Enrique Mulder señala que Claromecó en verano “está desbordado. Para mí quedó chico el lugar” (Caro

Claro, Reta y Orense

Entrevista a Enrique "Lobo" Mulder

“Uno aprende trabajando”

15|01|21 10:26 hs.

Enrique Mulder, más conocido como el Lobo Mulder, en una entrevista realizada por La Voz del Pueblo, cuenta un poco de su vida cuando trabajaba en las lanchas, como guardavidas y hace un análisis de cómo ve a Claromecó actualmente. Sus padres vivían en la localidad. El nació en Tres Arroyos y a los días de vida llegó al lugar donde residía su familia.


En su diálogo tranquilo, menciona que su padre ya hacía mucho tiempo que pescaba y él comenzó a los 15 años, hasta los 62. “Uno aprende trabajando, a todos nos pasó lo mismo, a mis hijos también, yo aprendí de ver cómo se trabajaba, de ver como se hacían las cosas. Creo que es la mejor forma” señala. 

La pesca artesanal en Claromecó desde sus comienzos ha evolucionado y en tal sentido, menciona que “mi papá tenía una muy buena lancha. En los años 40 y 50 ahí había cachivaches, pero yo empecé a pescar en una buena lancha, con buenos motores, herramientas, eso fue en el año 70”. 

Señala que nunca le tuvo miedo al mar “es un trabajo como cualquier otro, una vida como cualquier otra, nunca me generó temor”. Recuerda que “antiguamente se pescaba solamente tiburón, antes de que yo empezara, desde el 38 hasta principios del año 60, finales del 50, lo único que se aprovechaba del tiburón era el hígado del macho. Después se empezó a comercializar la carne, se salaba, se secaba, se empacaba y se vendía, como un sustituto del bacalao que era un producto muy caro. Eso ocurrió hasta el año 90, ahí se terminó el tiburón y empezamos a ir a pescar caracol, en el 80 habíamos empezado con el mero también”. 

En su descripción de la actividad, explica que “la pesca de mero es una temporada corta. En aquella época empezábamos 6 o 7 de agosto y después cuando se terminaba íbamos a pescar caracol, más tarde llegaron los trasmallos de pesca fina, asi que se empezó con el gatuzo, pescadilla, que es básicamente las pesca de hoy en día”.

Tantos años de navegar, tanta experiencias vividas no podía faltar la pregunta sobre alguna anécdota del mar, la cual esquiva cordialmente y contesta “para mí las anécdotas son parte del día de trabajo y quedan ahí. Fuimos siempre 3 o 4 tipos que las vivimos y ha pasado tanto tiempo que para mí no tiene mucho sentido enunciar cosas que ocurrieron. La hemos pasado muy bien y muy mal, siempre trabajando para ganarnos el día”.

Dos de sus hijos, Lucas y Germán, comenzaron a trabajar en la pesca desde chicos y al respecto, dice que Lucas, que es el mayor, “empezó de cuarteador (andaba con el caballo y sacaba la lancha de arriba del carro a la mañana y arrimaba los planchones a la tarde con el caballo) después empezó a ir al mar, y Germán manejaba el tractor en vez de andar a caballo y después empezó a ir al mar”. 

Hay similitudes en tres generaciones, porque más allá de los cambios en los elementos de trabajo, Enrique, su padre y sus hijos comenzaron de la misma manera.

Sin continuidad 
Considera que la mayor problemática en Claromecó es la falta de continuidad: “es un empleo para ir subsistiendo, un mes te va bien y después no sabes cómo vas a hacer para comer la semana que viene. Eso es la pesca en Claromecó”.

Hay obstáculos que plantea el clima, porque “todo el mundo lucha contra el viento, tenés una semana buena de trabajo y dos que no podés trabajar. Entonces cuando vos dividís esa semana que trabajaste en tres, no te queda nada en la mano. Encima es un lugar de muchísimo viento constante, para cuando agarrás un día sin viento, tenés 4 o 5 con viento que es la limitante, después tenés rompiente, mar de fondo”. 


Enrique Mulder señala que Claromecó en verano “está desbordado. Para mí quedó chico el lugar” (Caro Mulder)


También relata que “cuando yo empecé había dos lanchas y eran de otras características. Eran embarcaciones con cubierta con motores internos, lanchas pesadas, las de hoy no hacen agua, son rápidas, van en mucho menos tiempo donde nosotros íbamos. A vos te agarra mal tiempo con una lancha actual la tirás en cualquier parte de la playa y no pasa nada, no perdés la lancha. Antes te tenías que comer un montón de mal tiempo para poder volver y con los riesgos que eso significaba. Han mejorado muchísimo”. 

Entre las ventajas actuales, menciona “la utilización de un pronóstico, el tipo de embarcaciones y que el pescado tiene más valor”. Al respecto, dice como ejemplo que “hace 15 años teníamos que juntar 45 cajones para pagar el flete. Hoy vienen a buscarte 20 cajones, el pescado ha adquirido mucho valor y en eso también están mucho mejor que nosotros”. 

