Gustavo Ferrario en una de las canchas de la quinta de SMATA, donde dialogó con La Voz del Pueblo

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Entrevista a Gustavo Ferrario

''El futbol me ha dado mucho''

27|03|21 20:17 hs.

Sentado, junto a una de las canchas de la quinta de SMATA, Gustavo Ferrario reflexiona. “Siempre digo y comparo con los chicos de hoy. Tengo 55 años. En ese momento el fútbol era todo, tenías cinco minutos, agarrabas la pelota e ibas a jugar”, recuerda. 


Vivió su infancia en el barrio la Aceitera. Hijo único de una mamá modista, Norma Ferrario, quien falleció cuando él tenía 11 años. “Me crié con unos tíos”, indica. Sus primeros pasos para jugar al fútbol los dio en una cancha cercana a su casa. Un señor de apellido Alegro los cargo un día a él y a otros chicos en un Rastrojero y los llevó a hacer una prueba en El Nacional. Por entonces, Gustavo tenía diez años. “Hice todas las inferiores en el club, me tocó debutar en Primera muy joven”, señala. 

Confiesa, sin embargo, que cuando era chico solía ir a Argentino Junior, donde pudo ver jugar a un gran volante creativo como Osvaldo Sosa y otros referentes del club. Explica que “mi casa estaba en línea recta de la cancha de Argentino, a poco menos de cuatro cuadras, cruzando terrenos”. 

 Realizó los estudios primarios en “la gloriosa Escuela 4” y jugó “los torneos interescolares en lo de Furlotti”. En aquellos años y para toda la vida, lo marcó de manera muy positiva Ricardo García Blanco. “Yo no tenía una figura paterna, fue el padre que no tuve -subraya-. Un adelantado que revolucionó el fútbol. Para mí y muchos de esa camada, lo que decía era palabra santa; en el día de hoy, nos juntamos con algunos de los ex compañeros, y seguimos pensando que Ricardo fue importantísimo”. 

A los 15 años, Gustavo no estudiaba y cada tanto, ayudaba a un tío, pero no era un trabajo estable. “Ricardo me dijo ‘si no vas a estudiar, tenés que trabajar’. Me llevó con él, tenía un corralón de materiales para la construcción y una casa de venta de grifería. Pasaron muchos chicos y gente grande por ese trabajo, los tuve de compañeros a Palito Saldías y a Ramón Utrera, que eran muy buenos jugadores. De esa época todos los recuerdos que tengo son lindos”. 

 En Primera 
Integró por primera vez el plantel de Primera en 1980, en tiempos en que los delanteros eran Ferreirós, Moreno y Cejas. La oportunidad llegó debido a que Ferreirós, quien falleció en 2019, estaba haciendo unos trabajos en el sur; “jugué el sábado en Sexta. Antonio Damboreana era el técnico, vino y me dijo ‘te voy a llevar al banco de Primera. Yo tenía 14 años. Esa noche no dormí, porque El Nacional es El Nacional, hoy y siempre, es uno de los clubes que hizo grande la Liga de Tres Arroyos”. 

La convocatoria lo sorprendió, porque “era muy pibe, sí bien tenía un físico más grande que muchos de mi edad”. No tardó mucho en debutar y sumarse al equipo. 


Junto a Daniel Salomón y Rubén Damboreana




 Para valorar 
Hubo vaivenes deportivos en los primeros años de la década del ’80. Gustavo comenta que “en 1981 volvimos a Segunda División; en 1982 usamos unas camisetas amarillas que decían Maderera Futuro, salimos campeones y ascendimos. En 1983 descendimos nuevamente y al año siguiente, asumió como director técnico Bruno Zinni. Subió una camada que era con la que yo venía jugando desde inferiores, seis o siete pibes, con muy pocos refuerzos. En la primera rueda conseguimos triunfos en muy pocos partidos y la segunda rueda la ganamos de punta a punta, pero no nos alcanzó para ascender”. 

Había una base de jugadores y en 1985 llegaron además “Robledo, Salomón que había estado en Huracán, Jimmy Giménez al arco, José Chico, el ruso Beigbeder. Tati Fernández había dejado de jugar en Huracán, vino con nosotros y aportó muchísimo. Más Toli Andreasen, Poroto Fernández, el Peludito Arámbulo, Juan Gutiérrez y yo”. Destaca que “había varios de nosotros que un poquito sobresalíamos, a excepción del Turco Salomón que sobresalía muchísimo”. 

 Es así que El Nacional salió campeón de Segunda en 1985, en una definición en su cancha ante Cascallares. “Muy pocas veces vi tanta gente en la cancha. Cuando estuvo Maradona años después y con la selección una vez ante Mar del Plata. Estaba repleta”, exclama. 


