Con la camiseta de Unión. Eduardo Dabién junto a su nieto mayor Joaquín, quien tiene 11 años

Deportes

Entrevista

Eduardo “Laly” Dabién: “Me gustaba mucho jugar en los barrios”

31|10|20 19:50 hs.


Por Alejandro Vis

Jugaba de 8, le gustaba correr y gambetear. Quienes lo vieron en su etapa de futbolista, reconocen sus muy buenas condiciones. No es casualidad que haya formado parte de distintos clubes y del seleccionado de Tres Arroyos. Eduardo “Laly” Dabién, con su testimonio, permite recordar un período destacado del fútbol local y regional, protagonistas de aquellos tiempos y anécdotas que vale la pena compartir. 

 Los inicios 
Nació en Oriente, pero era muy chico cuando su familia se radicó en Tres Arroyos. Su padre Eduardo residía en la mencionada localidad; mientras que su madre María Rosa Espinal era tresarroyense. 

 Tuvo cinco hermanos. Tres mujeres que también nacieron en Oriente: Mirta Susana, María Rosa y María Elena (ya fallecida); mientras que en nuestra ciudad ampliaron la familia dos varones menores que él: Miguel Angel (también fallecido) y Jorge Luis. “Estaban haciendo la Junta Nacional de Granos. Mi padre agarró trabajo ahí y le dieron una casa en Los Ranchos, en calle Jujuy antes de llegar a avenida Alem, ahí vivimos algunos años”, recuerda. 

Pocos años después, su padre ganó la rifa que hacía Alumni de Orense, que tenía como premio mayor un automóvil. “Fue a recibirlo con Bottino, quien se trajo el auto. Mi padre no subió; decidió venderlo y compró la casa en avenida Güemes 927 -explica-. ¡Cómo ha cambiado todo! Con el auto le alcanzó para comprar la casa y hacer la escritura”. 

 Eduardo Dabién participaba en los torneos de baby fútbol que organizaba Huracán. Cuenta que “la cancha estaba donde se juega al tenis ahora”. Integraba “un equipo que hicimos de Los Ranchos, el capitán eran Mingo Tello. El padre tenía un horno de ladrillos, nos había hecho una canchita para que entrenáramos”. 

Habla de sus compañeros de equipo, entre ellos “Bartolo Flores, que era del barrio; Tito Otero, Carlos Otero, Rosendo Schroeder, quien jugó en Quilmes después. Era hasta cierta edad y si te veían condiciones, te fichaban”. Y agrega que en Huracán había chicos que luego fueron destacados jugadores, “Mayer, Miguel Fernández, por citar dos casos”. 

Huracán lo incorporó y se sumó al plantel de la Sexta División, pese a que tenía dos o tres años menos que los habituales protagonistas de esa categoría. “Era hasta 16 años, yo tenía 13. La Quinta hasta los 18. No había otras divisiones para los más chicos”, señala. 

 La trayectoria 
“Por esas locuras de chico” dejó de concurrir a Huracán. Su siguiente club fue Central, desde donde lo llevaron a Quilmes “Cholo Catalina, el Conejo Alvarez y Litre Duport”. 

Lo convocaban para la Quinta División los sábados y era citado para jugar los domingos en la Tercera; “estaba chocho”. 

Interrumpió también luego de un tiempo su desempeño en Quilmes e ingresó con el comercio Casa Sarita a un torneo que se disputaba en El Nacional. Allí lo vieron dirigentes de Copetonas y lo contactaron para tenerlo en el plantel. Fue su primera etapa en el club, en momentos en que el equipo contaba con “Hugo Belando, Elichiri, Monforte, Presa”. 


En dos etapas, integró el plantel de Copetonas



Un recuerdo muy especial en Copetonas merece Carlos Appas, quien era el director técnico y cuyo nombre se impuso a la cancha. “Murió él y toda la familia en un accidente. Iba con la señora y los tres chicos, viajando en su camioneta en la madrugada por la ruta. Lo chocó un camión, en el que iban unos pibes que habían salido de noche a Oriente y volvían a Copetonas”, indica. 

