Primera generación. José Macías -al centro y con gorra- acompañado por su familia

La Ciudad

Día del Carnicero

Macías: cinco generaciones dedicadas a la carnicería

19|10|20 08:32 hs.

Históricamente, el apellido Macías en la ciudad está asociado a la carne. Y no es para menos ya que un total de 5 generaciones de la familia se han dedicado al rubro. 


Mauro Félix Macías, cuarta generación de la familia y carnicero de toda la vida, decidió contar su historia.

“Finales del siglo 19. En Europa y especialmente en España, se viven épocas difíciles. José Macías Posse tiene 17 años y decide emigrar a la Argentina. Nacido en Borneiro, un pueblo de pescadores y labradores cercano al mar del norte, deja a sus padres quizás con otros planes, buscando un futuro mejor. Es así que, junto a su hermano Avelino Macías, toman la decisión y parten rumbo a la Argentina.

“Después de un largo viaje llegan a la zona de Tres Arroyos y quedan impresionados por nuestros campos y trigales, por lo que se asientan en la localidad de San Francisco de Bellocq donde juntos inauguran una panadería.

“Poco tiempo después, José, mi bisabuelo, conoce en Tres Arroyos a Julia Lizarriaga, con la que se casa y tiene 14 hijos: 8 mujeres y 6 varones. 

“Por el año 1910, José incursiona en un nuevo rubro, el cual nunca más abandonará a la familia: la carne. Se convierte en matarife: iba a las ferias para comprar hacienda, la cual después vendía y distribuía en las carnicerías de Tres Arroyos con carros tirados a caballo.

“El tiempo pasó y 4 de los 6 hijos varones acompañan a su papá en el oficio: primero José María, ‘Pepe’ -que era el mayor-, quien después trabajó en otros lugares como el mercado Alsina y después Ovidio Romero, quien instaló su carnicería en calle Balcarce al 280. Más adelante Ovidio tuvo dos hijos, Hugo y Pocha, quienes lo siguieron en el negocio por varios años, hasta que decidió venderlo e instalarse en Mar del Plata, donde solo se dedicó a la compra de hacienda para terceros. 

Cada cliente llevaba un plato o una fuente con repasadores para cubrir la carne porque no había bolsas y los cortes se marcaban a cuchillo y se cortaban todos los huesos a serrucho


“Otro hijo, Aurelio Macías, ocupó de muy joven la carnicería de su padre José, ubicada en Lucio V. López 750. El lugar era un terreno que ocupaba media manzana y que albergaba, además del negocio, la casa familiar y el lugar de resguardo de los caballos -que se utilizaban para traer la carne de la feria al pueblo- y de los fardos con los que se alimentaban los equinos. 

“En esa época, todo era muy distinto; se utilizaban carros para el acarreo, las carnicerías poseían sótanos para mantener la carne fresca ya que no existían las heladeras y se ponían mármoles en los mostradores para apoyar los cortes y que éstos se mantuvieran frescos. Además, se utilizaban papeles acartonados y diarios viejos que se engrasaban con pella para envolver la carne que llevaba Doña Rosa. Cada cliente llevaba un plato o una fuente con repasadores para cubrir la carne porque no había bolsas y los cortes se marcaban a cuchillo y se cortaban todos los huesos a serrucho. Aún recuerdo el tremendo brazo derecho de mi abuelo… 

“El último hijo varón que acompañó a José fue Félix Macías (mi abuelo), quien instaló su primera carnicería cuando era muy joven, después de haber cumplido con el servicio militar; abrió su local en el año 1937 en Laprida 248. Al poco tiempo se casó con Olga Elena Rodríguez y tuvieron 3 hijos: dos mujeres y un varón. 

“Me acuerdo que mi abuelo era un hombre muy generoso y amante de ayudar al prójimo… era muy social y llegó a ser presidente del Club Almafuerte, un club social y deportivo. Asimismo, ayudaba a las personas más necesitadas con platos de comida y entregaba copas de leche a los más chicos. Félix luchaba por la gente necesitada y muchos lo recuerdan por obsequiar la carne cuando veía necesidades básicas. 

“Al morir en el año 1975, lo sucedió mi papá, Félix Angel, que había aprendido el oficio pero, hasta ese momento, se desempañaba como gráfico en La Voz del Pueblo. Felito, como lo conocían, continúa al frente de la carnicería hasta fines de los 80’. Fue allí que, con mi hermano Fabián, aprendimos el oficio de carniceros. 

“Recuerdo que del matadero nos traían la carne que después bajaba mi viejo al hombro… recuerdo las achuras completas, enteras y sucias, y la cabeza del animal para hacer. Nosotros con mi hermano éramos chicos, teníamos 10 y 12 años y ya atendíamos al público. Mi mamá, Mirta Gejo, fue un pilar fundamental en la familia, lo ayudaba a mi viejo ‘a morir’. Lo amaba. 


Presente y futuro. Mauro e Iván Macías, son la cuarta y quinta generación


“Con el correr del tiempo con mi hermano formamos nuestros propios negocios; Fabían abrió el suyo en Belgrano 735 en el año 2004 y yo hice lo propio en Constituyentes 157. 

“Actualmente él trabaja en el Frigorífico Anselmo, que por suerte pudo resurgir y darle trabajo a todos los empleados, donde es el mejor despostador. 

“Yo, Mauro Félix Macías, estuve tres años en Constituyentes 157 y me mudé a Moreno 1070 en el año 2008. Allí estuvimos con mi señora, una compañera incansable por 8 años. Y en el año 2016 abrimos en Pellegrini y Ruta 228; allí trabajo con mi amigo Damián y con mis hijos Iván y Santiago. 

“Iván ahora tiene 26 años y hace los embutidos con la fórmula que le enseñó su abuelo. Además, tiene 4 hijos, dos de los cuales son varones: Octavio y Félix, otro Félix más en la familia más añeja en el rubro de la carne en Tres Arroyos. Esta tradición lleva más de 120 años en la ciudad y posiblemente continuará… 

“Una parte rica y única en la historia tresarroyense. Cinco generaciones trabajando con la carne y vendiendo calidad. ¡Feliz día a todos los carniceros!”