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Opinión

Psicología

Menos queja… ¡más acción!

22|07|18 17:27 hs.

Por Claudia Eugenia Torres (*)  


Pesada… sombría… cansadora… Muchos solemos quejarnos casi todo el tiempo. Del clima… un día del calor, otro día, del frío. De nuestros trabajos, porque es mucho, o porque es poco. Del amor que recibimos o no: “Ya ni me mira…” “No soporto que este todo el tiempo encima mío…” Si somos estudiantes, de los exámenes y de las clases. De los políticos, del país, de la mujer, y del marido, y de los hijos, y de los tíos, abuelos, primos; del padre, de la madre, en fin, de haber nacido. La queja es solidaria, sirve como motivo de conversación, desde el ascensor, aguardando a ser atendidos de un negocio, o la sala de espera del médico. 

La queja es motor de unión de los grupos, es caldo de cultura social; quien tiene una queja siempre encuentra un compañero. ¿Qué es la queja?¿Cumple la queja alguna función? ¿A quién va dirigida la queja? Quien se queja es porque está descontento y porque de alguna manera quiere conseguir algo. Quejarse es demandar, y las demandas siempre son de amor. 

Podemos definirla como una manifestación o demostración de desconsuelo pena, pesadumbre, sufrimiento, dolor, angustia, pesar. Tengamos en cuenta que todos hemos experimentado alguna vez las consecuencias de la queja constante, ya sea en primera persona o escuchando a otros hacerlo. Claro que no estamos hablando de una queja aislada en un momento determinado que nos agobia, nos sobrepasa; sino de la queja como hábito, como forma de vida. 

En realidad la queja es un mecanismo valido, útil en términos psicológicos, ya que ésta proporciona un beneficio al individuo. Sirve básicamente para exteriorizar las emociones y pensamientos negativos y movilizarse así para la acción. Está comprobado que esta forma de desahogarse es práctica en determinados momentos. Pero cuando una queja se queda solo en eso, entonces comienzan a aparecer los problemas. 

Este tipo de queja es el que lleva en muchas ocasiones a permanecer inmóviles, lo cual se ha comprobado que es bastante perjudicial para la salud emocional del sujeto. Así podemos ver que, el fin primario de la queja, es llevar a la acción de cambiar aquello de lo que uno se queja. Esta es la queja útil. Aquella que utilizamos como forma de vida en la que solo te desahogas y solo te quedás con mal humor, no lo es. 

Lo perjudicial de este comportamiento es que no afecta solo a la salud física y mental de la persona que se queja sino también a la de las personas de su alrededor, llevando a alejarlas cada vez más. Si esto puede llegar a ser así, y corremos el riesgo de quedar aislados o al menos cada vez más solos, entonces ¿Por qué lo hacemos, para qué? El camino fácil sin duda es pensar que cuando esto ocurre las personas se han marcado como propósito amargar la vida de todos los de su alrededor, y aunque esto de hecho puede llegar a ocurrir, hay que tener en cuenta que en estos casos se está utilizando la queja como forma de relacionarse con el mundo porque se ha aprendido a hacerlo de esta manera, porque las experiencias previas y relaciones con los demás han reforzado esta actitud. 

Esto significa que las personas que actúan así no saben hacerlo de otra manera porque es lo que han aprendido. Lo podríamos tomar como algo negativo, en la medida en que la dificultad que existe a la hora de cambiar las creencias de una persona, cuanto más adulto más difícil, nos dificulta el cambio en su conducta. 

Pero esto tiene su lado positivo, si estamos hablando al fin y al cabo de mero aprendizaje, eso significa que podemos desaprender lo que hemos aprendido mal. Todos hemos experimentado alguna vez al estar con alguien que se encuentra, por ejemplo, muy nervioso o muy contento que ese estado anímico se nos contagia incluso sin ser conscientes de ello, sin saber muy bien que ha pasado. 

Hay muchas investigaciones realizadas sobre el tema, pero lo cierto es que no hace falta ir muy lejos para comprobar que el contagio de emociones existe. La empatía es la que actúa en estos casos, esa capacidad que poseemos los seres humanos de ponernos en el lugar del otro, de entender sus emociones. 

En resumen, la queja, así como la negatividad en general, también se contagian. Algunos sujetos suelen hablar de su continua desilusión, siempre desvalorizándose, siempre reclamando, siempre insatisfechos, siempre inmersos en una queja constante. Sin embargo, esas quejas son el deseo de ser escuchados. Pero las cosas, rara vez son como las vemos, así podemos decir que cuando el sujeto dirige sus quejas contra otros en realidad son quejas sobre el propio sujeto. Otros pueden presentar poco amor propio, empequeñecimiento, autorreproches… 

Esto tampoco es lo que parece, estas quejas contra uno mismo pueden llegar a ser quejas destinadas a otra persona. Si tenemos en cuenta todo esto, ¿podemos salir de ese círculo de quejas constante? Como ya hemos dicho se trata de desaprender esta forma de afrontar los problemas. Lo esencial es tener presente de que existe una situación problemática y sobre todo querer cambiarla. 

¡Accionemos, no nos quedemos solo en el lamento! La queja es la intención inútil de liberarse del sufrimiento y si solo somos concientes cuando nos quejamos podemos liberar de nuestros pensamientos la negatividad que produce, no solo en nosotros, sino también en nuestro entorno. 


Lic. Claudia Eugenia Torres

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