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Carta de Lectores

Escribe Gladis Naranjo

Es mi vida la que está en juego

13|01|21 09:56 hs.

Señora directora: 


Desde aquel día que ya ha pasado a ser histórico en que el Ministro de Salud de la Nación dijo: “No hay ninguna posibilidad de que exista coronavirus en Argentina. Que de haber un caso en el país, va ser importado” hasta que, claro, días después, algunos pacientes Covid +, algunos fallecidos al poco tiempo, más enfermos y más muertos más adelante en catarata interminable…comprendí dolorosamente que lo tan temido había llegado. 

Y poco a poco el virus empezó a hacer lo suyo: trasladarse de persona a persona, enfermar a muchos, y matar a los que pudiera. Y al mismo tiempo empecé a rebuscar en mi memoria cómo adaptarse a ese comportamiento, cuáles serían los daños para mí y para los míos. Muchos, muchos días sin salir de mi casa, sin ver a mis amigos, añorando el abrazo de mis hijos, muchos días de amanecer llorando con la angustia apretando la garganta (sí, Sr. Presidente: hay algo que se llama angustia y que ni a Ud. ni a nadie le concedo el derecho de discutir ni menospreciar) pensando en un futuro de absoluta incertidumbre, acompañada sólo por el desasosiego.

Y en un momento, cuando ya casi me estaba acostumbrando a no pensar, a una espantosa rutina de sólo esperar, a escuchar todos los días cuántos recuperados, cuántos positivos, cuántos muertos, que cuándo llegaba el pico, que si la curva era así o asá, que la tendencia, que si estábamos mejor o peor que otros…con las “filminas” llenas de datos poco certeros, que 14 días más, que otros 14, que las aulas silenciosas, que las persianas bajas, que los respiradores… En un momento, digo, llegó la esperanza de la vacuna. Tambaleante, trastabillando sobre alguna condición previa de los aspirantes a ser vacunados, pero, al fin, útil para mantener la esperanza. 

Porque pese a todo, pese a mi decrépita e improductiva osamenta por donde han pasado ya 70 años y demasiados cigarrillos, necesito imperiosamente mantener la esperanza para poder hacer cada día nuevos recuerdos y no seguir en blanco. Quiero mantener la esperanza de que en algún momento Ud. Sr. Presidente, o su Jefe de Gabinete, o su Ministro de Salud me expliquen claramente cuáles fueron las condiciones inaceptables de un laboratorio determinado aunque muchos otros países ya estén usando esa vacuna supongo que con las mismas condiciones contractuales, o cuál es el convenio que todavía no he podido ver con otro, o por qué debo confiar a pie juntillas en otro sin que me invadan todo tipo de escepticismos, que si 10 millones ahora o 10 millones después, que los datos que no llegan… 

Ahora, además, existe la idea de de administrar un solo componente de una vacuna diseñada para ser efectiva con dos componentes. ¿Y dónde está el segundo componente? ¿Estaré medio vacunada dentro de unos meses? ¿O probando algún otro producto no autorizado “por autoridad competente”? ¿Qué dirá la ANMAT? 

Creo que ni la política ni la fe deben prevalecer sobre la rigidez de los datos científicos. Y que Ud. está avasallando mi confianza llevándome a un enorme y muy triste desconcierto. Me niego a que mi futuro sea sólo seguir caminando por mi patio en medio de tanta fatiga. Que quizá el mío es un futuro escaso, pero es mío. Que es mi vida la que está en juego. Y con profundo cansancio le digo, Sr. Presidente, creo que a Ud. le importa un carajo. 

Gladis Naranjo 


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