Daniel Crespi con la de Argentino, el club con el que se identifica

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Referente de Argentino y protagonista en varios equipos

Daniel Crespi: el goleador que se siente privilegiado

15|11|20 17:19 hs.

Daniel Crespi tiene tatuados en la pierna derecha los escudos de la mayoría de los siete equipos en los que jugó, solamente faltan Recreativo Echegoyen y Rivadavia de Aparicio. “Muchos me preguntan ¿sos hincha de todos los clubes”, dice sonriendo. Se los hizo “en la pierna hábil, la zurda en la cancha era para caminar”, señala. 


En este sentido, describe sus limitaciones y características como centrodelantero; “no me ibas a ver convirtiendo un gol de rabona. De cabeza hice varios, tal vez había logrado cierta potencia física. Cubría bien la pelota, sabía usar los brazos, pero no me sobraban virtudes”, observa. No lo menciona, pero fue autor de muchos goles con distintas camisetas.

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Nació en Oriente, pero cuando tenía dos años su padre decidió venir a Tres Arroyos. “Teníamos un hermano mayor que falleció de leucemia –recuerda-. Mi papá quiso empezar una nueva vida en otro lugar, muchos familiares míos viven en Oriente”. Está identificado con el Barrio Villa Italia y Argentino Junior, si bien desde hace 22 años que reside en Claromecó. Comenta que “tenía algunos amigos de El Nacional y otros de Argentino. Me tiró más Argentino, empecé a jugar en el club; todos los Barrionuevo eran de ahí, vivíamos cerquita”. 


“Tengo a mi madre Lidia y a muchos amigos en el Barrio Villa Italia”  


Cursó los estudios primarios en la Escuela 7, ubicada en el barrio. Un colaborador muy recordado, José De Leo, fue quien lo llevó al club. “El iba a la cancha en bicicleta, llevaba las camisetas, los botines Sacachispas. Otro que siguió su camino fue Mario Cambiasso. Es lindo recordarlos”, expresa. 

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Realizó todas las divisiones inferiores y debutó en Primera cuando era un adolescente. Lógicamente, es un partido que quedó grabado en su memoria: “Fue contra Independencia, que vino a la cancha de Argentino y si nos ganaba era campeón, tenía muy buen equipo, con varios refuerzos de Tandil”. 

El técnico que lo convocó para debutar fue Roberto Barrionuevo, quien además jugaba. “Un fenómeno -destaca-. Nosotros estábamos en la mitad de la tabla. Algunos de mis compañeros eran Osvaldo Sosa, Laurié, el Rana Robledo, Turano, Menna, Basualdo, Rodríguez, entre otros. La cancha estaba totalmente llena, detrás de un arco había tres filas de camiones”. 

Daniel Crespi integró el equipo titular debido a que “no estaba Terry (Raúl Barrionuevo). Roberto fue a mi casa y me dijo ‘el domingo vas a estar ante Independencia, nos jugamos todo’”. Y menciona a Reinaldo, otro integrante de la familia Barrionuevo; “muy buena gente, aunque –agrega y vuelve sonreír- si lo tenías de rival a veces te hacían sentir el rigor”. 


Una de las formaciones de Argentino. Crespi está hincado (quinto desde la izquierda)


Cuenta que “el mismo Roberto te defendía adentro de la cancha. Los centrales de Independencia te levantaban en el aire y Roberto los prepoteaba, ‘no le pegues al pibe’. Me decía “encáralos a los grandotes que no juegan nada”, sentís un gran respaldo”. 

Argentino ganó 4 a 1 y Huracán se quedó con el campeonato. Daniel Crespi hizo dos goles. “Uno fue de tiro libre –afirma-. No solía patear tiros libres porque estaba el Rana Robledo y el Negro Sosa. La acomodó el Rana, vine, le pegué y la pelota se metió en el ángulo”. 

Comparte una anécdota que es un reflejo de la lealtad deportiva. “Ibamos ganando 3 a 0 tranquilos, irían 15 minutos del segundo tiempo. Se lesionó un defensor, entró Horacio Rodríguez y Roberto Barrionuevo pasó de cinco. Descontó Independencia y faltando quince minutos, Roberto hizo un golazo, arrancó en la mitad de la cancha, eludió a rivales y cuando salió el arquero, que era Pilas de Tandil, se la picó. La pelota quedó muerta dentro del arco. Pilas lo abrazó a Roberto y le dijo ‘viejo, no te mueras nunca’. Siempre me acuerdo, yo estaba cerca”, relata. 


