Si bien lleva muchos años de ceramista, Melina Campano expresa que “me gusta ser alumna, recibir las

Claro, Reta y Orense

Melina Campano, con las manos en el barro

La simpleza en el arte de la cerámica

07|01|21 12:05 hs.

Melina Campano es más conocida como Mely Colores, porque según ella “soy ridículamente colorida para vestirme, el que me conoce sabe que me visto muy ridícula, me gustan mucho los colores”.


De Tres Arroyos, a los 10 años se mudó a Buenos Aires y sus estudios secundarios los cursó en la Escuela de Cerámica Fernando Arranz, donde en doble escolaridad estudió la maestría en Cerámica. “De muy chiquita mi mamá me llevaba a un taller a la mañana, muy temprano a hacer cerámica, y siempre me enamoré de poder crear con las manos”, indicó. 

Desde ahí, vienen sus primeros recuerdos en lo que es hoy su amor por el arte de crear objetos “en barro”. Destacó que “tuve grandes maestros, Ahí me fui formando y cada año que transcurrió me enamoré más de lo que hacía, es como la base de la magia esa escuela”. 

Luego del secundario, continuó con estudios en cerámica, vidrio y metal que es artes del fuego, en el IUNA, donde cursó varios años. Luego se radicó en Claromecó, conoció a Facundo y emprendieron un viaje que duró cinco años aproximadamente, recorriendo principalmente lugares del norte; “haciendo cerámica en los lugares a los que iba, como siempre íbamos para el norte, creo que ahí es donde se termina de aprender o consolidar los aprendizajes, esto de poder charlar con las doñas (las abuelas), que te enseñen la cerámica ancestral. Ahí fui cada vez afinando la idea de dedicarme a la cerámica prehispánica, de reivindicar las culturas, de buscar el enfoque de la cerámica, y no del lado mercantilista”, subrayó. 


(Caro Mulder)


Aprender del otro, compartir los conocimientos, experiencias, es lo que en diálogo con La Voz del Pueblo, Mely enfatizó en su relato. “Me encargué en los años de viajes de conocer, de escuchar y de aprender de las doñas, que son las que más saben, tienen esa simpleza, esa conexión. Es ir a buscar el barrito, ver un cerro ir a buscar la arcilla, tamizarla, prepararla, sentirla, y después dejarse fluir”, afirmó.

Un aprendizaje
También expresó que “aprendí a escuchar, a aprender, llevo muchos años de ceramista, pero si me preguntás yo no sé nada todavía. Me gusta ser alumna, recibir las enseñanzas de todos los maestros que van apareciendo”.

Su taller está repleto de esculturas, ollas, instrumentos prehispánicos. Ella no compra la arcilla industrial, sino que compra la materia y dependiendo de lo que va a crear, la mezcla con los elementos necesarios. 


(Caro Mulder)


“No es lo mismo arcilla para olla, porque necesito que resista el choque térmico y el fuego directo, no es lo mismo una pieza de gran tamaño que necesito que tenga más cuerpo, depende lo que voy a hacer es lo que preparo”, explicó. “Si no pudiera crear me muero” continuó. 

Y expresó que “es mi propia esencia, me siento en el taller y es lo que fluye, lo que nace. Sí por ahí me tengo que estructurar en hacer alguna pieza particular, por ejemplo ollas, pero va a ser tan escultórica que me permita plasmar lo que estoy sintiendo. O ahora que estoy con los instrumentos prehispánicos, tengo que hacer el instrumento y respetar la técnica de construcción milenaria, pero cuando voy a realizar la ornamentación me permito jugar. Trato de no hacer réplicas exactas, siempre tiene que haber un tinte personal”. 

Ser artistas 
Desestructurada, personal, con impronta, buscó la manera de que en sus talleres de “vino y barro”, en épocas de no pandemia, sus alumnos se descontracturen. 

Comentó que ha logrado que los que concurren a los encuentros que comenzaban a las 22 horas, con vino a la canasta y taller a la gorra, cuando eran las 12 de la noche, se animaran a ser artistas. Y si venían con la idea de hacer una taza, se marcharan con una obra que jamás hubieran imaginado que podían hacer. 

Puso de manifiesto que “me pasa que en ese taller, llegan queriendo hacer una taza, se empiezan a descontracturar, y a las 12 de la noche, todos se animan a ser artistas. Entonces tiene esa magia, estamos a las 4 de la mañana, totalmente abocados a una pieza que nunca creyeron que se iban a animar a hacer, porque se olvidan de las estructuras. Para mi ese taller ha sido un éxito”. 


(Caro Mulder)


Alguna vez, una doña del norte le dijo “todo es más simple, hay que mirar las venas de la montaña”, cuando en alguna charla compartían conocimientos, de barro, de arcilla de colores. Este período tan particular es el primero en que no se pueden apreciar sus trabajos en la Feria de Artesanos de Claromecó, lugar que encontró para compartir con la gente sus trabajos. 

“En este momento no estoy haciendo feria, sigo creyendo que es el espacio para compartir lo que uno hace, sigo creyendo que las ferias artesanales son el sostén de la cultura, es algo que no se puede abandonar, es el espacio de la cultura en la calle”, concluyó. 

Mely Colores, el quinto elemento de la magia de la cerámica, junto a la tierra, el agua, el fuego y el aire. Una artista con sus manos que vive en Claromecó, que disfruta y le llena el alma compartir trabajos, experiencias y conocimientos.