Carta de Lectores

Escribe Marta Gerardo

Educación presencial, una oportunidad

09|02|21 09:48 hs.

Señora directora:


Resulta claro para nosotros padres y, seguramente para los maestros también, que el impacto pedagógico que la presencia del docente tiene en el aprendizaje, no puede compararse -por más esfuerzo y horas que se inviertan- con la enseñanza virtual. Esto es así, por el docente, por el grupo, por el feedback, y lo es para todos los niños de todas las edades. Tampoco hace falta insistir -porque ya se encargaron nuestros hijos de recordárnoslo durante todo el ciclo lectivo pasado- en la idea de que los chicos extrañan su escuela y la extrañan porque la escuela es mucho más que un lugar donde se aprenden contenidos y la extrañan, aunque no puedan explicar muy bien por qué. 

Y - claro está- algunos la extrañaron más que otros y algunos aprendieron más que otros. Y algunos la extrañaron tanto, que se deprimieron seriamente, y otros la extrañaron tanto, que no aprendieron nada. Y he aquí la cara más terrible del cierre de las aulas: Su impacto es desigual y por lo tanto genera DESIGUALDAD. Los más pequeños, los que transitan etapas críticas en su neurodesarrollo, etapas en donde la estimulación del medio para la adquisición de habilidades que fundan estructuras cognitivas y subjetivas fundamentales es crucial y cuya ausencia sobre todo en hogares en donde esos estímulos, por razones diversas, no están presentes, pueden sufrir consecuencias sino irreversibles, muy difíciles de reparar. Ni que hablar de las habilidades sociales, del juego con los otros, los límites grupales, el enriquecimiento del lenguaje y todos aquellos avances que rápidamente padres y abuelos reconocemos cuando los más pequeños inician el jardín maternal o el jardín de Infantes. 

Los niños de hogares con pobreza estructural (no olvidar que el 56,3% de los chicos menores de 14 años de la Argentina son pobres). Niños que no sólo no poseen dispositivos adecuados, ni conexión, ni calefacción en invierno, sino que no se pueden concentrar porque, literalmente, tienen hambre. Muchos de ellos con padres con trayectorias escolares interrumpidas que no pueden constituirse, como sí muchos de nosotros, en eventuales apoyos de la virtualidad. 

Niños y adolescentes en riesgo social, pertenecientes a familias multiproblemáticas, para quienes la escuela es el faro, el único ordenador de la cotidianeidad. 

Niños que sufren vulneraciones de derechos (abuso sexual, maltrato infantil, violencia familiar, desnutrición), para los cuales una Maestra, un/una Profe, un Equipo de Orientación, un/una Directora, que visualicen la situación y disparen el protocolo vigente, representan una oportunidad -si no la única- de ser rescatados de tanto sufrimiento. 

(No olvidemos que gran parte de las denuncias ante los Organismos Proteccionales en nuestra provincia provienen del ámbito escolar). 

Niños con desafíos especiales. Niños con alteraciones en su neurodesarrollo, alteraciones cuya detección temprana gracias a la pesquisa de una maestra o un Equipo de Orientación incide directamente en la benignidad del pronóstico. Niños con discapacidades diversas, con estrategias y dispositivos especiales diseñados específicamente para un aprendizaje diferente. Niños cuyo único espacio de contacto con otros niños es la escuela. 

Todos estos niños están a la espera de que, de una vez por todas, nosotros, los adultos, prioricemos sus necesidades por sobre nuestras diferencias. Nos hagamos cargo de lo que vivimos enunciando y defendamos lo que constituye para ellos la mejor, o en algunos casos la única oportunidad, de mejorar sus condiciones de vida. Como señala las Sociedad Francesa de Pediatría: “El verdadero riesgo para los niños en esta epidemia del Covid-19 es privarles de un entorno socio-educativo beneficioso para su desarrollo, y de un seguimiento médico-preventivo, indispensable para su buena salud. Es urgente que los adultos controlemos nuestros miedos y sigamos adelante por el bien de la infancia” Estar a la altura o no de sus necesidades, de nosotros depende. 

Marta Gerardo
Padres Organizados  


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