Héctor Asef, una noche en La Barra


 El avance tecnológico 
Como sucede a lo largo de la historia, la tecnología avanza y con ello cambia todo. En la industria musical, lo mismo sucedió con la aparición del cassette y posteriormente, el CD. “Cuando apareció se abrió un poco más la jugada” entendió el Oso, y explicó que “se facilitaba un poquito más el trabajo para el disc jockey”. 

“Yo la primera cassettera que recibí era tan rara que no sabía que era. Era una Pioneer CF 600 con vúmetro, frontal, era algo totalmente marcianesco y eso que estábamos con Guillermo Wolfram que dentro de todo era uno de los técnicos más adelantados de acá, el padre era uno de los creadores de los televisores de acá, era como el padre de la tecnología de Tres Arroyos. Me acuerdo que le tuvimos que ir a preguntar a él a ver qué era y él nos explicó... nosotros hasta ahí grabábamos los cassettes con el Philips que apretabas los dos botones y te tenías que callar la boca y hacer sonar la música en otro lado para grabar en un cassette, fue un adelanto grandísimo”. 


n la cabina del Tucu, Torto, Serapio y el Oso, junto a un veraneante


Luego llegó la era del CD. “La ventaja del CD es que vos podes pasar música, con el cassette podías pasar tandas enteras porque no podías andar buscando, no era como poner música con el disco que ponías al tacto. El cassette en ese sentido era medio una complicación, pero luego cuando salió el CD nos acostumbramos a él y el disco prácticamente se dejó lado. El cassette siempre fue más venenoso para laburar tema a tema, era usado más para hacer la plancha… ponías las tandas de lentos, las tandas finales o las tandas iniciales”.    


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Un nombre, 32 lugares  

A lo largo de su extensa trayectoria, el Oso Suárez formó parte, en sus distintas facetas, de 32 lugares: El Patio; Classico; La Barra Parador (Claromecó); La Barra Pub; La Barra Pinamar; La Barra Disco (Tres Arroyos) y La Barra Disco (Claromecó); Olé; Yamó y Yamó Claromecó; La Web; Hawaii; El Nuevo Almacén; New Train; Spectrum; El Viejo Quilmes; Chaplin y Chaplin Claromecó; Puerto Libre Disco; Puerto Libre Pub; El Tucu; Costa Brava; Juan Tenorio; Moreira Tres Arroyos; Dirty Port y On Way.

Además, como DJ ambulante, participó de las recordadas Fiestas del Golf; de Scrum 5 y de ETE.  



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