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Sociales

PSICOLOGIA

No sé qué hacer…

19|08|18 02:24 hs.

Por Claudia Eugenia Torres (*)


 “Estoy indecisa, realmente no sé qué hacer… pienso y pienso y cada vez es peor. Me siento mal, no poder decidirme me angustia mucho… ¿decime, qué puedo hacer?”. Es probable que todos hayamos pasado por una situación similar en muchas ocasiones de nuestras vidas. Desde cosas pequeñas y cotidianas hasta aquellas que pueden ser trascendentes. 

Hablamos en algún momento, de la importancia de la toma de decisiones y decíamos que no tomar decisiones es, en sí misma, una forma de decisión. 

Vivir significa elegir; no tomar decisiones implica inmovilidad y bloqueo. Cada vez que proyectamos nuestro futuro en cualquier ámbito de la vida, se abren ante nosotros un sinfín de posibilidades, y no hacer ninguna elección, supone no progresar… en ninguna dirección. 

¿Pero qué pasa cuando estamos siempre indecisos y esto nos obstaculiza nuestras relaciones tanto laborales como las de índole privado y personal? 

Tratemos de ver, brevemente que es la indecisión. La indecisión es la falta de determinación ante una situación, vivida como conflictiva, que nos impide tomar una decisión. Se puede formular como la dificultad para tomar decisiones de forma afirmativa, segura y tranquila. Puede ser un rasgo de la personalidad en sí mismo, o puede ir asociado a algunos tipos de psicopatología, como los trastornos obsesivos. 

Comienza a surgir como un problema cuando adquiere el carácter de síntoma, es decir, cuando la más mínima cosa o la más pequeña elección que tenga que tomar se convierte en un obstáculo que nos incapacita. Si situaciones tan sencillas como qué ropa ponerse, qué plato pedir en un restaurante, qué película ir a ver, etc. provocan bloqueos y ansiedad, estamos ante una indecisión patológica. 

Algunas de las causas de la indecisión podrían llegar a ser la falta de confianza en uno mismo, que puede llegar a ser momentánea debido a la magnitud del problema, o presentarse de manera general, debido a una baja autoestima. 

Otro de los factores que pueden provocar esta situación, es el miedo al fracaso o al cambio que inevitablemente nos llevará la toma de alguna decisión importante para nosotros. 

El miedo sirve para sobrevivir, es un mecanismo adaptativo a un entorno que, en ocasiones, nos da motivos para temerlo. Aquello para lo cual sirve el miedo tiene que ver con nuestra capacidad para reaccionar rápidamente ante situaciones peligrosas, ya que gracias a él nos retiramos cuando existe una amenaza. Esta amenaza puede ser para nuestra vida, o para nuestra autoestima, nuestra seguridad, según nuestras creencias sobre lo que es seguro o no, nuestro autoconcepto. 

Así que el miedo sólo es una emoción que reacciona en función de nuestros patrones mentales, de nuestras creencias y pensamientos. El miedo en sí mismo es positivo, nos ayuda a alejarnos de un suceso para el cual todavía no estamos preparados. 

El problema, es cuando nuestras creencias e interpretaciones hacen que sintamos miedo de forma disfuncional, es decir, lo que ocurre a consecuencia de sentir ese miedo es aún peor que lo que ocurriría si no lo sintiéramos. Muchas veces no hacemos lo que deseamos y es realmente importante en nuestra vida porque tenemos miedo de lo que puede ocurrir. 

Las personas que tienen dificultad para decidir se hacen cientos y cientos de preguntas antes de elegir. Muchas veces debido a su actitud de indecisión pierden oportunidades. Postergar la toma de decisiones es para los indecisos la posibilidad de dejar todo como está. Tienen miedo a equivocarse, a perder algo, a arrepentirse y a causa de esto no se arriesgan. Sentirse indeciso alguna vez en la vida no tiene nada de malo, lo complicado es cuando la indecisión se transforma en el eje de nuestra conducta. 

Tengamos presente que hay personas que necesitan un tiempo más largo que lo general para llegar a tomar una decisión. Necesitan evaluar en mayor detalle los pros y los contras de cada opción. Si las dos alternativas son "buenas", se hace difícil descartar una; y si las dos son "más o menos", también. 

Se puede presentar cierta dificultad en decir "No", cuando tomamos una decisión, le estamos diciendo "Sí" a una de las opciones y al mismo tiempo estamos descartando la otra. El que tiene indecisión crónica no quiere descartar ninguna, le gustaría tener ambas, y en la mayoría de los casos no es posible: por eso hay que tomar una decisión.  

¿Cómo enfrentarse a la indecisión? 
Un problema bien definido puede ser el primer paso, nos puede ayudar a visualizar aquellas cosas que debemos decidir para llegar a una situación medianamente solucionada. Poder identificar cada una de las opciones que se nos presentan y en base a esto, realizar un análisis para cada opción.

Llevar a cabo una reflexión sobre el conflicto que se presenta y de esta manera, poder seleccionar la opción que te acerque a ese objetivo que queremos alcanzar. Prioriza nuestras necesidades. 

Con frecuencia con nuestras decisiones queremos conformar a todo el mundo, si ese es el objetivo, al ser la elección que se toma, es totalmente válida. Sin embargo, si queremos que nuestras necesidades y deseos sean el punto principal, dejaremos de lado lo anterior. 

Sin dudas que esto sin llevar a cabo una acción, no nos aportará ningún beneficio, por lo tanto, tendremos que ejecutar aquello que hemos decidido. 

Muchas veces las personas somos indecisas y nos resulta complicado elegir una cosa u otra, pero es inevitable escoger y hacer algo aunque eso implique consecuencias y un riesgo. 

 Nos podemos equivocar… pero también lo podemos hacer cuando sólo nos quedamos paralizados, inmóviles… sólo contemplando. 

 (*) Lic. Claudia Eugenia Torres M.P.: 40256 
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