Fotos: Caro Mulder

Claro, Reta y Orense

Un viaje por los recuerdos de un vecino claromequense

Memorias de la guerra

05|02|21 11:53 hs.

Disparos, corridas, miedo… mucho miedo, hambre, frio, bombardeos, prisión, desesperación, recuerdos que el tiempo fue borrando o han sido borrados a la fuerza, en la vida de Simón Reino que el pasado 7 de noviembre cumplió 97 años. 


Simón no fue una víctima de un asalto a mano armada, ni de ningún otro acto delictivo en la Argentina, sino que a los 16 años y durante 4 años fue soldado defendiendo a su país durante la segunda guerra mundial. 

Nació en Benevento, a unos 80 km aproximadamente de Nápoles, Italia y en un diálogo con LA VOZ DEL PUEBLO recordó su llegada a nuestro país, la Argentina de la década del ’40 y la marca imborrable de la guerra. 



“Tenía miedo que se viniera otra guerra, estuve en Grecia y Yugoslavia, usted no se puede imaginar lo que viví, ni hablar de eso”, menciona con la voz entrecortada y los ojos vidriosos.

En una de las paredes de su casa repleta de fotos familiares, aún conserva un cuadro con la Cruz del Mérito, la mayor condecoración que puede recibir un soldado, “me dieron otra y la tiré, no me gustaba verla”, afirmó. 


Fotos: Caro Mulder



Simón fue sargento de artillería en el ejército italiano y, en una reunión, le dieron la orden de atacar una base alemana donde se encontraba un tren donde los alemanes estaban cargando todo para retirarse.

 Al saber de esta situación y que lo superaban en número se opuso a la decisión y propuso: “no ataquemos a los alemanes si se están retirando. Si exponemos a las tropas nos van a ganar, nos superan en número, no vale la pena arriesgar la vida de 2000 hombres. Ese día se salvaron 5000 vidas alemanas e italianas”, y nació la razón de la Condecoración que adorna una de sus paredes. 

Fueron 4 años los que estuvo en guerra, lo tomaron prisionero y las heridas aún perduran en su cuerpo y en su alma. 


Fotos: Caro Mulder


A los 25 años se fue de Italia por miedo a una nueva guerra, porque según asegura haber aprendido, “las guerras son para que los grandes capitalistas ganen dinero, y muere cantidad de gente”. 

Vino solo a Argentina y en Italia quedaron sus padres y otros cuatro hermanos que nunca volvió a ver, aunque siempre mantuvo comunicación.

 Llego a Buenos Aires y después a Tres Arroyos “porque tenía un tío por esta zona. Hice todo tipo de trabajos en esa época, fui a la cosecha de trigo, a la de papa, he hecho de todo. Vendía sándwiches en la playa en Mar del Plata”, recuerda. 


Fotos: Caro Mulder


En Tres Arroyos conoció a Nélida, su señora argentina, hija de italianos, y con quien adoptaron una nena. Hoy, entre risas, frente a Emanuel Merlo, uno de sus nietos, dice “ahora tengo todos estos vagos, 4 nietos y 4 bisnietos”.

 El Claromecó de antes
En el año 1975 llegó a Claromecó. Su trabajo en ese momento en Tres Arroyos era fabricar camas, en principio de hierro, caños y después de madera, además de vender colchones. “Cuando llegué, traje como 150 colchones. Mucho no había, le vendía a la cooperativa. Creo que funcionaba donde hoy está Oasis (el supermercado)”. 

Uno de los motivos por lo que decidió venir a vivir a Claromecó fue su amor por la pesca, “cuando compré acá, de este lado no había casas era todo campo, se veía el mar, una maravilla, me encantaba”, dice mientras mira la ventana de su casa, ubicada a cuatro cuadras del mar, “por acá pasaban las vacas, iban a pastar a la plaza del centro”, recordó. 

Entre sus recuerdos más preciados, está una de las fotos que atesora la de un tiburón bacota de 70 kg capturado en el Tercer Salto, “con un el reel rotativo con línea de acero y nylon 100, había encarnado con sargo y tiramos cerca, no se puede tirar lejos por la plomada grande, estaba acostumbrado a pescar cosas grandes, corvinas podía pescar lo que quería, ya no sale nada, nosotros las corvinas negras las pescábamos con cañas de pulso salían en las piedras y pesaban alrededor de 20/30 kilos” recordó. 



Covid-19 y Tifus
Con sus 97 años, los únicos remedios que toma son para la presión y para la arritmia. Realiza una caminata diaria de 7 u 8 cuadras, se apoya en un bastón de eucaliptus tallado por él mismo y, al momento de preguntarle sobre los recaudos y medidas sanitarias frente al Covid-19, menciona con simpleza que: “algo me cuido”. 


Fotos: Caro Mulder


“Estoy acá adentro cuando voy a hacer alguna compra por ahí y me pongo el barbijo ese”, pero inevitablemente, imágenes de la guerra aparecen en su memoria. 

Es cuando Simon recuerda la epidemia de Tifus, “en la guerra estaba el tifus que le decían, transmitido por los piojos. En la guerra uno no se cambiaba la ropa, no se bañaba, ninguna cosa de esas, entonces se criaban los piojos y a muchos les agarraba el tifus, algunos se morían otros se curaban”. 

Después de tantas vicisitudes, su balance de nuestro país no es muy diferente al de otros de su edad, “no estoy disconforme de la argentina, pero podría estar mucho mejor. Por la cantidad de materia prima que tiene. Italia por ejemplo, no tiene hierro, todo lo tiene que comprar. Y sin embargo, esta mejor que la argentina. Allá no hay mucha tierra es muy montañoso, no hay agricultura si mucha industria, y tiene que adquirir materia prima afuera para poder funcionar, acá en cambio tiene todo y no invierten”, comparó resignado. 

Es tal vez uno de los vecinos más longevos de la villa, un detalle que observa con humor y, en el cierre, reconoce impensado, “el más viejo de todos soy yo. Soy un viejo de miércoles, nunca pensé llegar a semejante cantidad de años”, concluyó.