Sociales

Especial 2020

“Las manos del Negro Villafañe eran de oro”

01|01|21 21:27 hs.

El Negro Néstor Villafañe es uno de los artistas plásticos que ha permanecido en el recuerdo de la ciudad pero también en el de sus obras. 


El pasado 12 de octubre se cumplió un nuevo aniversario de su desaparición -el veinticuatro- a los 61 años de edad. 

Dibujante de excelente calidad, también supo ser muy buen muralista y gran pintor como lo recuerdan algunos de sus colegas de los denominados de la “vieja guardia”. 

Pero quien más lo conoció y en profundidad es Inge Andersen, la mujer con la que compartió muchos años de su vida. Ella recibió a La Voz del Pueblo en la casa de la calle Roca al 1100 -en pleno Barrio Villa del Parquedonde hoy transcurre su vida junto al hijo de ambos, Maximiliano. 

Y aquí es cuando Inge aclara que “antes de esto yo quiero hacer un gran agradecimiento al diario. Por haberse acordado de homenajear a un gran artista en Tres Arroyos como Néstor Villafañe”.

 Grandes recuerdos 
Delante nuestro pasan montones de fotos y varios de los recuerdos que tiñeron la vida de ambos, charla de por medio. Obras en oficinas, en Orión cuando era de Vago, en King Publicidad; los bajorrelieves hechos en el subsuelo del El Quijote; “estos son una belleza, color lacre. Son seis escenas del Quijote y el caballo que estaba en ese lugar fue idea original de él. Hasta fue padrino de la Banda Coreográfica, también tengo fotos de montones de exposiciones y de cuando se formó la APTA -la Asociación de Plásticos de Tres Arroyos-”. 

Surge la intriga de cómo se conocieron porque en todas estas cosas de eso no habíamos hablado. “nos presentó Mirta Luján Rey. En una exposición en la Biblioteca Cacuri, que yo había ido me dijo ‘te voy a presentar a un pintor’ y ahí estuvimos hablando un rato” cuenta. Cuando le preguntamos cuantos años pasaron juntos señala, “veintiséis años. No fueron buenos sino muy buenos”. 

Compañero maravilloso 
La vinculación entre Néstor e Inge no sólo se dio por el arte, la música y la política sino que además “era un compañero maravilloso”. 

Quedan para el final algunos pensamientos de Inge sobre lo que le dejó la vida junto a Néstor Villafañe. Recuerda que “las manos del Negro eran de oro, la verdad que sí. Ahora mi vida es otra cosa, todo se termina. Yo estoy agradecida a la vida porque me dio muchas cosas buenas. El presente se vive recordando y extrañando. Su última noche en el Hospital Pirovano en un momento de lucidez me dijo ‘sabés Federenka -porque yo tenía varios nombres como ese, Pitonisa, Rusita-, me quiero acostar con vos’. Yo me acerqué, lo abracé fuerte y me dijo ‘ahora sí estoy bien’ y se me fue…”.