El equipo de El Nacional en 1985, el día de la final por el ascenso ante Cascallares. “Hasta ese momento, nunca había visto la cancha así”, señala Gustavo Ferrario




Al año siguiente, el Decano ganó el torneo de Primera. “Terminamos cabeza a cabeza con Boca, jugamos dos partidos definitorios, nos impusimos 3 a 1 en cancha de Huracán y empatamos 0 a 0 en nuestra cancha”, puntualiza. Gustavo cuenta una anédcota: “Sobre el final, me mandé una que me podrían haber echado. Tiraron un pelotazo largo, antes de encarar para el arco fui hasta el banderín del corner, la levanté y le pegué muy fuerte para sacarla de la cancha. Se terminó el partido, no quedaban más pelotas. Después el utilero Rubén Damboreana me la quería cobrar”. 

En este sentido, relata que “al club le tocó mucho tiempo después perder un campeonato por no revolear una pelota. Ante Independencia, faltaba un minuto, no la tiraron afuera, ellos sacaron y gol. Siempre me cargaban, ¡si hubiesen hecho lo mismo que vos…!”. En cada asado que nos encontramos, este tipo de vivencias las seguimos contando”. 

Jugó un campeonato más en El Nacional y en 1988 formó parte de la Liga Comercial. “Fue el inicio de esta competencia. Nos fuimos varios al equipo de Genovesi Hermanos, Jimmy Giménez, los dos Goizueta, Daniel Valle, González, yo. 

Teníamos un tres que era asperísimo, el flaco Isaac, te raspaba, un pibe bárbaro. El técnico era Daniel Codgagone”. Quilmes lo incorporó en 1989 y no tuvo un buen desempeño. “Parecía un Fiat 600 al lado de los Fórmula 1”, expresa con una sonrisa. “Era un equipazo, salieron campeones. Me acuerdo -menciona como ejemplos- de Murro, Montero, Fanta López. Me dio la sensación que mi época de futbolista ya había concluido. De hecho no volví a jugar nunca más, ni siquiera un picado, no sé por qué razón”. 

 Otra etapa 
Dio una vuelta de página. Comenzó a trabajar en un estudio jurídico, donde permaneció cinco años, y además fueron los inicios de la formación de su actual familia. 

 “Fui dándole prioridad a otras cosas, hasta que un día me agarró el berretín de querer ser técnico. Y soy técnico nacional recibido, hice el curso en la segunda camada que vino a Tres Arroyos. Después trabajé un par de veces en El Nacional”. De aquellos años, indica que “hubo un período en el que estuve retirado. Cuando hice el curso me volví a acercar. Me sumé como dirigente, fui técnico y hoy sigo teniendo contacto con la gente que está en el club”. 

Una de las mejores experiencias como técnico fue dirigir al Decano en el Torneo Federal C entre fines de 2014 y los primeros meses de 2015. En la primera ronda, tuvieron entre los rivales a Racing de La Madrid, dirigido por Alejandro Carabelli, quien integró el seleccionado juvenil campeón del mundo en Japón en 1979. “En La Madrid ganamos 3 a 1, lo fuimos a saludar con el Turco Salomón, que era ayudante de campo, nos sacamos una foto con él, un tipo macanudo”, valora. 


Con el seleccionado juvenil de Tres Arroyos. Destaca que era “un tremendo grupo, con mucho compañerismo”




Gustavo pone de manifiesto que “pasamos a la segunda ronda, nos eliminó en octavos de final El Fortín de Olavarría. El Nacional terminó entre los cien mejores de la provincia”. El presidente de El Nacional era Hugo Dello Russo. “Yo lo cargaba, no me llevaba mucho con él -observa-. Le decía vas a quedar en el recuerdo por haber sido el presidente que más lejos llegó. Teníamos encontronazos, como los podés tener con cualquier personal, pero yo pienso que hay que estar más allá de eso”. 

Con gratitud, sostiene que “el fútbol me ha dejado muchas cosas, hice amigos. Sigo vinculado a la actividad. A veces te queda un resquemor con alguno, yo digo que a través del tiempo uno tiene que aprender a cicatrizar todas esas cosas que van quedando en el camino. Hay quienes lo pueden hacer, otro no. Yo gracias a Dios he podido saber diferenciar, ir saltando ese tipo de obstáculos como para decir ya está, ya fue”. 

 Habla de las vivencias en El Nacional y afirma que “futbolísticamente soy un agradecido. Creo que ha marcado mi vida deportiva y lo voy a recordar siempre, al igual que a Ricardo García Blanco”. 

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La familia
Gustavo Ferrario formó una familia con Marcela Díaz. Sus hijas son Camila, “quien me acompañó en mi época de director técnico a todas las canchas” y Milagros. 

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En River 
 En 1980, Gustavo Ferrario fue a jugar a la cancha de River con El Nacional. “Conocí el Monumental. Jugamos en la cancha auxiliar”, rememora. Integraban el plantel de River en esa etapa Passarela, Carrasco, De los Santos, Comelles, Fillol, Ortiz, entre otros. “Tenía un equipazo”, dice con admiración. 

