Daniel Beigbeder dijo que “formé parte de una época dorada del fútbol local”

Deportes

Daniel Beigbeder, con el club de barrio en la sangre

“Le dije a mi viejo, quiero jugar en Villa”

24|01|21 01:12 hs.

Su abuelo Juan fue uno de los fundadores de la institución. Se inició como delantero, pero después brilló con la camiseta 10. También integró los planteles de El Nacional y Olimpo que ascendieron en 1985 y 1990, entre otras experiencias deportivas


Cuando Daniel Beigbeder era chico, en el barrio había canchitas de fútbol por todos lados. Cerca de la casa de familia, ubicada en Roca en la cuadra del 900 al 1000. “En el Hospital, donde está la parte nueva, había una. Y contra la vía, en un lugar donde se instaló después una maderera, estaba la cancha de los dinamarqueses, así la llamaban”, recuerda. Su padre Raúl tenía una Ford A. Daniel relata que un día “íbamos para la Liga de Fútbol. Me dijo ‘querés que te fiche en Villa o en Huracán’. ‘No, yo quiero jugar en Villa’, le respondí. Fuimos y me fichó”. Es hijo único y su madre, Ethel Malaspina, falleció cuando él era chico.

Hay un vínculo muy fuerte, en la sangre, con Villa del Parque. Su abuelo Juan fue uno de los fundadores. “Cuando el club compra los terrenos donde está la cancha actualmente, mi abuelo hipotecó la casa. Murió a la edad que tengo yo, 56 años. Según me cuentan lustraba los botines en una pieza de mi casa, cosía las pelotas, hacía todo”, destaca. Y señala que “antes la cancha de Villa estaba al lado de la vía”, en el primer período de la institución. 


Daniel tiene anotados en cuadernos los datos de los torneos que jugó y equipos que integró, goles, posiciones. Un prolijo detalle que resume su trayectoria. También muchos recortes periodísticos de La Voz del Pueblo y fotografías. Los primeros registros son de 1977, en la adolescencia. “Jugaba de siete en esa época, de wing derecho –señala-. Pero tenía físico chico. El primer partido que jugamos fuimos a Orense en una camioneta Rastrojero de Pedro Rocha y me marcaba un rival que era el doble de alto que yo, jugué un rato y me sacaron. En ese momento había Séptima, Sexta y Quinta división. No teníamos escuelita de fútbol como ahora”.

En 1981, Villa logró salir campeón en Quinta. “Muchos también jugábamos en Sexta, entonces participábamos en dos partidos el mismo fin de semana. Después la Liga no lo permitió”, observa. 

El club se había desafiliado de la Liga, cuando estaba en Primera División. “Volvió a competir en 1972, tuvo que hacerlo en Segunda”, indica Daniel.

En divisiones inferiores, sus compañeros eran “casi todos del barrio. Menciona a “Guillermo Rivada, Horacio Pontacq, Marcelo Segovia, Marcelo Di Noyo, el Ruso Balsano fue arquero una época. Los más chicos teníamos como coordinador y formador a Méndez, el padre de Walter que integra la Comisión Directiva. En Sexta y Quinta estaba Pochi Barberis; un tiempo estuvo también Osvaldo Sánchez, después se fue a El Nacional”. 

El equipo campeón en Quinta División en 1981. Jugadores parados: Pontacq, González, Di Noyo, Oliver, Segovia, Rivada, Jensen y Vázquez. Hincados: Baquedano, Madrid, Araujo, Halberg, Beigbeder y Rodríguez. El DT era Héctor Barberis. Preparador físico: Serg



Debutó en Segunda a los 17 años, en 1982 contra Unión, en cancha de Villa. “Perdíamos 2 a 0. Entré en el segundo tiempo, no me acuerdo quien hizo el primer gol, yo hice el segundo, y se armó una batalla campal”, dice y agrega: “cuando yo hice el gol, Pirincho Gómez entró corriendo al arco a buscar la pelota, lo agarraron. Tizón Leguizamón entró a separar, pero hubo muchos incidentes. No me acuerdo si terminó el partido”. 

Ese año, Villa ganó el Torneo Preparación y quedó segundo en el campeonato oficial, detrás de El Nacional, que ascendió. Daniel jugaba de nueve, aunque “me gustaba más la posición de diez porque tenía mucho mayor contacto con la pelota”. 

