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La Ciudad

Día del empleado metalúrgico

Carlos Gilardoni, un empleado de fierro

07|09|18 11:54 hs.

Los fierros le gustaron siempre, por eso no dudó en usar el dato que le tiró uno de los empleados de Maderas Martín. “Vino al campo a dejar un pedido y me contó que Eduardo estaba buscando un ayudante. Al otro día fui a ofrecerme. Y dos o tres días después arranqué. De eso ya pasaron 26 años…”, cuenta con la misma sonrisa que sostendrá toda la charla Carlos Alberto Gilardoni, uno de los dos empleados que tiene en su taller metalúrgico Colantonio. 


Así, sin anestesia, Carlos arrancó a desandar el camino en el oficio que además de ser su medio de vida, le ha dado un montón de satisfacciones. “Este trabajo me gusta mucho, siempre me gustó, y tuve la oportunidad de venir a trabajar con Eduardo, que es muy abierto, y aprendí de todo acá”, indica Carlos, que el 21 de septiembre cumplirá 50 años. 

Nobleza obliga, al repasar su historia laboral, cuenta que lo poco que sabía de metalúrgica cuando empezó a trabajar con Colantonio lo aprendió con Coco Stiglich, que hacía herrería artística. “Yo vivía en el campo de Eduardo Buffa, porque mi trabajo fuerte era como empleado rural”, recuerda. 

Al gusto por los fierros se le sumaba su facilidad para aprender, de modo que en poco tiempo hizo muy buen equipo de trabajo con Colantonio. Equipo que desde hace 22 años también integra Víctor Hugo, el otro empleado de Eduardo que, cultor del perfil bajo, prefirió no participar de la nota.

Variedad 
“Cuando arranqué a trabajar acá hacíamos muchas reparaciones de rastras de discos, de arados, en esa época se hacía mucha fertilización profunda, entonces había que reformar las sembradoras, se le ponían un disco con una zapata. Después empezamos a fabricar lo peines para las rastras, para cinceles, para cultivadores, equipos de cuchillas…”, describe. 

Y agrega: “Más adelante hicimos sinfines, comederos, cercos… Con la siembra directa arrancamos con el “tapa cuevas” de peludo, también la aplastadora, la extractora de cereal, el rodillo hidráulico. Hacemos de todos”. Carlos destaca que en el taller de Colantonio lo que más se hace es innovar. Si bien aclara que “nosotros no inventamos nada”, es común que vaya un productor con alguna necesidad y el equipo de trabajo modifique alguna máquina o arme algún implemento para resolver esa necesidad. 

“Cuando traen un trabajo lo miramos, sacamos conclusiones, vemos cómo se puede hacer y le damos para adelante. Acá el cliente nunca se va a ir sin una solución. Y eso me gusta, es como que uno lo lleva adentro”, dice el metalúrgico que se toma las vacaciones del taller en época de cosecha, “porque manejo la cosechadora de Alejandro Massigoge”. 

En los ratos libres que le deja el taller, Carlos se las arregla para atender clientes particulares también. “Yo siempre busco progresar, y gracias al esfuerzo pudimos poner un almacén que atiende mi mujer”, explica. 

Gilardoni cuenta que tiene buena relación con los colegas y que “si alguno viene a preguntar cómo hacer un trabajo, yo lo ayudo. Todo lo que pueda ayudar al otro, yo lo voy a hacer”. 

Y Carlos cuenta que no hay satisfacción más grande que lo feliciten por el trabajo realizado. “Cuando logramos adaptar una máquina o hacer lo que el productor estaba necesitando, es lo mejor. Para mí es un orgullo que vengan y me digan que el trabajo quedó bien”, asegura antes de agradecerle a Eduardo y a Víctor “que me aguantan todos los días”.