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El pase que no fue 
 En el análisis de su trayectoria futbolística, reconoce que “me arrepiento de una sola cosa. En 1988, año en que debutaron Tenaglia y Férez como técnicos de Huracán, estaba la intención de hacer un cambio de jugadores. El presidente de El Nacional era otra persona que falta, Alberto Abad; me comentó que ‘la gente de Huracán te necesita, si a vos te interesa le cambiamos por José Sola’”. 

Con precisión, describe que “llegué a la cancha de Huracán en una bicicleta azul. Al primero que me encontré es a Loustau. Le comenté ‘vos sabés que no sé qué hacer, si irme o entrenar’. El enseguida me planteó que ingresara. Me recibieron los técnicos, a Hugo Tenaglia lo había tenido de compañero en la selección. Siempre fue un gringo muy directo, me sentó en el banco de suplentes y me dijo ‘vos podes arreglar acá con el que quieras, te voy a tener en cuenta, pero mi jugador hoy es Palito Espinosa. Querés venir a sumarte al grupo, no hay ningún problema’. Palito había empezado a jugar en Primera. Le respondí que lo iba a pensar y no aparecí nunca más”. 

En su evaluación de lo sucedido, considera que “tampoco sé si mi cabeza estaba preparada para estar en ese momento en Huracán, uno se identificaba mucho con un lugar, y al ir a otro club te parecía que te miraban de costado. Eso hoy no pasa, te cambias de club sin importar”. 

Concluye que “por ahí fue un error mío, venía de jugar en El Nacional en 1987 y no había tenido ningún parate. Después cuando volví en 1989 no estaba en ritmo para seguir en un equipo de Primera”. 

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Con el más grande
Una de las satisfacciones enormes que sintió Gustavo Ferrario es haber conocido a Diego Maradona. “Fue a través de un primo de mi señora, Cote Valladares, hoy también fallecido. Un día me llamó y me dijo ‘a vos que te gusta el fútbol ¿quéres venir a conocer a Maradona?’. Diego salía a pescar con él en Marisol”, señala. 


Conoció a Diego Maradona en Marisol




Lo invitaron a formar parte de un almuerzo en el que estaría el inolvidable jugador. “Almorzamos, Diego no aparecía, había ido a ver a Boca en Mar del Plata –relata-. Después fuimos a la playa y la esposa de mi primo nos avisó que Diego había pasado para avisar que se dirigía a la desembocadura, que fuéramos para allá”. 

Tiene bien presente lo que ocurrió esa tarde: “Estuve una hora parado con las manos atrás, sin decirle una palabra, a un metro de él. Iban y venían jugando con unas bochas plateadas en la playa, terminaron de jugar, me acerqué y le dije ‘Diego, ¿te puedo saludar? Vine a almorzar a lo de Cote’. El me respondió que sabía que yo era el primo, que le habían contado. Me agarró del hombro y fuimos caminando como treinta metros, me temblaban la piernas, tenía chuchos de frío. Lo estaba esperando en ese momento Jorge Sentis, de Caminemos Juntos”. 

Expresa que “siempre fui un defensor de Diego en lo futbolístico, el resto nunca lo puse en la balanza. No soy quien para juzgar a una persona. Para mí es lo mejor que vi en la cancha, muy lejos”. 

Les tomaron un par de fotos, que Diego luego firmó. Las conserva en un fogón, como recuerdo. “Ese día la pasamos muy bien”, destaca. 

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El fútbol y otros proyectos en la quinta de SMATA
En la quinta de SMATA, Gustavo Ferrario lleva adelante un proyecto junto a Gustavo Zubiri. Señala que “tuve en mente hacer un lugar que se llamara Complejo Deportivo Los Amigos. Vino justamente un amigo de Puerto Madryn a vivir a Tres Arroyos, Gustavo Zubiri, le dije vamos a armar un complejo con canchas de fútbol once para alquilar. Nos metimos en esto, una locura; pusimos luz en la cancha, nos agarró la pandemia. Pero la gente que viene al predio se queda maravillada”. 

Por entonces, Gustavo ya tenía “otros lugares de fútbol sintético. Arrancamos en el Lawn Tennis con dos canchas, ahora hay dos más en Costa Sud, en el predio sobre Mitre 1045”. 

Cuando se avance con la vacunación contra el Covid-19 y estén dadas las condiciones para congregar un poco más de gente, piensan dar otro paso en SMATA. “Estamos viendo con mi señora de alquilar el salón, hay espacios al aire libre y un fogón donde se puede cocinar. Tenemos varias cosas en mente que vamos a ir haciéndolas en el transcurso del año”, anticipa. 

Parte de la quinta “se la habíamos alquilado a la Liga Comercial. Después no llegamos a un acuerdo y decidimos crear con Gustavo lo que hoy es la Liga Amateur de Fútbol”. Además se encuentran organizando un Torneo de Cebollitas. “Así homenajeamos un poco a Diego (Maradona). Un Sub-17, un Sub-15 y un Sub-13, es un complejo muy amplio, la gente la podemos tener separada, igual tomamos muchos recaudos para cumplir con la prevención del coronavirus”. 




En un partido ante Huracán, lo marcan Rivero y Gutiérrez




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