Comparte una anécdota. “Horacio Domínguez, quien era el técnico en 1982, un día me ponía de siete, otro de once y otro partido de nueve. Yo no quería andar por toda la cancha, cambiando siempre. Un día antes de viajar a De la Garma, me bajé del colectivo. Me enojé con el técnico, como de costumbre -afirma sonriendo-. Cuando llegué a mi casa, mi viejo me quería matar”. 

En 1985, jugó por primera vez en El Nacional. Relata que “Roque D’Annunzio fue a Villa de técnico, creo que por comentarios que recibió, había cuatro o cinco jugadores que no quería en el plantel. No sé si le habían dicho que éramos bravos. En El Nacional se enteraron y me fueron a buscar, Villa les dio el pase; fuimos campeones en Segunda y ascendimos. Después lo terminé teniendo a D’Annunzio de técnico en Olimpo en 1990 y también ascendimos”. 

El regreso a Primera A 
Villa le costó mucho volver a la Primera División, lo intentó hasta que finalmente pudo conseguirlo en 1986. Daniel se sumó al plantel ya comenzado el torneo, cuando lo fue a buscar y lo convenció Horacio Domínguez, quien era el técnico junto a Mario Hobiague. “El Nacional me quería pagar como si yo jugara para que quedara libre, tenía que estar dos años parado. No acepté, pero tampoco estaba en actividad. Llegó un momento que quería jugar. Empecé en la cuarta fecha, tuvimos un campeonato espectacular, había un muy buen equipo”, valora. 

Dice la formación habitualmente titular: “El Gallego Fernández al arco, que era de Huracán; Horacio Pontacq, Colonna, Rodríguez y Halberg, a veces jugaba el Gato González; Mársico, Cedrón, Escur y yo; Rivada y León, después entraba Alvarez, entre otros”. 

El equipo que logró el ascenso en 1986, junto a colaboradores y dirigentes. La foto fue tomada el 15 de noviembre de 1986. Parados se encuentran Meléndez, Serra (preparador físico), González, Pontacq, Pluis, Appas, Mársico, Colonna, Ruiz, Rodríguez, Ferná



Se detiene en un jugador en especial, Eliseo Bongarrá, y lo define como “un crack. Había venido desde Buenos Aires a Tres Arroyos, por razones de religión los domingos no jugaba, si el partido era un sábado estaba. Aunque algún domingo jugó. Hace mucho tiempo se fue a vivir con su familia al exterior”. 

Uno de los partidos que quedó en la memoria es el triunfo por 6 a 3 ante Colegiales, en cancha de Villa y bajo una lluvia torrencial. “Los dirigentes de Villa no lo querían jugar por la lluvia, yo les decía que sí porque los jugadores de Colegiales en su mayoría tenían algunos años más, nosotros teníamos muchos chicos. No quería que se suspendiera por nada, nos salió bien porque ganamos”, cuenta. 

Daniel esperaba que llegara el día del partido y admite que “cuando llovía me amargaba, porque hasta el otro fin de semana no jugaba”.

Con el ascenso a Primera, se vivió una verdadera fiesta en la “V azulada”. Se desató la alegría contenida en Istilart al 1100, con tribunas colmadas y un sentimiento que se extendió al barrio identificado con el club. 

El regreso fue muy positivo en 1987, porque “hicimos la mejor campaña en Primera en el tiempo que yo jugué. Salimos terceros, perdimos la última fecha 3-1 con El Nacional, íbamos ganando 1-0 con un gol que hice de tiro libre. Si no hubiésemos terminado segundos. Muchos otros años nos tocó pelear abajo o andar ahí, nos salvábamos en las últimas fechas”. 

Al año siguiente, una hepatitis lo marginó de la cancha. Villa generó una relación institucional con San Lorenzo de Almagro y jugaron un partido nocturno en cancha de El Nacional; “yo estaba en la cama, escuchándolo por la radio ¡tenía una luna!”. 

Otra etapa 
Olimpo lo incorporó en 1990, junto a otros jugadores, para armar un plantel que le permita el ascenso a Primera. La formación solía ser “Jaime Fernández, Mársico, Cabral, Martínez y Cheuque; Cortes, Taibo, Escur, Tilger, yo e Hidalgo. Después estaba Barragán que era de acá, Peteque Luna que recién había llegado y era suplente”. Describe un gesto que muestra la rivalidad bien entendida, un clásico que se circunscribe a la cancha. En 1991, Daniel su sumó a El Nacional para la Liguilla e integró el equipo en esa instancia. Sobre el final de aquella temporada de fútbol, “Villa tenía que definir un partido en cancha de Quilmes con Once Corazones. El que ganaba se salvaba del descenso y me fueron a buscar. El Potro Abad, que era el presidente de El Nacional, hizo una carta como que me devolvía para que pueda jugar y ganamos 5 a 3”. 

