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Sociales

Bernardo Huala

Concierto de amor

19|08|18 11:45 hs.

Un pelotazo que le lastimó el labio cuando era chico terminó con su carrera futbolera. Los amiguitos del barrio Olimpo lo invitaron a jugar a la pelota, Bernardo fue al arco, pero el partido terminó cuando atajó con la cara algo que lo obligó a partir hacia su casa lastimado. Su papá lo vio en esas condiciones y pensó que lo mejor iba a ser que estudiara guitarra. Conocían a una familia de músicos en el Barrio Municipal y ésa fue la escuela indicada. 


El maestro y concertista es hijo de papá y mamá chilenos, que se instalaron en Tres Arroyos en el Barrio Olimpo, donde nació. Las primeras clases de guitarra las tomó con Eligio Núñez del Barrio Municipal, y toda su familia está llena de músicos. “Mi papá tocaba la guitarra y me acuerdo que cuando empecé conseguía prestada una por un día y era mi momento… aprovechaba para estar cerca para escucharlo interpretar el instrumento, ahí nació mi interés por la música”.

Bernardo comenzó a estudiar música a los 10 años y luego continuó con maestros particulares. Más tarde asistió a aprender piano en un conservatorio privado dirigido por la profesora Manterola. 

A medida que crecía, la guitarra se acercaba cada vez más a él, tanto que con los primeros acordes bien sabidos participó en distintos grupos en los que tocaba el piano o la guitarra, aunque esta última fue la elegida en los años venideros. 

Desde temprana edad estuvo relacionado con músicos. En la casa de Eligio estudiaba y luego se quedaba con sus hijos -fuera de horario- practicando, “como una esponja absorbía todo lo que me enseñaban”, sonríe ante el recuerdo. 

Una de las primeras bandas de las que participó era cristiana y se llamaba “Transformación”, estaba conformada por algunos familiares de don Eligio que hacían folclore. 




Bernardo es parte de una congregación cristiana en la que siempre pudo desarrollar sus talentos musicales, algo que aún sigue haciendo. “Comencé a cantar con mi hermano, con mi papá, siempre estuvo esta actividad acompañándome y lo hice en ese lugar tan lindo para desarrollar la música”, explica. 

Por otro lado en su casa practicaba la guitarra y el piano y en la iglesia, el órgano. Fueron años que transcurrieron siendo parte de formaciones cristianas que hacían canciones religiosas y de folclore. Huala fue a la Escuela N° 27 dos años, luego terminó el nivel primario en la Escuela N° 3. Los estudios secundarios “los hice más de grande”. 

 Un día en 1988, partió hacia la ciudad de La Plata para estudiar en la Facultad de Bellas Artes la carrera de Composición, la cual cursó muchos años. Al mismo tiempo, estudió guitarra en el Conservatorio Gilardo Gilardi. “Hice ambas en forma paralela aunque me quedó pendiente recibirme en Composición. Fue muy difícil, los primeros años los aproveché mucho, pero después comencé a combinar el trabajo con el estudio y se empezaron a alargar los tiempos y los planes”. 

Siguió en La Plata hasta el 2000 y, regresó en el 2004 para adelantar su carrera, hasta que finalmente se quedó en nuestra ciudad porque necesitaba estar presente para cuidar de sus padres. 

Una vez arraigado nuevamente formó parte de grupos hasta que confiesa, “me animé a largarme solo, en el 2005 cuando empecé a tocar en público. Aproveché mucho mi último año en La Plata para ir a mirar conciertos, coros, bandas, grupos musicales que me inspiraron y me dieron el empujón para dedicarme bien de lleno a la guitarra”.  

El repertorio 
Para seleccionar el material que incluye arreglos para guitarra de piezas de folclore, tango y del cancionero popular, Bernardo tiene en cuenta el público, el enfoque del evento y si hay alguna temática. “A la gente le puede llegar el mensaje musical sin saber mucho de música. A mí me traiciona ser muy analítico, tantos años en el Conservatorio me hacen no poder escapar a ese análisis que me atraviesa. Pienso que las personas que no saben tanto se relajan y disfrutan más”, manifiesta. 

Sin embargo Bernardo confiesa que “trato de llegar a ese lugar de la música en el que pueda disfrutar, porque entiendo que tengo que lograr eso, porque si no, es como cumplir con una partitura y quiero que se genere algo musical. Trato de disfrutar, por eso incluso ensayando hasta me emociono, por eso espero que la gente sienta lo mismo o que yo lo puedo trasmitir”. 

