Esta casa fue restituída ayer a Jacinto Liébana tras una usurpación denunciada en noviembre

Opinión

Desde la Redacción

Fue un día como el que muchos esperan

22|12|20 08:57 hs.

Por Enrique Mendiberri 

LA VOZ DEL PUEBLO 

Ayer fue un día como el que muchos esperan en Tres Arroyos. La Justicia le respondió a Jacinto Liébana. No fue sobre el total de lo denunciado, pero al menos sobre lo que pudo justificar en lo inmediato con la documentación que avalaba su propiedad. 

Fue el día que muchos anhelan vivir cuando sufren ocupaciones ilegales y su reclamo se dilata. Sobre todo en tiempos donde se llegó a sugerir un aliento a la usurpación con promesas de subsidios a quienes se suban a esa aventura, pero que aparentemente en la práctica no habría quedado más que en eso. Un anuncio para ablandar a los usurpadores de Guernica, aquel predio en el que la violencia fue la herramienta para reimplantar el orden y hoy las partidas de ayuda a ocupantes ilegales por el momento brillan por su ausencia. 

Precisamente después de aquella toma masiva de tierras y esos anuncios que le llegaron juntos al alarmado vecino tresarroyense común a través del diario y los medios nacionales de comunicación, se dio el “caso Liébana”. Una denuncia que, en pocos días, se transformó en una nueva bandera del problema de las usurpaciones en Tres Arroyos. Un tema nada nuevo en el que los débiles siempre llevaron las de perder. 

Como en aquella inolvidable usurpación masiva de 2011, cuando 12 familias adjudicatarias vieron cómo les ocupaban sus viviendas y, recién ocho años más tarde, accedieron a un techo, mientras los ilegales se quedaron finalmente con las casas de mejor calidad. Una consecuencia inevitable de las necesarias medidas de ajuste económico que generalmente acechan los presupuestos de infraestructura. 

En ese contexto, lo de Liébana parecía agravar la situación. El tema se instalaba en una cuadra linda de la ciudad, céntrica y perfumada, aunque no lejos de otras casas con taperas de ladrillo hueco, como inéditas medidas para evitar este tipo de incidentes. 

Lo sufría un apellido conocido y nada menos que en la casa de sus finados padres, donde ayer encontró desarmado el motor de su Ford Falcon ’63, las paredes del living escrachadas por el resentimiento de los delincuentes que vieron frustrados sus planes y faltantes con enorme valor simbólico para el entrañable cariño de los que ya no están. 

Pero esta vez, los responsables no fueron “sin techos” desesperados como los de 2011, acerca de quienes a pesar de su necesidad, es eternamente injustificable su accionar; sino sujetos organizados, preparados para montar un negocio trucho, “empapelar” con documentos sellados y recibos en un estudio jurídico a otro pobre distraído ya sea para alquilarle la casa o, directamente, para vendérsela, como ocurrió con el Tata Gutiérrez en una propiedad del Barrio Villa de las Américas, días antes que lo de Liébana se conozca públicamente. 

Por eso, tan importante como restituir, es avanzar sobre los responsables de esta maquinaria de usurpar y estafar en Tres Arroyos. Para que, a los futuros inversores que las prósperas políticas económicas del distrito pretenden seducir, no tengan dudas y el crecimiento continúe con la seguridad jurídica que cualquier negocio próspero exige.

Al mismo tiempo, no debe dejar de observarse que el Ministerio Público Fiscal de Tres Arroyos pasa por un momento como el que jamás hemos sido testigos. Con apenas dos fiscales para cuatro Unidades Funcionales de Instrucción y Juicio, y una montaña de expedientes que la pandemia no detiene, son muchas las injusticias que requieren atención. 

Así, el Estado de derecho se ve frágil a la hora de defender la propiedad privada, ya sea de la usurpación como de la inseguridad. Pero por lo menos ayer, fue un día cómo el que muchos esperan, como el que la Constitución nos garantiza a todos los ciudadanos y de los que cada vez abundan con menos frecuencia. 


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