Otra vivencia está grabada en los recuerdos. “El Chino Appas era el técnico de Villa, estaba casi adentro de la cancha por como vivía el partido. Me acuerdo que yo le decía a Katlauskas ‘terminalo, ya es la hora’. El me respondía ‘vamos a hacerlo enloquecer un poco más al Chino Appas’. Era gol a gol, yo quería que termine. Había hecho dos goles ese día y erramos un penal, se lo dejé a un compañero. Fue sufrido”.

Retornó a Villa y en 1993 lo sumó a su plantel Oriente Fútbol Club, en la Liga Dorreguense de Fútbol, con Hugo Tenaglia como director técnico. “Nos fue más o menos, pero teníamos muy buen equipo. Jugaba Mario Oviedo, Errozarena, el Pingüino Arias, Darío Pollese en la defensa; el arquero era Bonifaci. En el medio Plaza, Cuenca, estaban los hermanos Villareal de La Plata, uno era diez y el otro once, Fausque de Bahía Blanca y yo”. 

Estuvo en la primera rueda, porque luego “lo echaron a Cuenca, le dieron cinco fechas. Ibamos siempre a Oriente en el Fiat 128 de él. Llamé al club para preguntar cómo ir, yo había hecho ocho o diez goles. ‘Si querés vení’, me dijeron. No los noté muy interesados, me sorprendió porque habían pagado el pase 3000 dólares y a mí me pagaban bien por partido. Dejé de ir”. 

Su primera lesión importante fue un desgarro que sufrió jugando para El Nacional en 1994, lo que generó la decisión de interrumpir la práctica del fútbol. 

Sin embargo, otro club quedaba todavía en su carrera deportiva. Sostiene que “en 1988, mi papá estaba en Necochea y a un primo mío lo contrataron como técnico de Gimnasia. Dijo mi viejo ‘jugá un año más’. Participé en el Preparación y en tres partidos del oficial, era complicado para viajar y no me gustaba ir a dedo. Una vez me llevaron Mario Márquez y Carlos Viel, me dijeron que los espere en el frigorífico, ellos estaban en Boca”. Su padre falleció en 1999, en cierta medida Daniel cumplió el anhelo de él de volver a jugar. 

Una Liga competitiva
El fútbol cambió. No es una mirada nostálgica, hubo avances en muchos aspectos, pero también algunas características del juego que se perdieron o son diferentes. Daniel afirma que “ahora todo el mundo tiene que marcar. Antes el diez hacía un poco de sombra sobre el cinco, en el saque de arco para que no reciba por ejemplo, si estaba cerca ayudaba en la marca, pero no mucho más. No le pedían que esté todo el partido atento a alguien”. 

Considera que “la posición tradicional de diez ha ido desapareciendo. Cuando ves uno que hace dos o tres jugaditas ya te parece un crack, porque no hay”. 

Se muestra agradecido porque “del fútbol gracias a Dios no tengo problemas con nadie, me encuentro y charlo con todos. Con Gustavo Ferrario, de El Nacional, hice una gran amistad. En Villa con Guillermo Rivada, Horacio Pontacq, Pollín Oliver, nos conocemos desde que nacimos”. Y hace referencia a Cedrón: “Para mí el Colorado es un crack y una persona excelentísima. Tendría que haber jugado a otro nivel, mucho más grande”. 

En el cierre de la entrevista, agradece además haber tenido la posibilidad de “estar en planteles con grandes jugadores. 

En torneos comerciales jugué con Claudio García, con Franklin Martínez un torneo nocturno, he jugado con Osvaldo Sosa, con el Colorado Cedrón, el Rana Robledo, Crespi”. 

Siente que formó parte de “una época dorada del fútbol local, sobre todo la segunda mitad de la década del ’80 y primeros años de los ’90. “La Liga de Tres Arroyos no es fácil, han venido grandes jugadores y tuvieron que dar lo mejor para destacarse”, concluye.  

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Vivencias con la pelota

La prueba en Vélez y la propuesta de Tito Alonso

En 1983, durante una semana, Daniel Beigbeder estuvo a prueba en Vélez Sarsfield. Señala que “fuimos cinco de acá. También estaban Nelson ‘Lelo’ Di Luca, Feyuk, Javier Balul y el Negro Ponce”. 

