Fernando Santiago es chaqueño y presenta a través de su libro “Conejo” realidades mezcladas con ficc

Sociales

Tras presentar "Conejo"

Re-conocer el Chaco a través de cuentos

24|01|21 09:38 hs.

Es lo que buscar lograr Fernando Santiago con sus relatos contenidos en “Conejo”, un libro que anoche presentó Editorial Caravana en Claromecó, muestra mitos y verdades de su provincia. Son más de una veintena los escritos con los que se propone dejarle al lector la posibilidad de pensar; “se van a sentir claramente interpelados, sean del Chaco o de Tres Arroyos” comenta. Muchas de sus historias fueron hechos cotidianos interrelacionados entre sí pero a través de los años por la transmisión popular y su propia investigación


Fernando Santiago es chaqueño y además escritor. Estuvo presentando anoche su libro “Conejo” en el marco de los eventos diagramados por Editorial Caravana en el espacio de arte Quelaromecó. 

Previo a ello pasó por la redacción de La Voz del Pueblo para contar un poco su vida y las historias que se relatan en sus cuentos reflejados en “Conejo”. Santiago es -como toda persona del interior del país- de contar tanto su vida, la forma de escribir los cuentos o reflejar la realidad de su provincia de manera directa, sin tapujos ni reservas. 

No parece extraño una persona de Chaco en esta zona más cuando Fernando cuenta que ya es la segunda vez que anda por Tres Arroyos pues con Diego Slagther se conocen desde hace más de diez años. “Estuvo en Chaco trabajando en la zona de Las Lomitas, en Formosa, y ahí fuimos siempre cambiando impresiones de lo que escribíamos”. 

Cuando se da el comienzo de Editorial Caravana, Slagter conocía de la edición de su primer libro, una pequeña novela -“Doña Pilar”-, y le propone a Santiago el que publique algunos de los cuentos de su autoría. “Yo agradezco a la editorial de publicar esto que creo es buen material porque cuenta un poco realidades de la provincia del Chaco. Historias que son de ese lugar o podrían ser de otras provincias, pero contadas de una manera distinta. Son cuentos cortos que, seguro para quien los lea, yo creo que no van a pasar desapercibidos. De hecho, hay cosas que las han leído personas por fuera del libro y siempre surge la pregunta: ‘che, ¿esto puede ser así?’”. 

“Conejo” es su segundo libro, en este caso de cuentos. Su antecesor “Doña Pilar” se trató de una novela corta



¿Realidad o ficción? 
Los cuentos tienen un poco el juego amplio entre la ficción y la realidad y en este caso de “Conejo” Fernando Santiago explica que “se juega un poco entre esa ficción y la realidad con personajes, con personas, con hechos y sucesos que se fueron dando en la provincia. Cosas que me van contando y que curiosamente ese relato es traído tiempo después por otra en otro lugar que las voy escribiendo. Fue un largo camino, llegamos a la cúspide de la montaña pero después de caminar un rato largo” cuenta entre risas. 




A veces se piensa que las cosas que ocurren en lugares como el interior chaqueño, el misionero, Santiago del Estero, fundamentalmente esas zonas son muy diferentes a las de esta región, por la razón de distancias. A lo que Fernando agrega “las distancias son las mismas, lo diferente son los tiempos. Los que se manejan en las urbes o capital federal son distintos a los nuestros. Ayer me pasó que una persona que fue a cambiar el gas entro diciendo ‘¡¡ehh cómo andás!!’. A nosotros no se nos ocurre esto ni por asomo, los nuestros son tiempos más tranquilos, más apacibles pero que no por eso dejan de ser atrapantes por el hecho o la situación que sucede. Tal vez no lo pueda vivir un bonaerense o uno de Tierra del Fuego, por ejemplo, pero sí cuando los lean van a decir ‘pero, ¿es posible que esto suceda?’. Y ahí uno juega con lo que pueda ser ficción o realidad y cuánto hay de cada una, lo que se ve en los cuentos a veces tiene que ver con una cotidianeidad y otras que se reitera como cotidiano pero a través de muchos años”. 

Su relato se mezcla pues en muchos aspectos Fernando Santiago detalla la propia vida y la de su provincia. Muchas de las historias que cuenta tienen que ver con que alguien las trajo, quedaron dando vueltas en su cabeza y años después esa misma se daba contada por otra persona y ocurrida en otro lugar de ese Chaco misterioso pero totalmente real. “Y no hay ninguna conexión entre esas dos personas, pero conocen el hecho; entonces indago un poco más, investigo y cierro la historia. Son cuentos que te llevan diez o quince minutos leerlo pero a mí me llevaron tres o cuatro años redondearlo. Esto es muy común, tal vez los hechos no lo sean tanto”. 

Reconocimiento y preguntas 
 Está muy agradecido de Caravana, del esfuerzo que han puesto en lograr esta edición de su libro y como él dice, “de haberle metido mano a los escritos y ordenarlos, creo que quien los lea se va a llevar seguramente una buena impresión del libro. Está muy bien ilustrado también, son pocas pero buenas; la ilustración es una gota en el océano pero también tienen su fuerza y los escritos les he tratado de darles una vuelta de tuerca para que se saque un aprendizaje de ellos. Algunos al comienzo del cuento, otros en el final pero en la mayoría hay un aprendizaje en ellos”. Cuando hablamos del sentido que tiene para el autor editar una publicación y la búsqueda de “dejar algo” más que un relato, Fernando Santiago agrega, “es verdad que uno lo busca pero no siempre se logra. En este caso nosotros hicimos una selección de muchos escritos y llegamos a estos -que se hallan reflejados en Conejo-, considerados los que tienen más fuerza”. 

