Opinión

Por Roberto Barga

Alberto-Cristina, tonterías mediáticas y vacunas

13|12|20 18:32 hs.

Se han escrito ríos de tinta sobra la grieta que divide política y culturalmente a la Argentina, y, sin dudas, se seguirán escribiendo. Pero lo más peligroso de este parteaguas no son las posiciones extremas que se asumen, sino el tiempo infinito que se pierde en cuestiones anecdóticas. 


Esta semana abundaron los ejemplos de cómo subirse a trenes que se toman en ningún lugar y que lo dejan a uno en ninguna parte. Veamos: Cristina, que encuentra en la vía epistolar su non plus ultra comunicativo, emprende un duro mensaje contra la Corte Suprema. Los comentarios que abundaron al respecto, hacían hincapié en la actitud desafiante, incordiosa e irreverente de la vicepresidenta frente a otro poder del Estado. 

A juicio de un servidor, no es esa la cuestión de fondo. Parece tener más relieve el fastidio de la senadora con una realidad que le va mostrando que su calvario judicial permanecerá en el tiempo. Lo mismo le acontece a otras personas que fueron importantes altri tempi, por caso Carlos Menem, que aún hoy veintiún años después de haber abandonado la presidencia, arrastra problemas con la justicia. 

 Pero la cuestión a debate en la misiva de la ex presidenta tiene un registro interesante, si se confirma la denuncia de Cristina en referencia a que la Corte será un obstáculo para medidas que adopte el Ejecutivo en los próximos tiempos. Por ejemplo, ¿qué actitud asumirá el Supremo frente al impuesto a la riqueza que recientemente aprobaron ambas cámaras legislativas? O ¿qué fallos se esperan en las disputas de haberes jubilatorios que irán llegando a sede judicial, conforme aumente la disconformidad de muchos por el cambio de liquidación en el ajuste de su movilidad? 

Como siempre pasa con Cristina, queda en el tintero la pregunta sobre la elección de figuras que ella impulsa y luego le salen ranas. ¿O acaso Lorenzetti no es un invento del kirchnerismo? 

Una digresión –barra- recomendación para la temporada estival, que nos permite leer distendidamente. Es evidente que la figura de Evita marida bien con Cristina Fernández. Hay muchos puntos en común entre otros, la irreverencia. Acaba de salir un libro del brillante periodista catalán Enric Juliana, director del diario La Vanguardia. El libro se llama “Aquí no hemos venido a estudiar” y trata de la resistencia que en plena guerra fría, llevaban los comunistas contra el dictador Francisco Franco. El primer capítulo del texto aborda la llegada de Evita a Madrid en 1947. Cuando Franco va al encuentro de Eva Perón al pie del avión, esta le dice a su peluquero inseparable Julio Alcaraz que el “generalísimo”: “es idéntico a Caturla, el que vendía pollos en Junín. Petiso, barrigón, con pinta de almacenero. Hasta la mujer y la hija se parecen a la mujer y la hija de Caturla”. Un simple dato de color que sólo afirma que de aquellos vientos estos lodos. 

La paja del trigo
Tres cuartos de lo mismo pasa con el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Miles de discursos que mueven los mimbres de las cuerdas emocionales, como no puede ser de otra forma, frente a un tema tan sensible. Pero lo que quedó en superficie al analizar la votación del viernes pasado a la madrugada, es el enrocamiento en posiciones claramente conservadoras de la mayoría de los diputados de la primera fuerza opositora de orden nacional. 

La votación, como pasó en 2018, respondió a un orden de conciencia. Cada diputado ejerció su voto según sus parámetros religiosos, éticos o morales. El 70% de los diputados del Frente de Todos acompañó la iniciativa del gobierno; el 77% de los diputados del PRO votó en contra de la ley del aborto y el 60% de los escaños del radicalismo acompañaron al oficialismo.

 Una vez más queda claro, con números incontestables, que el PRO abandona posiciones de disputa en torno a temas de ampliación de derechos y se concentra en un electorado rocoso, que sólo quiere escuchar en muchos casos discursos prediluvianos. 

 Lo que mueve el amperímetro 
Hablando de lo importante, aquello donde realmente se va a jugar un partido decisivo en muchos aspectos, es el recorrido que tenga la vacuna contra la Covid-19. Una vez más esta semana hubo anuncios al respecto. El presidente Fernández dejó claro que se firmó el acuerdo con Rusia para adquirir 20 millones de dosis de la Sputnik V. Según Alberto llegarán 600 mil dosis en diciembre y el resto entre enero y febrero. Recordemos que la vacuna rusa es de aplicación doble. Si todo funciona, a finales de febrero quedarían vacunados unos 10 millones de argentinos. 

Y aquí comienzan las dudas. En primer término, la Federación Rusa no dispondría de esa cantidad de dosis para ofrecer al gobierno argentino, ya que la prioridad de los rusos es la de vacunar a su propia población. Argentina debería comprar más dosis de la Sputnik a India y Corea, dos países con licencias para fabricarlas. Pero eso está en veremos. 

Pfizer y BioNTech tienen la mayoría de sus dosis concentradas en el mercado de USA y no hay noticias de cuándo realmente BioNTech fabricará en la Argentina. Oxford y Astra Zeneca acaban de anunciar que entran en fase de ensayo clínico con la combinación de la vacuna Sputnik. Es decir demasiadas dudas y pocas certezas. 

 El peligro concreto es que la Argentina quede atrapada en la segunda ola del Covid, conforme se aproxime el otoño. Sería una verdadera bomba para el Gobierno, que tiene una hoja de ruta relacionada con el año electoral que se avecina. La hoja de ruta es crecer 6 puntos del producto, después de haber caído 12 y, por sobre todas las cosas, cambiar el humor pesimista que se apoderó en los meses duros del invierno pasado. 

Con todo esto, es fácil predecir qué carta le está escribiendo Alberto Fernández a Papá Noel y a los Reyes Magos.            


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