Otra imagen de Argentino Junior. En este caso, como director técnico de la cuarta división


Después de 30 años, volvió a ver a Pilas de manera casual en Claromecó. “Se dedica a las alarmas –sostiene-. Estaba realizando la instalación en una casa de un hombre de Azul, que es amigo de él; en el cartel del vehículo leí el apellido y pensé ‘este es el arquero’. Estaba en lo cierto. Lo primero que me dijo ‘¿Te acordás el gol que me hizo?’. El era un arquerazo. Es increíble”.

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Conformó una muy buena dupla con Osvaldo Sosa. En más de una oportunidad, clubes los llevaron como refuerzo a ambos: “nos veían a los dos juntos –señala sobre los dirigentes-. Fuimos a Huracán y a Quilmes también. Hice muchos goles porque El Negro me la dejaba frente al arco. ¡Lo he visto hacer cada cosa!”.


Con Osvaldo Sosa, en Huracán. Destaca que “era distinto, no solamente como jugador, sino también como persona”


Lo ubica a Sosa en un lugar muy destacado, porque “cuando él jugaba, sabías que algo iba a pasar. Había partidos en los que no llegábamos mucho, pero de repente te dejaba mano a mano. Fue uno de los mejores, tenía algo. Mirá que me tocó jugar con muchos”. Además de su capacidad como futbolista, valora de Sosa el compañerismo que mostraba en sus actitudes cotidianas. “Era distinto, no solamente como jugador, también como persona”, elogia con énfasis. 

En un análisis de los torneos con Argentino, puntualiza que “me tocó perder muy poco. Sabías que el Negro algo iba a hacer, no sé cómo, pero se las iba a ingeniar. Fue el mejor de Argentino”. Y de Roberto Barrionuevo le otorga relevancia a “el corazón, la garra. Arengaba en forma permanente. Jugaba en distintas posiciones de la cancha, era un fenómeno”. 

Desde que comenzó a jugar, le gustó ser nueve. Siempre tuvo ese puesto, salvo en ocasiones especiales; como ejemplo, manifiesta que “en épocas gloriosas del fútbol, me tocó compartir la delantera con Néstor Di Luca. ¡No iba yo a jugar de nueve! En ese caso me tiraba más hacia un costado. Por entonces había centrodelanteros muy buenos”. Tiene la edición de la revista El Gráfico con “Pela Di Luca en la tapa gritando un gol. Pensar que luego jugué con él”. 

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Quilmes lo incorporó para un torneo regional. “¡Lo que es el fútbol! –exclama-. Me fui al descenso un domingo en cancha de Argentino, no hay que dramatizar pero es difícil, yo era chico. El martes va García, que era el técnico de Quilmes, con Cacho Amestoy, para decirme que querían que me sume a Quilmes”. 

Del plantel menciona a “Néstor Di Luca, el Toro Abelén, Osvaldo Sosa, el Negro Silva, Goñi que había venido de Mar del Plata, también Nelson Di Luca y Néstor Domínguez, que era un poco tres, volante y puntero izquierdo, cubría todo ese costado. Con estos compañeros, yo pensaba ‘¿Cuándo voy a jugar? Si estoy entre los veinte, satisfecho’”. 

Sin embargo, “tres días antes del debut como visitante ante Estación Quequén, cuando estábamos viajando en micro, el técnico se sentó al lado mío y me preguntó: ‘¿cómo está para el domingo? Van a jugar Di Luca y usted arriba’”.  


Uno de los grandes planteles que conformó fue el de Quilmes (Crespi está parado, cuarto desde la izquierda)


Los dos partidos con Estación Quequén finalizaron igualados. “Ellos nos ganaron el grupo porque vencieron a Alumni Azuleño en Azul y nosotros empatamos, ahí sacaron la diferencia. Estación Quequén terminó jugando en el Nacional B, en el partido contra nosotros me acuerdo que estaba como suplente Franklin Martínez”, rememora. 

En el torneo local siguiente continuó en Quilmes. Señala que “me contrataron y me quedé, siempre dependiendo de lo que hacía Argentino, porque yo pertenecía al club”. Enumera a destacados futbolistas con los que integró el plantel del Cervecero, en un gran torneo local, como “Eduardo Kohli, Ivanoff, Murro, Barbeito, Montero”. 

“No salimos campeones porque Huracán, que tenía a Claudio García, Franklin Martínez, entre otros, nos ganó por un punto. La Liga de Tres Arroyos tenía un nivel muy alto”, afirma. 