Con gratitud, valora que “Appas me dio la oportunidad de jugar, hacía poco que yo estaba en Copetonas”. Lo fueron a despedir luego de un partido; “le ganamos a El Nacional 3-1, vestidos como estábamos, con la ropa de jugar, fuimos al cementerio. Concurrió todo el pueblo, fue un momento tristísimo”. 

Tuvo un paréntesis obligado por el servicio militar, que realizó durante 14 meses en Pigüé. Regresó posteriormente a Copetonas, que “ya era otro equipo. Estaban los hermanos González, Alvarez que había jugado en Huracán, Varela, Piernes, Mayer, Martínez, Belando”. 

En su segunda experiencia en Copetonas hubo un revés deportivo, cuando tuvo lugar el descenso. Eduardo Dabién jugó posteriormente en Recreativo Echegoyen, que “había armado un muy buen equipo. El arquero era Costa, también se encontraban Roberto Barrionuevo, Cabrera, Beguiristain, Roberto López, Aríngoli, Jorge Piacquadio. Perdimos el campeonato por un punto; teníamos que ganarle a Garmense de visitante para quedar primeros y empatamos 0-0. El siguiente y último partido fue con Claromecó, ganamos pero no nos alcanzó. El técnico era Carlos Mastrángelo y el preparador físico Scolaro”. 



Eduardo Dabién se lleva la pelota, en un partido con Unión. El rival es Copetonas




Por entonces, se concretó su arribo a Unión en la Segunda División. Es inolvidable el título que lograron en el Torneo Preparación: “le ganamos la final a Argentino por penales en la cancha de El Nacional. El partido salió 1-1, el último penal lo pateó Conejo Cucchi”. 

Siente un agradecimiento eterno a Unión, donde jugó varias temporadas. “Me ayudó mucho, me consiguió un empleo -subraya-. Había un muchacho que estaba en la comisión en esos años, trabajaba en el Molino, me hizo entrar tres meses para cubrir vacaciones y finalmente estuve 42 años. Era uno de los mejores trabajos en Tres Arroyos”. 

Permaneció varios torneos en Unión. Ganaron otra final, esta vez a Colegiales, “en la cancha vieja de Olimpo. Hice un gol yo y el otro mi hermano Jorge Luis, que era el 6”. Tuvieron la alegría de jugar juntos los tres hermanos, porque compartieron partidos ambos y Miguel Angel Dabién, quien era 2. 



El equipo de Unión campeón del Torneo Preparación en Segunda, en el año 1983



 Describe la década del ’80, cuando “la Segunda era difícil. Con equipos parejos, torneos muy competitivos. Todas las canchas complicadas como San Martín, Ciclista, había que aguantársela. En ese sentido cambió mucho, ahora perdés en esos lugares de visitante, pero ganás también”. 

Volvió a vestir los colores de Quilmes. “Estoy identificado con Unión”, dice sobre su trayectoria en el fútbol local y menciona que “también me gusta Quilmes”. 

Su retiro se concretó en Oriente Fútbol Club, cuando “tenía 36 años. Fuimos con otros jugadores de Tres Arroyos. Nos llevó Hugo Tenaglia, que era técnico y también jugaba”. Ya retirado, incursionó en algunos campeonatos de la Liga Comercial. 

Al hacer referencia a los directores técnicos que tuvo en su carrera, menciona además a “Heber González, el Gallego Guillén, García Blanco, Urquijo fue muy importante en Copetonas cuando faltó Appas”. 

La selección local 
Con solo 18 años, Vicente Lofiego lo eligió para intervenir en la selección de Tres Arroyos. Le parecía increíble estar junto a “todos los que unos años antes yo veía cuando iba a la cancha. El Colorado Cedrón, Cantilo Destéfano, los que se destacaban en esa época. Me parecía imposible”. 