¿Un puerto? 
 Muchas veces se ha hablado de algún proyecto de creación de un puerto en Claromeco, y entiende que no es viable. “No es necesario ni factible, no tiene ningún sentido, tenés un puerto a 60 millas acá en Quequén y tenés uno a 100 millas o un poco más en Bahía Blanca, Los puertos necesitan un mantenimiento fijo, tenés que limpiarle el canal, la boca, tiene que haber cierta infraestructura y hacerlo para 4 lanchas…”, reflexiona.

Y agrega: “vamos a tener un puerto para beneficiarnos 4 tipos y los contribuyentes lo tienen que bancar, para mí no es viable”. 

Crecimiento 
En Claromecó se han realizado muchas construcciones en el período histórico más reciente y recibe a una importante cantidad de turistas. Para Enrique Mulder, “se ha desmadrado todo, ya está desbordado en cuanto a gente, a movimiento, en verano me refiero. Para mí ya quedó chico el lugar”.

Observa que “Claromecó careció y carece de una planificación. Entrás al pueblo, a tu derecha cuando agarrás la avenida 26 tenés una infraestructura eléctrica enorme en el medio del pueblo. Eso te habla de que nunca hubo una planificación -reitera-. Acá vos podes venir, ni siquiera te obligan a presentar un proyecto para venderte un terreno, mucho menos para empezar a construir. Cualquiera construye cualquier cosa en cualquier lado”. 

Plantea que “nadie previó lo que iba a ocurrir y eso va a estar por siempre, porque nadie le ha dicho nada que lo saquen de ahí y que lo trasladen. No sé si es peligroso o no, pero queda feo que vos entrés a un pueblo por primera vez y tengas una instalación de esas características”. 

Guardavidas 
Se desempeñó durante doce años como guardavidas en el balneario que se encontraba a cargo del Negro Rondanina. Señala que “trabajé siempre en lo del Negro Rondanina (hoy Borneo). Éramos pocos, había tres balnearios, el Balneario Ávila (hoy Samoa), Milanesi (calle 30) y en Dunamar estaba el gordo Borelli, pero bajaban suponte 20 personas, el único que estaba para cuidar era el gordo Borelli ahí”. 

“Siempre se te iba alguno fuera de zona de baño y lo tenías que ir a buscar . Disponíamos de un jeep Toyota modelo 58 y teníamos 10 litros por dia para manejarnos”.


El negro Rondanina, Pachamé, el Tero Yané, Pebe Viñes, Ricardo Fernández, el Nani Orsilli, el Gorila Subiatebere, algunos de los nombres que recuerda de quienes fueron guardavidas en esa época. Puntualiza que “los últimos años llegamos a ser 9 en total. La zona de baño era desde Cazadores (hoy Posta del Faro), que no existía, hasta el arroyo. En Dunamar si había una zonita de baños marcada con banderines, que era donde el gordo Borelli los hacia bañar”. 

Enrique Mulder comenta que “siempre se te iba alguno fuera de zona y lo tenías que ir a buscar por supuesto. Disponíamos de un jeep Toyota modelo 58 y teníamos 10 litros por día para manejarnos”. 

Fumigación 
Debido a que la temporada de pesca del tiburón era demasiado corta, debió buscar otro trabajo y desde los 27 años, se dedica a fumigar en avión para una empresa de Dorrego, trabajo que hoy conserva, y dice que ha ido disminuyendo. “Se ha llenado de terrestres que hacen casi todo el trabajo”, indica.

Finalmente, manifiesta que “hago lo que sé hacer y tampoco tengo energía para hacer otra cosa. No tengo ganas de inventar cosas como antes para sumar, ya está, me queda este trabajo que lo voy a hacer mientras pueda, mientras me sienta bien y suficiente”.    

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“Teníamos un monte fantástico y no queda nada” 
Enrique Mulder también brinda su opinión sobre la Estación Forestal. “Teníamos un monte fantástico y no queda nada, por el solo hecho de no invertir para cuidarlo, y nunca más lo vamos a tener”, afirma. 

Sobre este tema, plantea que “si no tuvimos la capacidad de cuidar lo que estaba hecho ¿qué vamos a hacer nosotros? ¿vamos a plantar como hicieron los viejos?” 

De acuerdo a su mirada, lo localidad “en muchos aspectos, involucionó, y me quedo infinitamente con el Claromecó de hace 50 años y no con este”.


(Caro Mulder)


Sostiene que, por supuesto, el lugar “va a seguir creciendo. Pero para que sea tranquilo, a mí me parece que tendrían que ordenar un montón de cosas, acá es tierra de nadie. Vos bajás a la playa y ves los cuadriciclos que se meten a los médanos a 60 o 70 kilómetros por hora sin saber si del otro lado del médano hay una chica tomando sol”. 

Luego de señalar la calle frente a su casa, manifiesta que “acá pasa gente a la noche a 80 o 90 kilómetros por hora. Y nadie controla nada, es tierra de nadie, me parece a mí”. 

Remarca que “no me importa que la gente ande en contramano, no me interesa, pero se debe transitar despacio en el pueblo y acá andan como locos y no pasa nada. Como eso, un montón de cosas”. 

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