Claro, Reta y Orense

#CentenarioClaromecó

“Cuando éramos chicos vivíamos todos felices”

09|11|20 23:21 hs.

Beatriz Abad recuerda con nostalgia el ayer. Fueron, con su hermana Alicia las primeras enfermeras de Claromecó 


Beatriz Abad llegó con sólo 8 años a Claromecó, promediando 1944. “Primero vinieron mi papá con mi hermano el Vasco, cuando se acomodaron un poquito él nos fue a buscar” cuenta. 

Eran tiempos duros y los medios de transporte escaseaban, uno de ellos eran los charret, “allí veníamos Alicia, Merceditas, Teresa y yo, ellas todas fallecidas. Y bueno, entramos en una casilla, hasta que nos fuimos al chalet de Hurtado. Ahí estuvimos unos años, después en lo de Doña Aurora Fuente -personaje icónico de Claromecó de aquellos años- viviendo”. 

Como todos los chicos de ese tiempo, más por su edad “fuimos al colegio acá. Había una sola maestra para todos los grados, un solo salón, yo vine con tercero a mitad de año pero no había más grados. Mi hermano -el Vasco- iba para cuarto pero no había, teníamos colegio hasta tercer grado en ese tiempo. De mi primera maestra no me acuerdo mucho pero sí de Pepita Navarro, ella hacía de todo… hasta partos atendía, o Doña Aurora, que te curaba el empacho, te tiraba el cuerito”, dice y la sonrisa se le marca en la cara. 


(Fotos: Carolina Mulder)


Enfermera por correo 
 Beatriz Abad fue una de las primeras enfermeras que tuvo Claromecó tanto en la Sala de Primeros Auxilios de la avenida Costanera, que después se transformó en Unidad Sanitaria. 

Cuenta que comenzó a estudiar la carrera vía correo, “me mandaban todas las hojas acá y rendía. Me ayudaba el doctor Yukelson, que ya estaba radicado acá. Así seguimos y en un momento nos hizo entrar como enfermeras en lo que fue Sala de Primeros Auxilios y después Unidad Sanitaria”. 

Ese lugar fue, durante muchos años, el único en salud de Claromecó y todos los médicos que pasaron por la localidad estaban cumpliendo allí guardia o residencia. Beatriz y su hermana Alicia fueron parte integrante de esto.

“Hemos visto de todo, vivos, muertos, además de estar el pulmotor que cuando había algún ahogado lo traían… Imagináte que cuando no había nadie yo me metía dentro de él”, cuenta entre risas. 

“Claro, yo cuando empecé tenía 29 años y trabajé casi treinta y cinco años… faltó poquitito. Unos fríos… Las ambulancias que casi no andaban, de tecnología lo único que tenía era oxígeno pero después, nada. Imaginate que ahí adentro nacieron chicos, también se nos murió alguna persona cuando la llevábamos para Tres Arroyos…”. 

Son muchas las anécdotas que tiene para contar sobre cómo se vivía en esos tiempos. Una de ellas se refiere a su hermana, “Alicia era muy buena como enfermera, pero tenía miedo. Después vino una doctora -Nora Zalazar- antes de Abad, que la mandaba a ella cuando había traslados. Alicia no quería, sí que fuéramos las dos. Entonces yo le dije un día a Nora: ‘No podemos ir las dos, si pasa algo acá, ¿qué hacemos?, porque no llegábamos en una hora a Tres Arroyos. La doctora me preguntó si yo me animaba a ir sola con el paciente y a partir de ahí, día y noche nos íbamos con el chofer y el paciente. Sabés lo feo que era andar entre el barro con caminos inundados cuando llovía… muy feo”. 

En el final y a modo de recuerdo, con una sonrisa, Beatriz señala: “Cuando éramos chicos vivíamos felices todos. En ese Claromecó éramos todos uno, esto cambió mucho imagináte que no te conocí para abrirte la puerta... Hay mucha gente ahora.