Disfrutar 
A Bernardo le gusta escuchar guitarristas -siempre cuando finaliza el bullicio de los alumnos particulares-, disfruta de orquestas sinfónicas y de los arreglos, no sólo la línea clásica sino también cuando la música más popular se lleva a un plano sinfónico. “Me invitaron a participar de un proyecto de guitarra y orquesta para hacer piezas de guitarristas de rock muy conocidos a partir de los años ´70, los arreglos los hizo el profesor Oscar Vidal, el proyecto está en marcha para arrancar”. 

Bernardo se debe ese sueño, el de participar de orquestas sinfónicas y pronto podrá cumplirlo: “A uno lo estimula, salgo de un concierto y pienso que tengo que estudiar más para poder llegar a eso que escucho, estar al frente de esa masa sonora siempre es impresionante”. 

En la congregación a la que asiste realiza su trabajo de docencia con los más jóvenes. “Me encuentro participando con chicos de quince años. Me han dado la responsabilidad de poder ayudar y guiar a esos chicos dentro de la música, así que también soy parte de eso”. Asimismo agradeció a toda la comunidad evangélica a la que asiste y a los pastores que siempre lo ayudan y apuntalan en sus presentaciones. 

Bernardo siente que tiene que ayudar a que sus alumnos descubran el mundo de la música, haciendo que escuchen grabaciones o hasta de su propia interpretación. 

Antes de apagar el grabador, toma su guitarra -que luce sencilla, pero sin embrago es una obra muy fina de luthiers especializados en el instrumento- e interpreta espontáneamente “Tonada de viejo amor” de Falú y Dávalos. Luego, a pedido, interpreta “Alfonsina y el mar” y así podría continuar por otros temas como “La arenosa” de Leguizamón y Castilla, “Sólo le pido a Dios” de León Gieco, “El día que me quieras”, de Gardel y Le Pera, “Palomita Blanca” de Anselmo Atieta, “Estilo pampeano” y “Milonguero del ayer” de Abel Fleury. Todas piezas que el público disfrutará en el concierto de presentación de su CD. 

Bernardo toca la guitarra y la música corre liviana y grácil entre las venas, se cuela por el cuerpo y estimula los sentidos.    

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La guitarra amiga siempre 

 Bernardo Huala se presentará en concierto el 15 de septiembre en el Teatro de la Escuela N° 1. Se trata de un proyecto que comenzó con la grabación de su primer disco solista y terminará con la interpretación en vivo de esos temas. Con Fabricio Doladé y su productora pudo cumplir el sueño de la grabación del disco que presenta un excelente trabajo técnico, de mezcla y edición. La masterización corresponde a Gustavo Fourcade y la gráfica al artista y diseñador gráfico Hugo Constanzo. 

“De muy pibe grabé con un grupo un casete”, se ríe Bernardo con el recuerdo, pero es la primera vez que presentará un concierto de guitarra de su propio CD. Sus referentes como intérpretes de guitarra clásica son Julián Bream o Davis Russel a nivel internacional, pero en Argentina su ejemplo a seguir artísticamente, el músico que lo inspiró y al que quiere parecerse es Cacho Tirao, a quien pudo escuchar en el teatro de la Escuela N° 1 y en La Plata: “El trabajo y dominio del instrumento que tenía siempre me admiró”. 

Otro a imitar que tomó para su carrera fue Eduardo Falú. Fueron artistas que de la guitarra que despertaron su deseo de tocar como solista. “Ver que a través de ese instrumento no sólo se puede acompañar, también hacer arreglos, no sólo tocar una melodía, sino hacer una obra completa, su sonoridad… comencé escuchando a esa gente y así probé tocar la guitarra de otra manera. En grupo sos la sumatoria de otros instrumentos, pero la guitarra sola abre un panorama mucho más amplio”, algo que vio en Cacho Tirao, “una pequeña orquesta en un solo instrumento”. 

El disco que presentará Bernardo Huala el 15 de septiembre en la Escuela N° 1 tiene 12 piezas de las cuales 4 las interpreta tal cual como están escritas, y las demás -incluso algunas muy conocidas- “me tomé el atrevimiento de hacerle algunos arreglos” como a algunas de Atahualpa Yupanki, Eduardo Falú o de León Gieco.