115 años junto a cada tresarroyense

ST 13. 3°
Despejado

Sociales

Día de la cooperación

Buenas compañías

07|07|18 18:57 hs.

Susana Fígaro destila buena energía y habla con una convicción que es difícil no creerle lo que dice. Está rodeada por Soledad Arrupe y Daiana Ramírez, dos de sus más importantes colaboradoras y socias en este linda aventura que lidera Acompañándolos.


En el comienzo de la charla, Susana dirá que se trata de una cooperativa de trabajo que hoy está integrada por 70 cuidadoras, enfermeras y acompañantes terapéuticas que prestan servicios de compañía y atención de personas con problemas de salud y distintas necesidades. 

Que también brinda otras prestaciones en forma solidaria para pacientes sin recursos. Pero que además funciona como una potente herramienta de inclusión y contención para las propias asociadas, muchas de las cuales llegaron a golpear la puerta buscando trabajo apenas con lo puesto y sin estudios. 

Entonces, no hay dudas, lo de “cooperativa de trabajo”, es un rótulo que le queda chico.


Uno de los talleres realizados el año pasado con pacientes judicializados sin recursos


El origen 
Susana, Soledad y Daiana reciben a LA VOZ DEL PUEBLO en el edificio de la primera cuadra de Sargento Cabral, donde hace un mes la cooperativa mudó el sector administrativo. En la sede original de la entidad, en Bernardo de Irigoyen 172, el espacio ya no alcanzaba, en una muestra de que la institución mantiene un sostenido crecimiento. 

“La cooperativa arrancó en noviembre de 2016, fuimos nueve socias las que empezamos. Ahí se formó, y recién en enero de este año logramos la matrícula. Pero en realidad, hacía varios años que veníamos trabajando juntas, habíamos formado un equipo, es decir, veníamos trabajando como una cooperativa sin darnos cuenta”, explica Susana. 

Al igual que muchas de las socias que hoy la acompañan, hace una década Susana no tenía experiencia en la salud, comenzó asistiendo enfermos desde lo que sabía hacer, la cocina. La gran necesidad de trabajar hizo que a pesar de tener el título de gastronomía, aceptara cuidar a una señora. “No sabía hacer nada, pero la familia que me contrató me preparó con una enfermera y así empecé”, recuerda. 

La formación académica la realizó en Tandil, en Necochea y en nuestra ciudad a través de la Coordinación e Investigación del Acompañamiento Terapéutico (CIAT), primero realizó la parte asistencial y fue “cuidadora”, luego entró en el mundo del acompañante terapéutico en una institución de Tandil, lugar en el que descubrió que “me estaba gustando ser acompañante”. 


Uno de los talleres realizados el año pasado con pacientes judicializados sin recursos


Pero no se quedó con lo que le iban enseñando, “me di cuenta que necesitaba capacitarme y que necesitaba muchas Susanas porque yo no daba abasto”. 

Así fue que realizó una prueba piloto durante tres años para ver cómo funcionaba un servicio asistencial en los domicilios, y entonces “fui viendo errores y qué pasaba”. 

Poco a poco fue formándose en distintas especialidades, psiquiatría, trastornos de personalidades, autismo, Asperger, y así “fuimos aprendiendo”. Susana trasladó su experiencia al grupo que la acompañaba. 

En un principio eran cinco, después 10, más tarde 50 y hoy, 70. Pese al volumen, la premisa siempre es la misma: capacitarse para brindar el mejor servicio posible. Con matices, claro, la historia recorrida por Susana es muy similar a las de varias de sus socias. Que encontraron en Acompañándolos mucho más que un trabajo.  

Necesidades 
El éxito que tuvo de entrada la cooperativa tiene que ver con que propone un servicio muy demandado y que además cubre muchos espectros. Están las cuidadoras, están las enfermeras, están las acompañantes terapéuticas, todas socias ellas. Pero también ya han conformado, mediante contratación externa, un equipo multidisciplinario con terapista ocupacional, dos licenciadas en psicología, y otras profesionales que se suman al ser necesario.

Hoy la cooperativa atiende 17 domicilios, algunos en los que hay dos pacientes, que en promedio demandan el trabajo de cinco chicas. A eso se le suma todo el trabajo con los pacientes judicializados y las distintas actividades que se realizan en la sede que van desde talleres de cocina, hasta actividades lúdicas y de estimulación cognitiva. Estas últimas tareas son todas de solidarias, es decir, la cooperativa no cobra un peso. 



Una de las problemáticas usuales que tiene la entidad es la pérdida de puestos de trabajo a raíz del fallecimiento de un paciente. “Cuando eso ocurre hay cinco chicas que se quedan sin trabajo. Entonces, lo que hacemos es asignarles otro tipo de tareas para que estén ocupadas, y en todos los casos les seguimos pagando el retorno hasta que vuelvan a tener actividad. Y son horas que después nos van devolviendo”, explica. 

Sin recibir ningún subsidio ni aporte oficial, la cooperativa arrancó sin plata y fue generando sus propios recursos generando actividades y propuestas. También de ese modo logró ir capacitando a su socias, porque a todas se les exige siempre subir un escalón más respecto al que llegaron. “Para nosotras es fundamental el estudio y la capacitación para lograr dar un buen servicio. Y creo que hoy lo estamos logrando. Por eso tampoco queremos, por el momento, sumar más socias, para no resentir la calidad”, cuenta Susana. 

La evolución de sus socias es otro de los motivos de orgullo de Susana. “La mayoría vienen por necesidad de trabajo y nosotros las insertamos en el mundo laboral. Pero también las impulsamos a que estudien, a que se capaciten, a que mejoren. Además, les brindamos una capacitación en cooperativismo. Porque este sistema es lo mejor”, asegura. 

Llamativamente, la tarea que viene haciendo no ha tenido mucho eco en Tres Arroyos, pero sí tuvo repercusión en otros lugares. De hecho, Susana ha disertado en Puerto Madryn, por ejemplo, y el próximo 24 de agosto hablará en el senado bonaerense en una jornada de cooperativismo.

Y si de futuro inmediato se trata, las chicas ya están planificando una serie de talleres que brindará Néstor, el hermano de Susana que es chef, para enseñarles a hacer panificados a los pacientes judicializados y así tengan una posible salida laboral. “Para hacer hay muchas cosas, hay que tener paciencia, y de a poco todo se puede ir logrando”, asegura Susana. Y si ella lo dice…