Años más tarde, lo citó García Blanco para un amistoso con Nueva Chicago, que había ascendido a Primera División y estaba realizando la pretemporada en Necochea. Eran sus compañeros “Walter Fernández, Salomón, Cedrón, el Rana Robledo, Zorro Martínez, Pingüino Arias, Pandolfo, Bartolo Flores, Miguel Fernández, Osvaldo Sosa. Yo entré después en el segundo tiempo”. 

Un atractivo especial 
La historia sería incompleta sino incluyera los torneos de los barrios, con equipos que tenían nombres tales como Chacarita, Honor y Patria, Barracas, Central. 

“Yo jugué en Central, hasta el Colorado Cedrón jugaba, Tito De Ben, Tito Otero. Era pibe, tendría 14 años; salía disparando cuando terminaba en la Tercera de Quilmes, a la cancha de Central, estaba a unas cuadras”, relata. 

No tiene dudas en afirmar que “me gustaba más jugar en los barrios que en Primera. ¡Si un año que estaba en Copetonas, dejé la Primera para formar parte de Unión, que había entrado en los barrios!”. 

En la sangre 
La pelota está relacionada de manera íntima con Eduardo Dabién desde muy chico. 

Sus hijos Daniel y Diego heredaron este legado. Comenta que “Daniel jugó en Unión cuando ascendió, ahora están en ACDC”. Una práctica que pasa de generación en generación. Es que Joaquín, su nieto mayor de 11 años, hijo de Diego, se está formando en Huracán. 

Es Joaquín justamente quien lo acompaña en la entrevista. Escucha atentamente cuando el abuelo describe los cambios que se registraron en este deporte y reitera que “yo corría mucho. Intentaba gambetear y me gustaba tener la pelota”. Sonriente, concluye: “Los otros me querían matar cuando no la largaba”. 

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Walter Mosegui recibía en su casa de Pigüé a Eduardo Dabién, quien estaba haciendo el servicio militar y jugaba en Unión de esa ciudad. El payador era dirigente del club



   
En la casa de Mosegui

Cuando Eduardo Dabién realizó el servicio militar en Pigüé, los domingos tenía un anfitrión destacado. “Jugué al fútbol en Unión de Pigüé, que integra la Liga de Coronel Suárez. Eramos dos o tres del cuartel en el equipo. Nos sacaban los domingos e íbamos a la casa del payador Walter Mosegui, en aquel tiempo dirigente del club. Nos llevaba a almorzar y después, a la cancha”, comenta. 

Mosegui había nacido en Uruguay, vivió en Pigüé y falleció en noviembre de 2015 en Bahía Blanca, donde estaba radicado. Fue el único payador que ganó un premio Santa Clara de Asís. 

Animaba las jineteadas, fiestas folclóricas. Su pensamiento y compromiso queda en claro con la siguiente frase: "Siempre dije que el payador no sólo tiene que aludir en sus versos a la china, el ombú, el caballo o el mate, sino que también debemos estar preparados para abordar temas de actualidad, o flagelos sociales como la droga o ciertos temas medulares que otros callan”. 

El penal postergado 
Otra anécdota que compartió Eduardo Dabién en el diálogo con La Voz del Pueblo corresponde a un partido entre Copetonas y Huracán. “El campeonato estaba muy disputado, punto a punto. Empatábamos 0 a 0 en la cancha de Copetonas y el árbitro Restagno cobró un penal para Huracán. Hubo muchos incidentes no entre los jugadores, sino con la gente que empezó a tirar piedras. El partido se suspendió y el penal fue ejecutado una semana después en Cascallares”, sostiene. 

Quedaban pocos minutos. El fue amonestado y por límite de tarjetas amarillas, no pudo estar en el equipo en Cascallares. 

Siete días más tarde, Huracán convirtió el penal, Copetonas logró igualar el encuentro, pero sobre el final el Globo se impuso 2-1.


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La familia 

Eduardo Dabién formó una familia con Adriana Pisoneiro. Sus hijos son Daniel y Diego. Los nietos Olivia, hija de Daniel; Joaquín y el recién nacido Octavio, por parte de Diego.