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Especial 2020

Emilia Kazanietz: una foto, el amor y “una vida muy linda”

01|01|21 21:45 hs.

Emilia Kazanietz es descendiente de ucranianos, su padre vino a la Argentina en 1909 y su madre antes de la guerra de 1914. 


La vida de estos judíos siempre fue dura porque llegaban al Hotel de Inmigrantes de la capital federal y allí la Compañía de Colonos los enviaba a diferentes lugares. 

“En mi casa –cuenta Emilia- se hablaba el castellano y el idish que es parecido al inglés, al alemán; yo había ido a una escuela hebrea pero si bien lo sé leer no recuerdo el significado. La historia de mis padres fue muy dura, mamá había salido del puerto de Hamburgo en un barco que venía tocando puertos y levantando inmigrantes. Imaginate que venía de Rusia y sabía cantar en español, ‘La Cucaracha’, ‘Valencia’… ¿dónde lo aprendió?, en el barco” cuenta entre risas. 

También rememora que en Buenos Aires siempre se decía “vayan a Tres Arroyos porque hay trabajo y además que había un salón para ir a rezar”. 

Cómo conoció a Saúl 
A pesar de los diferentes caminos trazados desde el principio de las vidas de Emilia Kazanietz y Saúl Fichman la suerte, el destino y la costumbre de “hacerse gancho” entre connacionales de la “cole” los iba a reunir. 

“… Mirá cuenta -con sonrisa picaresca-, mis primos me hicieron una trampa. Venían los Schnaiderman y paraban en mi casa, yo ese verano había ido a la playa -en San Clemente del Tuyú- y allí me sacaron una foto. Yo la tenía guardada en el living y un día mi primo me la sacó, se la trajo a Saúl y le dijo ‘che a esta piba la vamos a traer a Tres Arroyos’. Yo no sabía de esto y mis primos me invitan para unas vacaciones, llego a Tres Arroyos a la mañana y a la tarde aparece Saúl en moto. Eran esos tiempos de Carnaval -que duraban 15 días- y los bailes se hacían en el Salón de Colegiales. Fuimos a los bailes de Carnaval juntos y un día hasta Claromecó -en el auto de él-. Allí se disfrazó, se puso una careta de brujo con guantes y se me declaró” cuenta. 

“Lo conocí en febrero, en mayo me avisaron que nos poníamos los anillos –yo vivía en Buenos Aires- y en noviembre nos casamos. Y en marzo del año siguiente estrenamos esta casa –cuenta con orgullo-, no era así pero la fuimos acomodando. Cuando nos casamos vendió las dos motos, fui a comprar los muebles y yo quedé embarazada a los dos meses. Todo rápido”. 

La pareja que formaron ambos es más que evidente que llevó una vida plena. Emilia lleva a través de su relato hilvanada cada una de las partes que han compuesto su historia.