115 años junto a cada tresarroyense

ST 9. 8°
Despejado

La Ciudad

Escribe Juan Francisco Risso

Anfitrión

17|06|18 12:08 hs.

Jorge Silva. Uno de mis tantos contactos de Facebook. En lugar de su foto pone a Batman. Años intercambiando trivialidades. Sólo sabía que era mayor que yo. Veterano. Hace poco contó que haciendo pesas se aplastó un pie. Después contó sus últimos matchs de box. Con éste y con aquel. 


Ahí -sí- le expresé la admiración que tengo por quienes se calzan guantes y suben a un ring. Lo aderecé con algunos conceptos psicoanalíticos de mi cosecha (años de diván) y me disculpé por la digresión. “No se disculpe, soy psicólogo clínico”. A la mierda. En ese mismo momento subió algo de Joao Gilberto, uno de mis ídolos. Y parece que -como yo- le hace al bossa. “Le mando algo por privado”, agregó en un impulso espontáneo. 

Amigos: es para compartir. Por lo menos… así lo veo yo. Ahí va. 

VAMPIRO 
Cada una de las personas que viene a verme lo hace aduciendo razones diferentes, aunque por motivaciones similares. Hay una angustia que no pueden manejar. Despliegan entonces su historia ante mi especial modo de escuchar. Y a medida que van pasando los años compruebo en la práctica lo que aprendí en la teoría. Son muchísimas más las cosas en que los seres humanos nos parecemos que aquellas que nos diferencian. 

En la construcción de nuestro mundo hemos priorizado la percepción visual por encima de las demás. Hasta llegar a esta época, donde el medio masivo por excelencia de la comunicación es televisivo. Tal vez la posibilidad que la visión binocular nos brindó en la evolución termina finalmente ahora por engañarnos. Es entonces donde nos parecen más importantes las diferencias que vemos que todo aquello otro en lo que somos parecidos. El color de los ojos por encima de que todos tenemos ojos. 

El color o la forma de nuestros cabellos nos dificultan el percibir que todos tenemos cabello. Y aún aquellas personas que no tengan alguna de estas características serán notables por la ausencia de las mismas. Y es cierto que todos tenemos un origen similar: una madre y un padre. Biológicos, o quienes cumplan estas funciones. 

Todos sentimos hambre, todos tenemos necesidad de afecto, todos tenemos miedo. Todos nos hemos reído, o hemos amado, y todos necesitamos sexo alguna vez. Así, como dijo el poeta: nada de lo humano me es ajeno. Me desconcertará entonces, un día, si se sienta en frente de mí alguien con antenitas verdes. Ahí sí que no sabría que hacer. ¡Pero aún así le prestaría toda mi atención! 

Mientras tanto, más y más historias voy escuchando, y más vidas voy conociendo. Y cada una despierta en mí un interés profundísimo. En cada vida me meto hasta el tuétano. Cada vez con menos pruritos, cada vez más y más a fondo. A medida que van pasando los años puedo dejar que los afectos me lleguen más hondo, que me conmuevan más. 

Cada vez más cada historia es más parecida a la mía. Entonces he vivido y vivo cada una como si fuera propia. La siento como vivida por mí. Me duele cada dolor, me excita cada excitación, me aterra cada miedo, me alegra toda alegría, me enoja cada enojo, me avergüenza cada vergüenza. Es como vivirlas todas en una. Me nutro de cada experiencia, de cada historia. Por eso me causa un poco de gracia que casi todos se sorprendan de mi memoria. Les parece raro que me acuerde de detalles aparentemente sin importancia de la historia de todos y cada uno. ¡Si esto es precisamente lo que le da sabor a la vida misma! 

Así, con cada historia que he escuchado, he tenido la oportunidad de vivir otra vida. He sido niño, joven, adulto y viejo. Hombre y mujer. He tenido lepra, diabetes, vitiligo, psoriasis, artritis deformante, colitis ulcerosa, tuberculosis, impotencias, alopecías nerviosas, hemiplejias, dificultades respiratorias, gastrointestinales, cardiopatías, cánceres, fobias, paranoias, manías. 

He padecido casi todas las formas de la enfermedad mental. He sido violado, golpeado, engañado, abandonado, explotado, reducido a la miseria, humillado. ¡He tenido tan diferentes orígenes! Sociales, raciales, políticos, culturales. He amado, odiado, ignorado, humillado. He sido malo e injusta. Me han amado, me han abandonado, he engañado, he mentido, he robado, he estado preso. He estafado. He perdido todo lo que se pueda imaginar. Casas, dinero, autos, posición social, familia, amigos, amores, vergüenza, dignidad. Se me han muerto abuelos, padres, amigos, hermanos, hijos, nietos. Hasta yo mismo he estado muerto por algunos minutos. He sido deportista, discapacitado, inválido. Médico, abogado, ingeniero, policía, militar, boxeador, kinesiólogo, contador, arquitecto, maestro, puta, vendedor, colectivero… He practicado artes marciales orientales, he corrido maratones, he nadado en aguas abiertas, he estudiado el tarot, mancias diversas, he viajado por tantas partes, habitado en tantos lugares. Hétero y homosexual, swinger, he disfrutado y sufrido de todas las formas posibles. Me ha interesado toda manera del conocimiento. He sido músico, bailarín, coreógrafo, actor y actriz, pintor, escritor, poeta, empresaria, ejecutiva, artesano. He estado prófugo, me han detenido. He fumado, bebido, he sido adicto a drogas y al juego, he traspuesto límites inimaginables. He maltratado a muchas personas, he golpeado a niños y mujeres. He vivido en pisos caros y en muy humildes villorrios. He sido campesino y habitante de grandes urbes. He leído, pintado, esculpido. He dibujado, cantado, he tocado distintos instrumentos. He sido necio y arrogante. He estado loco, he creído estarlo. He tenido amigos y los he perdido. He vivido pasiones fortísimas y he sufrido dolores inenarrables. Estuve varias veces embarazada. He abortado y parido muchas veces. 

Me han operado, he sido mutilado, he tenido accidentes espantosos. He sido religioso, ateo y fanático en muchos sentidos. Me he sentido feo, he sido hermosa, negra, obeso, rubio, petiso, anoréxica y bulímica. He manejado camiones y taxis, he navegado y he volado. He criado hijos, propios y ajenos. He perdido varios. Unos se fueron, otros no me han querido ver más y algunos se murieron. He tenido suertes variadas en tantísimas cosas. Exitos y fracasos. Fama e ignominia. Amor y odio. Y terribles olvidos. 

En fin, he vivido tantas vidas… ¡Siento que he bebido de la vida de tantas personas! De todas maneras nunca me he confundido con nadie. Siempre he sabido qué es mío y qué no lo es. Siempre he podido separar lo mío de lo del otro, al menos hasta ahora. Y seguiré escuchando historias todo el tiempo que pueda, mientras continúe con mi profesión de psicólogo clínico. No quiero dejar de hacerlo. No puedo dejar de hacerlo. 

Seguiré nutriéndome de historias ajenas todo el tiempo que tenga. Aprendiendo, absorbiendo, viviendo cada vida como una vida más. Haciendo más rica la mía. 

Monstruo de mí. 

Como un vampiro. 

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Le gustó. Vamos… 
Buen domingo. 

Escribe Juan Francisco Risso