“Estamos en el desafío de que espero que se lea, que guste y que por lo menos sirva para que se hagan preguntas, que nos hagamos preguntas; creo que es lo mejor que puede quedar de un libro”. 

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Pintar “su” provincia a través de cuentos
En muchos aspectos Fernando Santiago revela las crudas realidades de que lo que para unos es catástrofe para otros forma parte de la cotidianeidad. “A nosotros como familia nos tocó toda la inundación del 82’; fueron siete meses bajo agua que marcaron mi niñez” distinguiendo que en esa edad lo veían más como juego que cómo desgracia aprendiendo a convivir con la vida y la muerto de manera común

Cuando ahondamos un poco en su forma de relato y el sentido, Fernando Santiago explica que “es una forma de contar la realidad de la provincia. Chaco tiene mucho de todo lo que pasó, la gran mayoría de los escritos contienen hechos y cosas que son ciertas”. 

Cuenta además que sus textos tienen que ver en muchos casos con historias cruzadas de un mismo trasfondo pero a través de muchos años entre una y otra. “Algo muy difícil de seguir en el periodismo por la inmediatez; normalmente se lo hace con un hecho político o policial que perdure en los años pero nunca con la historia cotidiana” agrega Fernando. 

Marcando además la importancia de la historia contada a través de la transmisión popular, sus escritos tienen que ver con cosas atemporales que se fueron dando a través de los años en la provincia del Chaco. 

Para Fernando, en “Conejo están reflejadas situaciones que si uno profundiza, va, las va a encontrar y están ahí poéticamente, políticamente, filosóficamente pero están”. 

Diferencias y paralelismos 
Hablando de matices y antagonismos entre su novela “Doña Pilar” y estos cuentos, “Conejo”, Fernando coincide que hay algo que caracteriza a los dos. Hay un estilo, que eso no es poco digamos. Y mucho de los cuentos y Doña Pilar, hay una impronta política; los cuentos no todos lo tienen pero si uno les ve tienen una impronta social, cultural, geográfica. Que si lo analizamos en profundidad es política la esencia, pero no partidaria sino de idiosincrasia o de cómo se va construyendo esa cuestión cultural que como vos decías al principio, parece tan lejano y sin embargo estamos en un mismo país”. 

Hay cosas que le han marcado la vida a al autor de “Conejo” y una de ellas fue el haber convivido con la inundación o la sequía durante su niñez. Para muchos algo bastante impensado pero que para habitantes de esa región del país es muy común como vivencia diaria.

“Ayer le decía a Diego que a nosotros como familia nos tocó toda la inundación del 82’; fueron siete meses bajo agua que marcaron mi niñez. Lo que para otros hubiese sido una catástrofe para nosotros fue un juego, pero con el tiempo te das cuenta de la magnitud, eso fue mi niñez. Son siete meses intensos de convivir con el agua, con las víboras, con el vecino que hay que ayudar a sacar las pertenencias, en ese juego que nos termina marcando. Es muy difícil que otra provincia haya pasado una cosa parecida y que es lo que sucede, en ‘Doña Pilar’ hay un relato donde mi abuela cuenta su inundación de 1966. Entonces, la del 66’, la del 82’, la del 94’ si vos lo analizás hay una cronología de hechos que marcan cómo la provincia se predispone para una situación de esas. Cuando en otros lados una inundación es catastrófica en nuestro caso te podés preparar de otra forma, cultural, política, lo analizás de otra manera. Creo que en alguno de los cuentos se marca un poco eso, es un estilo de escritura que tiene que ver con la convivencia y cotidianeidad. Nosotros tenemos una permanente convivencia con la vida y la muerte porque en muchos aspectos la sentimos como normal”. 

Siente que en todo momento hay como una lucha constante del hombre para convivir con el medio, “siempre fue así, o aprendés a convivir o perecés en el intento o te tenés que ir, que hacerlo es una manera también de perecer. Porque irse es perder la identidad de uno. Los que decidimos y tomamos la opción de quedarnos, sabemos cómo pelear en esas circunstancias, si hay o no hay como muchas veces agua. Esto marcó muchas generaciones, incluso el que no la vivió lo está porque hay un relato detrás de la familia de lo que sucedió. Se da de esa manera y nosotros hemos aprendido de esa forma, castigados, cruzados por el mundo donde se dan una cantidad de situaciones pero nosotros hemos aprendido a pelearla y a plantarlos. Y en el medio de todo… la naturaleza; en una noche queda todo bajo agua, en una noche se te secó el pozo y no tenés agua para los animales. Esto es más común de lo que uno espera o quisiera y está la capacidad de llevarlo al relato. Cuando lo lean se van a sentir claramente interpelados, sean del Chaco o de Tres Arroyos”.   

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