Opinión

Por Juan Francisco Risso

Notas sobre el aborto

03|01|21 12:13 hs.

Por estar desvelado en un hotel de Bahía Blanca tuve oportunidad de ver el final del debate y la votación del Senado en la despenalización del aborto. Quizá en ese momento, quizá después, me detuve en los –llamémosle- argumentos del senador De Angeli. 


Me he criado entre criollos, mensuales, tractoristas, cocinero o alambrador. O domador. Pero nunca vi un criollo tan sobreactuado como el amigo De Angeli. Sin duda, supone que allí está su encanto. Antes presumía de la falta de un incisivo, que al parecer perdió tratando de subir a un tractor, como veterano de la guerra gaucha. Ahora se la agarró con la Constitución Nacional. Desde su banca comenzó haciendo notar que “no la respetamos”, todo acompañado de ademanes ampulosos y enérgicos que habrían asustado a un vikingo. Al rato -largo- estaba con que “tampoco la cuidamos”, todo siempre dentro de lo meramente declamativo. Por alguna razón me recordaba a José Marrone. Aclaremos que el recordado Pepitito al menos no trataba de parecer serio. Ni, mucho menos, cobraba una dieta. Pregunto… ¿es inconstitucional la despenalización del aborto? De –hipotéticamente- serlo, el razonamiento vendría por el lado de aquellos tratados internacionales que poseen rango constitucional. Bien. Veamos. 

Se ha dicho que La Convención Americana de Derechos Humanos (CADH), conocida como Pacto de San José de Costa Rica, señala “Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción.” 

La Corte Interamericana de Derechos Humanos, que es quien interpreta ese tratado, en el caso “Artavia Murillo y otros vs. Costa Rica” -de 2012- ha señalado que la expresión “en general” (que califica la protección de la vida desde la concepción), en su sentido literal, “indica que dicha expresión se relaciona con la previsión de posibles excepciones a una regla particular” y agregó que el objeto de la protección del artículo 4.1 es la mujer embarazada, y no el embrión, dada la intrínseca dependencia de éste al cuerpo de la mujer. Al analizar las distintas normas del derecho internacional, la Corte señaló que éstas “no llevan a la conclusión que el embrión deba ser tratado de manera igual a una persona.” 

No se vaya muy lejos para encontrar esas normas que –claramente- no igualan al embrión con la persona. En su casa, en su provincia, en su país… es así: no son lo mismo. Veamos nuestro Código Penal. Del art. 79 en adelante se dedica a homicidios. Hay muchos supuestos; sólo el art. 80 tiene algo así como 12 incisos; y así hasta el art. 84. Pero en ningún caso se considera el “homicidio” de quien matare a otra persona concebida pero no nacida. Eso… no existe. Recién en el art. 85 se habla del delito de “aborto”, con su propia terminología y sus propias penas. En palabras de la Corte Interamericana, el embrión y la persona no son tratados de la misma manera. Si el embrión fuese “persona”, entonces el Código Penal lo ubicaría como un caso más de homicidio. 

El primer Código Civil concebido por Vélez Sársfield decía así: “Desde la concepción en el seno materno comienza la existencia de las personas”. Pero no se deje engañar. Todos los derechos y obligaciones que pudieran girar en torno a la “persona no nacida” cobran virtualidad sólo si nace con vida. Aunque fuese un segundo de vida. Y desde hace muchos años existe una prueba médica que demuestra si el niño muerto llegó a respirar. Supongamos que el niño no nacido venía heredando una fortuna de su padre premuerto. Si nace con vida, lo hereda todo. Aunque fuese un instante. Y al instante siguiente lo hereda su madre. Si nace sin vida… por allí andarán los sobrinos del señor acaudalado. La herencia va para otro lado. Y para que no queden dudas, el nuevo Código Civil y Comercial -año 2015- utiliza el mismo criterio: el nacimiento con vida. El único cambio es que el nacimiento con vida “se presume”. Es decir, hay que probar que no nació con vida. Cuestión probatoria. El código anterior era más detallista en esto. Francamente ningún cambio de fondo. También el nuevo código aclara: “Si no nace con vida, se presume que la persona nunca existió”. Más de lo mismo. 

Si ese embrión estuviese considerado “persona”, ya en el seno materno concretaría su calidad de heredero de su padre. Y en caso de un aborto espontáneo -por ejemplo- su madre le heredaría. Pero no es así. Este es el capítulo argentino del embrión y la persona. Pero el mundo marcha en esa dirección. Y piense que fueron nuestros representantes quienes votaron estos principios. Que si no fuesen así -ahora lo pienso- serían inconstitucionales a tenor del Pacto de San José de Costa Rica. Pero en esto fuimos adelantados. 

Doctor Raúl Alí, obstetra de Tres Arroyos: aquí le contesto aquello que no le supe contestar mientras aguardábamos turno en un banco. Y ya que estamos le cuento otra. En los 70 cursaba yo Derecho Penal II con un hombre que aún admiro: el ex juez Ozafrain. A ver... –dijo- que opinan de la penalización del aborto. Yo dije: “Que lo único que logra es desplazar el aborto a la esfera de lo ilegal”. Porque cuando una mujer decide abortar…va y aborta. Consideré -y dije- que ninguna mujer deja de abortar por un artículo del Código Penal. Eso lo sabía. Y lo sé. No hablé del costo. Me constaba que era un tirón de ya –sabe-qué, que se solucionaba pidiendo un poco a éste, otro poco a aquel y el auto a un tercero. Una visión de estudiante de clase media. Cada tanto algún diario mencionaba una muerte por aborto clandestino. Pero lo tomaba como cosa excepcional. Y qué quiere: estaba saliendo del cascarón. Pero al menos sabía que penalizarlo era un criterio nefasto. La grave decisión de abortar no se define hojeando el Código Penal. Ni de lejos. Aclaro que la pregunta del Dr. Alí fue exclusivamente técnica. Y que -como diría De Angeli- me agarró sin perros y no supe contestarle. Sé que además de “Artavia Murillo” hay algún otro fallo en el mismo sentido. Ché… buen año para todos. Vacuna y cambio de esta atmósfera social. Con cautela, muchachos. Muchachas. Y muchaches. Con cautela. Y barbijo. 


Juan Francisco Risso


Add space 300x250x2