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Escasa nubosidad

Carta de Lectores

Por Juana Ofir Gerónimo

Obrera sublime

11|09|18 11:03 hs.

Por Juana Ofir Gerónimo

Sentías tu vocación a flor de piel, querías dar, recibir, enseñar, formar y estudiaste para lograr un título que te permitió entrar a una escuela. Allí, en el aula, te esperaban caritas sonrientes ante la perspectiva de una nueva maestra. 

No fue fácil, cada día se presentaba algo distinto, a veces tristezas, alegrías, sonrisas, rezongos, lágrimas, correctivos, ternura, dolor… 

Así fuiste pasando por distintas escuelas. 

Tal vez no te habías dado cuenta que el tiempo transcurría velozmente y un día te dijeron: “misión cumplida”. Llegó el último adiós a los niños. 

A partir de ese momento enfrentaste otro panorama, tus actividades fueron distintas, tus horas se colmaron de otra manera.

Tiempo después, llegaste a la escuela donde concurrían tus nietos, el más pequeño sostenía la bandera como un soldadito, sin entender, tal vez, cuál era su función y la otra nieta orgullosamente abanderada, por segunda vez durante sus días escolares. 

Pudo más la emoción y a través de las lágrimas que nublaban tus ojos viste a lo lejos un negro pizarrón, que habías usado tantas veces, y en él escritas las palabras de Gabriela Mistral: 

Señor: tú que enseñaste perdoná que yo enseñe que lleve el nombre de Maestra 
que tú llevaste por la tierra. 

Entonces te preguntaste: ¿valió la pena? 

Y yo, hoy, colega te digo: Sí, valió la pena 

Simplemente maestros ¡Feliz día!