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La Ciudad

Cierre del Planeta

“Estamos golpeados, pero no vencidos”

02|08|18 07:44 hs.

El día después de la dura noticia, empleados de Supermercados Planeta transformaron en palabras lo que sienten. “Estamos golpeados, pero no vencidos”. La frase de Miguel Chappaz, quien dejó 30 años de su vida en la esquina de Rivadavia y Alsina, estuvo en sintonía con la de sus compañeros. Surgió luego de que el tradicional comercio tresarroyense haya decidido bajar sus persianas, decisión que generó angustia en todo su personal.


El comienzo de la semana se presentó lejos del ideal para los trabajadores del primer “súper” de Tres Arroyos. El pasado martes, y a través de un escribano, a los 22 empleados les comunicaron que iban a ser suspendidos 30 días y sin goce de sueldo. La incertidumbre que viven desde hace tiempo tuvo en esa mañana un nuevo trago amargo, que hasta ayer todavía no habían podido digerir. El sacudón fue igual para todos. Desde los que llevaban unos meses en el Planeta hasta los que pasaron más de la mitad de su vida al servicio de la firma.

“Yo ya me lloré todo anoche”, dijo Diego Pellicciotta, que cuenta 20 años de antigüedad en el Planeta, luego de haber recibido la noticia de la suspensión, la cual le provocó todo tipo de sensaciones, incluso hasta una crisis de nervios, según él mismo lo relató a este diario. Pero también -agregó- sintió “bronca, ira, angustia y, sobre todo, mucho dolor por el trato que recibimos por parte de los responsables”. 

“Estamos sin un peso, sin saber cómo vamos a pagar las cuentas y el alquiler del mes que viene”, afirmó por su parte Miguel Chappaz, quien, con 31 años dentro del mencionado supermercado, aseguró que pasó por todos los momentos, pero que ninguno fue tan delicado como el actual.  

“Hay gente que tiene hijos”, manifestó Florencia Rodríguez, que lleva poco más de una década de trabajo en el Planeta. Y agregó: “Nos largaron así, sin nada. Además de eso, está la deuda que tienen con nosotros desde hace tres meses. Tenemos que andar pidiendo plata para pagar lo atrasado”. 

El pasado martes fue un día más que complicado para el ánimo de los trabajadores. Sin embargo, reconocieron que al escenario dado “se lo veían” venir por el desguace que percibían en el último tiempo, sobre todo, en la “central”, tal como nombraron al local de Rivadavia y Alsina.  

“Fue muy fea la manera en la que nos enteramos. Fue con un escribano. No dieron la cara”, expresaron los empleados, que apuntaron directamente a la figura del exsenador Roberto Fernández. “El único que vino fue José Schena, que temblaba más de lo que hablaba”, detallaron. 

“Lo menos que se podía esperar es que te miren a la cara”, manifestaron, prácticamente a coro, los empleados con los que este diario dialogó ayer en la sede del gremio mercantil, y con la presencia de Roberto Di Palma, secretario general del sindicato que los nuclea. 

El escribano nos dijo que la suspensión se daba por la situación económica y por la crisis generalizada del país, como así también por la cantidad de supermercados chinos radicados en Tres Arroyos. Que por eso no podían hacer frente a la crisis”, sostuvo Florencia.

“Esto viene de 2015, cuando que se abrió una sucursal en Claromecó. A partir de ahí, la casa central se empezó a caer. En el verano se le daba prioridad a Claromecó y se abandonaba Tres Arroyos. Cuando se terminaba la temporada, ibas a la central y no se encontraba la mitad de las cosas. Eso fue progresivo”, señaló la joven, quien puntualizó que la sucursal de la localidad balnearia “es de otra razón social”.  

“Todo lo mejor -indicó- iba para allá. La resaca quedaba en casa central. Ese era el manejo. Entonces, la ganancia quedaba allá y la pérdida en Tres Arroyos. Así fueron desgastando la central”, acotó. 

Miguel, en tanto, dijo: “Tengo 30 años de antigüedad. Vi todas las crisis y los cambios de dueños. Cuando Roberto Fernández le compró a Di Nezio, nos desabastecimos pero después nos volvimos a surtir. Pero lo que se dio en el último año nunca lo vivimos”. 

En tanto, se descargó cuando dijo: “Dejamos muchos años de nuestras vidas en este supermercado, pasando momentos buenos y malos. Siempre le pusimos el hombro. Siempre. Ellos, en cambio, no dieron la cara y nos largaron a la calle sin un peso en el bolsillo. Qué saben ellos si tenemos para darle de comer un plato de fideos a nuestros hijos”.

Sentimientos 
Entre los empleados reina la angustia por la pérdida de su fuente laboral. También hay una alta dosis de incertidumbre. Sin embargo, coinciden en un mismo punto. “Todos queremos trabajar. La dignidad de un obrero es trabajar. Muchas veces es lo único que le queda. Si le quitan el trabajo, le quitan la dignidad. Ahí empieza la decadencia de una persona. Y somos 22 familias las que podemos caer en decadencia”, expresó Chappaz, mientras algunos de sus compañeros que lo miraban no podían ocultar sus las lágrimas y ni tapar sus ojos vidriosos. 

“Queremos recuperar la fuente de trabajo. Nosotros intentamos quedarnos y hacer una cooperativa pero nos dijeron que no. Ellos quieren capitales. Piensan que somos unos secos para hacer una cooperativa. No nos dieron posibilidad de nada”, subrayó Diego Pellicciotta. 

“Le pedimos a la sociedad que nos tengan en cuenta y nos den trabajo. Todo el mundo nos conoce. Somos gente de bien. Andamos siempre con la frente en alto. Si en este momento viene un comprador, cualquiera sea, vamos todos a trabajar”, añadió en torno a un potencial futuro propietario del Planeta.

Sin aportes
 Los trabajadores dieron cuenta de una situación que lejos está de ser la ideal a la hora de describir las condiciones laborales que debe garantizar un empleador. “El que vaya a comprar, y con razón, no quiere arrastrar toda la deuda que hay de aportes, jubilaciones y cargas sociales”, remarcó Rodríguez. 

“No sólo deben sueldos. Desde agosto del año pasado no tenemos aportes jubilatorios y desde marzo que no nos pagan las cargas sociales. A esta altura no tenemos ni siquiera mutual”, sostuvo. 

En tanto, detalló: “Veníamos cobrando el sueldo en cuotas. Primero nos pagaban cinco mil pesos por semana. Se bajó a tres mil y después a dos mil. Dos mil pesos por semana, son ocho mil pesos mensuales. El resto pasaba para el mes siguiente, y así se fue acumulando. Hay gente a la que le deben 60 mil pesos”.

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A disposición 

 Roberto Di Palma, secretario general del Sindicato Empleados de Comercio, brindó todo su apoyo y respaldo a los trabajadores del Planeta. “Ya se ha intimado a las figuras legales del supermercado. Algunas son unipersonales y otras sociedades anónimas. Una vez que pase el tiempo legal que corresponde, se van a dar por despedidos aquellos -empleados- que así lo quieran”, indicó el dirigente. 

Y agregó: “He hablado y puesto a disposición de todos los supermercados de la ciudad los currículum de la totalidad del personal del Planeta. Se trata de gente muy honesta y que trabaja muy bien. Están con ganas de trabajar. Desde el sindicato van a tener todo el apoyo. Tendrán la obra social y los servicios del gremio por el tiempo que corresponda. No los vamos a dejar solos”.