Con Quilmes, acompañado por muchos jugadores formados en las inferiores del Cervecero (hincado, segundo desde la izquierda)


Como una pequeña diferencia, entre ambos equipos, evalúa que “Huracán tal vez estaba mejor físicamente. Residían todos en Tres Arroyos, mientras que los refuerzos de Quilmes que provenían de otras ciudades se iban y volvían el viernes. Nos ganaron 3-2 un partido decisivo, había miles de personas en la cancha”. 

Quiso posteriormente incorporarlo Sporting de Punta Alta, “no llegaron a un acuerdo con Argentino. Tengo una carta que me envió Sporting”. El siguiente destino de él y Sosa fue Huracán. “El técnico era Parra, en el torneo local. Tras algunos partidos se fue y lo reemplazó Tenaglia, quien seguía siendo jugador pero ya se estaba por retirar. La campaña no fue buena ese año”, admite. 

Llegó el llamado de Boca, que había armado un gran plantel con “Márquez, Berta de central, Córdoba, el Cabezón Fernández, el Negro Vega, Di Luca. Salimos campeones”. 


Con la camiseta de Boca, en otro recordado plantel. Lograron el campeonato en el fútbol local (hincado, quinto desde la izquierda)


Tuvo el placer de jugar una Liguilla junto a José Ramón Palacio en El Nacional, a quien define como “otro tipo sensacional. Venía de Bahía Blanca”. En este contexto, subraya que “fui un privilegiado. Haber sido compañero de todos esos jugadores”. 


Jugando para El Nacional (hincado, cuarto desde la izquierda). Si bien no se encuentra en esta foto, tuvo como compañero en el Decano, durante un cuadrangular, a Juan Ramón Palacio


Se detiene además en otro refuerzo que visitó la camiseta de Boca, Quilmes y San Martín de Chaves: Antonio Ruberto. “Cuando integré El Nacional lo tuve de rival, un partido nocturno. ¡La gente que había!. Después pasó a Olimpia de Paraguay”. 

Con satisfacción, le otorga relevancia a que “tuve la suerte de haber jugado con todos ellos y también de ser parte de Huracán, cuando me vio Bottino. Todos soñábamos con estar alguna vez en Huracán”. 

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Más allá de que se fueron abriendo puertas en el fútbol, Daniel Crespi nunca interrumpió su trabajo en la construcción. “En medio de mi paso por clubes de Tres Arroyos, fui a Rivadavia de Aparicio, yo ya estaba casado. Lo que ganaba cada domingo en Rivadavia era el doble de lo que me pagaban semanalmente en el oficio”, observa. 

Además, llevó los colores de Recreativo Echegoyen, en un torneo en el que tuvo como compañero a Daniel “Laucha” Beguiristain, “muy buena gente”. 

Se retiró en Argentino, su segunda casa. “Mi lugar en el mundo era Villa Italia”, dice y concluye: “Tengo a mi madre Lidia en el barrio, por la pandemia la veo menos, con todos los cuidados. Y la mayoría de mis amigos están ahí. Uno no se olvida”. 

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En Claromecó, desde hace 22 años 
Claromecó es el lugar que eligió Daniel Crespi para vivir. “Fui por una semana y estoy hace 22 años por la construcción”, indica. Fue técnico en el Club Recreativo Claromecó; “tengo un amigo que me dio la localidad que es (Omar) Tata Fernández, un tipo muy pasional con el fútbol. El hijo Gabriel Omar tiene la misma pasión, estamos siempre en contacto”. 

En la entrevista, surge el nombre de Marcelo “Cacarito” Vázquez, talentoso jugador de Quilmes que también se radicó en Claormecó. “Cuando yo me sumé a Quilmes, Cacarito estaba en la tercera división. Kohli solía venir a entrenar, lo veía y decía ‘¡este enano como juega!’ 

Daniel Crespi además fue director técnico de Recreativo Echegoyen y ayudante de Luis “Tota” Beitía cuando dirigió a Argentino Junior. 


En su experiencia como entrenador de Echegoyen, club del cual también fue jugador



La familia
Daniel Crespi está casado con Julia, tienen tres hijos: Gonzalo, Marcos y Débora (reside en España); y dos nietos: Gino y Samuel.

Hijo futbolista 
Su hijo Gonzalo ha demostrado tener buenas condiciones para el fútbol, se lució en Recreativo Echegoyen, pero las lesiones interrumpieron sus posibilidades. “Tuvo tres roturas de ligamentos cruzados, dos en la pierna izquierda y una en la pierna derecha. Es algo que no se ha dado en muchos casos, el destino”, finaliza.