En El Nacional, con Daniel Salomón y Gustavo Ferrario en 1985


En el estadio José Amalfitani hay habitaciones, donde ellos fueron alojados. “Nos atendieron de primera”, destaca y cuenta –exagerando un poco- que en el primer partido “éramos más o menos cincuenta contra cincuenta jugando. Cuando vi eso digo ‘¿cómo hacés para agarrar la pelota?’. Y tuve a mala suerte que me empujaron, alrededor había una pista de atletismo y me pelé todo el brazo. Enseguida llegó personal de enfermería para atenderme. El técnico era Osvaldo Diez”. 

Daniel comenta que “me tenía en consideración. Nos pusieron a jugar con futbolistas de otras divisiones de Vélez, contra la Primera en la cancha auxiliar. Nos dijeron que de botines no se podía, de zapatillas. Yo ya andaba renegado”. 

En Vélez jugaban “Comas, Cucciufo, Vanemerak, Bujedo, Larraquy. Bianchi no estaba en el entrenamiento, estaba cerca del retiro. En el vestuario nos cruzamos también a Beto Alonso. El técnico era Roberto Rogel”. 

Estuvo también a pocos pasos de Bianchi, cuando “le estaban haciendo una nota para una radio”. 

Al finalizar la prueba, los juntaron en un círculo; “nos dijeron que tal vez nos podían llegar a llamar dos meses más tarde. Si hubiese podido ver todo lo que ves ahora por televisión e Internet, el conocimiento sería otro, era un cambio muy grande ir de Villa a algo desconocido como Vélez”. 

Comenta que “Lelo Di Luca anduvo muy bien, creo que no lo favoreció el físico, era muy chiquito y flaquito. Pero jugó del lado de la Primera y hacía los tiros de esquina”. 

Poco tiempo después, tuvo otra oportunidad cuando José “Tito” Alonso le propuso jugar en Racing de Olavarría. “Me vino a buscar. Yo trabaja en ese momento en el molino haciendo la reposición en lo que era cooperativa La Pampa, donde ahora está una de las sucursales de la Cooperativa Obrera”. 

Pero dudó y finalmente no se incorporó. “Tenía que viajar a una prueba en Coronel Suárez. Llegó el domingo, dije ‘¿qué hago’?. Y no fui”. 

Una secuencia del gol de Daniel Beigbeder a Boca en 1991, en cancha de Villa. El partido finalizó 2 a 2


Los técnicos
Al hacer referencia a los directores técnicos que tuvo en su carrera deportiva, observa que le otorga un lugar especial a Hugo Tenaglia. “Lo tuve poco tiempo en Villa y después en Oriente. Pero te marcaba muy bien las cosas”, valora. Y menciona también a Bruno Zinni, “a quien tuve varias veces”. 

Con el paso del tiempo, le otorga importancia a Roberto Calles. “Con los años tuve una amistad. En su momento me sacaba y me enojé con él. Decía que tal partido podés jugar y tal otro no, con Argentino sí, con Huracán no porque tenía que poner a otro jugador para marcar. Haciendo su trabajo en el campo de deportes era espectacular, no habíamos tenido un técnico así. Lo mismo percibí con Tenaglia”. 

En Olimpo, en 1990. Parados: Fernández, Mársico, Martínez, Cabral, Cheuque, Cortéz. Hincados: Hidalgo, Tilger, Barragán, Escur y Beigbeder



De memoria 
Cuando describe sus experiencias en El Nacional, indica que "con Daniel Salomón no precisábamos ni mirarnos. A mí me gustaba jugar de nueve, hacer goles. Cuando tenés un equipo como teníamos en 1985 es más fácil; Andreasen y Ferrario adelante, uno en cada punta, y yo en el medio; Salomón de diez, con Tati Fernández y Poroto Fernández o Coronel en el medio. Más una buena defensa y arquero. Jugábamos muy bien”. 

En el club del barrio 
Habla de jugadores destacados que ha tenido Villa como “Eliseo Bongarrá, Pablo Baquedano, Guillermo Rivada, Horacio Pontacq. Juan León cumplía su función que era hacer goles”. Por supuesto, incluye a Alberto Cedrón y aclara de inmediato que la lista es extensa, que mencionó solamente algunos ejemplos, porque son muchos los que han pasado por el club con muy buen desempeño. 

Con dos compañeros de Villa, en 1981. Daniel Beigbeder junto a Horacio Pontacq y Marcelo Di Noyo


 

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